lunes, 31 de agosto de 2009

Sigue el verano


96 Pues bien Gon, siguiendo con los últimos coletazos del verano, estuve cerca del mar este fin de semana y me volví a acordar de esas riberas del norte portugués, y yo del calor Alba, si vieras que transparencias de aguas, que verdor, ¿Qué quieres que te diga?, todo no lo vamos a tener aquí en el Sur, ya tenemos la luz, la playas blancas, y mucha gente Gon, no me negarás que no cabe ni una sombrilla más, eso ha sido hasta hoy, ya verás mañana el cambio que experimenta la costa y además mientras que siga haciendo este calorcito ¿dónde se va a estar mejor?, pues paseando por aquellos senderos de fulgente primavera, te veo muy en tu papel de poeta ¿trabajas en un nuevo poemario?, ahora mismo no, repaso para la próxima salida a escena, pero es material ya conocido, ¡ya! Tendrás que ponerte las pilas, porque todo el mundo está ya hablando del nuevo curso y alguna novedad habrá que ofrecer para no caer en la monotonía, más que nada, tienes razón Gon, pero para eso está el jefe, nosotros con llevar a cabo la tarea que nos encomiendan, ya tenemos bastante ¿o es que quieres trabajar más?, ¡que va, que va!, tengo pendiente varios asuntos por falta de tiempo, así que no lo decía en ese sentido, sino visto así, como de forma general, pues déjate de generalidades y vamos a lo concreto, que a la larga es mucho más efectivo, por cierto Gon ¿sabes algo de Aires?, ¿por qué lo dices?, porque el jefe está esperando respuesta a una carta o algo así, lo siento pero no sé nada, está bien, vamos a dejarlo ahí, ya nos enteraremos y hablando del ruín…dejemos la charleta que veo su sombra en el pasillo, vámonos Gon, vámonos.

viernes, 28 de agosto de 2009

Hablemos de niños


95¿Gon, te has enterado de lo que dice José María?, si que me he enterado Alba y tengo que decirle, que siga atento a la pantalla, porque va a ver sorpresas y de las gordas, ¿por qué?, eso no lo puedo decir Alba, romperíamos la magia del relato, ni siquiera a mí, ¡no!, porque enseguida vas y lo sueltas, que nos conocemos, ¡está bien!, lo siento amigo José María, lo he intentado ¡eh!, imagino, Gon que si te habrás percatado del nuevo retrato que figura en el pasillo de la casa, ¿el de Delfos?, ¡ah, ya veo que estás en todo!, que te crees que porque no he cogido vacaciones voy a estar bajo de pilas, ¡pues no!, bienvenido a esta nuestra humilde casa, aunque en el fondo sabemos que somos viejos amigos, nos conocimos en el remozado inmueble de Megustaescribir. Hablando de otra cosa, Gon, ayer estuve charlando con el jefe y le pregunté, ¿D. José y esa nieta?, ahí está Alba, cada día mas linda, con unos ojazos que tiene, y que sin verla tanto como quisiera, cuando lo hago me deja con la boca abierta y siento que me entra en el cuerpo una carga de energía positiva que casi me hace levitar, ¡ya veo, ya ¡, así que está en buen momento, querido amigo y compañero, para que le solicitamos algunas prebendas, ¿a pesar de la crisis?, en esta situación le dejamos poco espacio para su defensa, y hablando de criaturitas, nos hemos enterado que Adalberto es forofo del libro de las preguntas de Neruda, algo que es fantástico para sus ocho años de existencia, así que Izaskum, ¡felicidades! Por tener a ese niño con tales aspiraciones, y por hoy ya vale ¿no te parece Gon?, pues si me voy que tengo que seguir currando en la montaña, que te sea leve Gon, que te sea leve.

martes, 25 de agosto de 2009

La Virgen de las Nieves (1)


94 No te preocupes Aires, que tendrás cumplida cuenta de los acontecimientos, aunque sea por desahogo, lo haré. Ahora nos tenemos que poner a trabajar porque el siguiente relato tiene mucha faena, ¿no es así Gon?, así es Alba, pues allá vamos…

LA VIRGEN DE LAS NIEVES (1)
Los coches quedaron aparcados en un terraplén amarillento, desde el que se podía divisar una amplia panorámica de la población. A juzgar por la cantidad de humo que salía por las chimeneas, se podía adivinar que el termómetro estaba bajo mínimos. En cuanto dejaron la confortabilidad del vehículo y tomaron contacto con la realidad del ambiente, tuvieron que echar mano de abrigos, chubasqueros, gorros y guantes adecuados porque hacía un frío que no lo soportaban ni los grajos. Un poco más lejos, el gran farallón donde habitaban los buitres, se presentaba cubierto de una densa niebla que impedía saber si se encontraban por allí, o estaban en otros parajes más cálidos. Cogieron sus bastones de senderistas y casi sin poder hablar, se apretaron las correas y decidieron afrontar la cuesta que tenían por delante. Como siempre El Jefe comenzó a tirar del grupo y dada la dificultad orográfica, éste se desgranó en los primeros metros de subida y cada cual utilizaba sus propios recursos para encontrar aire y seguir subiendo; Joaquín insistía mucho en ello, pero nadie le echaba cuenta. “Hay que estirar, es necesario dedicarle diez minutos al estiramiento antes de ponerse a andar”. Sus palabras caían en saco roto porque la gente comenzaba a moverse y los músculos ya se irían calentando por la cuenta que les tiene; al final de la jornada nadie se quejaba, pero las molestias eran evidentes. Desde arriba la panorámica no había mejorado mucho, y apenas se podía ver unos metros más allá de donde se encontraban; el sendero costaba trabajo seguirlo y tan sólo la intuición de El Jefe, curtido en situaciones similares, hacía que se fuese en la dirección adecuada. Las grandes rocas aparecían a los lados del camino, como si fuesen orondos seres que vigilaban el paso del grupo, unos tenían ojos de lechuza, otros brazos de gigante, otros esbeltos cuerpos semidesnudos y de vez en cuando aparecía un quejigo con sus ramas desnudas y su tronco horadado, que parecía estar invitando a que se penetrase en sus entrañas. No se movía el aire, caía una fina lluvia que se clavaba en la punta de la nariz como lápiz afilado, y la niebla cada vez era más espesa; algunos habían tomado la resolución de estirar los palos, y formar una cadena humana donde cada cual sujetaba el palo del que iba delante. La marcha era lenta, los plásticos cubrían los cuerpos evitando una transpiración adecuada, y los pies comenzaban a sentirse algo húmedos. En estas condiciones hubo quien alzó la voz manifestando su intención de no continuar. Se produjo un parón en la cadena, un corrillo de parlanchines y un intercambio de impresiones, que dio como resultado la división del grupo, de tal manera que sólo siguieron hacia delante cinco personas, entre ellas dos mujeres: Angustias y Mercedes, que junto a Joaquín, Justo y El Jefe formaban el quinteto. Una vez que ya lo tenía claro, reanudaron la marcha, y en un nevero que apareció de repente casi a sus pies, se detuvieron para refugiarse del frío reinante, pero las condiciones del habitáculo tampoco eran las más idóneas, porque a cielo abierto por mucho que se pegaran a la pared del pequeño círculo, el castañeo de los dientes no había forma de controlarlo. Así que trazaron dos o tres líneas maestras, se ajustaron las mochilas al cuerpo y uno tras otro comenzaron a caminar. No se escuchaba más que el roce de los pantalones con el plástico, y el crujir de las piedras al pisar con las botas de campo. La niebla continuaba espesa y los animales aguardaban en sus refugios de invierno a que mejorasen las condiciones meteorológicas. Se iban dando turnos en la cabecera del grupo para que la marcha fuese más relajada, y en uno de estos turnos dirigidos por Mercedes, ésta les hizo detener a todos para comentarles lo que venía observando desde hacía varios metros: daba la sensación de que el camino estaba marcado por unas manchas azules, que aparecían y desaparecían intermitentemente. El Jefe también se había dado cuenta de esta circunstancia, pero no tenía claro si era producto de su imaginación o realmente las manchas existían. Ninguno conocía este tipo de señalizaciones por lo que le parecieron algo extrañas, pero dada las condiciones del día lo mejor era seguirlas que les llevarían a algún sitio, siempre sería mejor eso, que andar dando vueltas sin saber qué podían encontrarse unos metros más adelante. Justo hizo algunos chistes al respecto y entre bromas y veras se iban pasando las horas, y la niebla no se disipaba ni el frío cesaba ni se veía nada que les orientase en aquel laberinto de rocas. Cuando las sombras comenzaron a meter el miedo en el cuerpo a más de uno, y se había descartado toda posibilidad de volver atrás, las caras tomaron un rictus de preocupación porque todos ellos se estaban dando cuenta que se habían perdido. Allí no había mapas que orientasen, ni brújulas, ni móviles que funcionasen. Se habían dejado llevar por la intuición y el conocimiento de la sierra, y ahora se hallaban en medio de una situación que comenzaba a ser acojonante.
— ¡La línea!-gritó Angustias-.Lo mejor será que sigamos la línea, esa era la idea que traíamos y no debemos abandonarla.


lunes, 24 de agosto de 2009

Alba se estremece


93 ¿Oye Gon, a ti nunca te ha ocurrido que un día de forma inesperada te dan noticia de alguien que hace mucho que no ves y que significó algo en tu vida?, pues no, y que lo cierto es que de tu mente nunca se ha ido a pesar del paso de los años, tampoco, y que te quedas como sin saber que hacer ni como reaccionar, ¡a ver Alba! ¿de qué me estás hablando? ¿se trata del argumento de alguna novela o relato?, y piensas lo distinto que hubiese sido todo y porqué tuvo que ocurrir así…¡para, para, para!, vamos por parte: ¿lo estás imaginando o te ha sucedido de verdad?, me ha sucedido Gon y me ha dejado casi en estado de catarsis, ¿ y que ha hecho?, mandarle una nota por si tiene a bien ponerse en contacto conmigo, creo que tengo algunas cosas que decirle, ¡huy yuyui que te estoy viendo uno ojillos!, ¿luego de tantísimos años?, nunca se sabe Alba, espérate a los resultados y ya me contarás, de momento vamos a agradecer a nuestros amigos sus visitas ¿no te parece?, llevas razón Gon, llevas razón, es que me ha causado tanta impresión este posible encuentro, que ando con cierto desconcierto, pero es verdad que tenemos que acordarnos de Loly, que este fin de semana se pasó por esta humilde casa y nos dejó su tarjeta de visita, gracias Loly, te prometemos devolverte la visita, y tampoco nos podemos olvidar de nuestra buena amiga Lilia, que allá por el otro lado del océano sigue peleándose con los versos por tratar de mostrárnoslos cada día más hermosos, mientras tanto ahí tenemos a Onetti y a Neruda como tarea lectora, ordenes del jefe Alba, que siempre tiene algo en la cabeza para mantenernos ocupados, así es Gon, pero es nuestro mundo, es nuestra forma de vida, y ahora…dejemos los minutos de relax y vamos a la tarea, vamos a la tarea Gon.

viernes, 21 de agosto de 2009

El tapón del verano


92 ¡Qué gusto da recibir visitas así! ¿Verdad Gon?, ¿te refieres a José Ramón?, ¡claro!, te confieso que me da una envidia tremenda cuando vamos a casa de otros inquilinos y se ven esas listas de cuarenta y tantos comentarios, a mí también Alba, ¡ya!, pero lo que quiero decirte es que a mí me vale con una sola de estas entradas para justificar todo el trabajo que supone estar un día y otro delante del teclado, ¡y detrás, no lo olvides Alba!, ¡ya!, por supuesto que lo importante es la tarea oscura, la que no se ve, luego llegan los resultados, ¿y de Izaskun, qué me dices?, pues que voy a decirte Gon, que nos quedamos con la miel en los labios, pero…¿tú no piensas ir de vacaciones por las islas?, si, pero lo que no se es cuando, ya sabes que yo me monto eso de las vacaciones de forma muy distinta a la tuya, ¡por cierto! ¿cómo te ha ido?, encantado de la vida, no te puedes imaginar que bien se está por el Norte de Portugal, te aconsejo que vayas cuando puedas, eso del turismo de habitaciones es todo un hallazgo, ¡que maravilla de paisajes, de gente, de comidas, de fiestas!, y luego dirás que soy yo el de las fiestecitas, ves como a todo el mundo nos gusta lo bueno, pero esto es distinto, se trata de lugares que desconoces, con otras costumbres…lo que yo te critico, a veces es el exceso de fiestas locales, que se repiten año tras año, ¡claro Alba!, pero es que cada cual se lo monta como puede y como no se puede estar en misa…¡no lo digas!, que guardo un grato recuerdo de las campanas de Beiral do Lima, ¡ofú como nos has vuelto!, ¿Y tu oído, cómo lo tienes?, gracias Gon, por acordarte de mis dolencias, pues aquí sigo entaponado ¡que vaya veranito que me está dando!, pero bueno, todo pasará, no es nada grave.¿Y Nerea?, tú sabrás que has estado aquí últimamente, yo no he visto aún al jefe, ¡ya hemos dicho la palabra mágica!, así que dejemos el parloteo y…

lunes, 17 de agosto de 2009

Porque es preciso mantener la llama

91 ¡Válgame Dios! la que está formada en la mesa de trabajo. En cuanto se falta un tiempo, esto se convierte en una auténtica leonera; pero bueno, hoy no toca hablar de esto. Toca colgar este poema, que me estaba esperando:


Porque es preciso mantener

la llama,

ha de vencerse su fiereza.

Devoran

cuanto encuentran a su paso.

Caen

incesante las hojas

y clavan dentelladas mortales

mientas sonreímos indefensos.

Los besos duermen

el letargo de la enorme

velocidad de partida.

Amarillea

el candil y un día

nos damos cuenta

que los versos son sólo líneas,

frases.

El cúmulo de horas

nos estrangula las venas;

recuperar las caricias

se convierte en cruzada

contra el fiel deslizamiento

de las arenas del

reloj.

Si se agotara la llama

¿qué sería de nuestros antepasados?

De aquellos

que ocuparan versos de amor

eterno

en la primera fila

de la lista de los principales.

Aunque no haya ojos que reflejen

y los bellos no se ericen

al contacto de la piel,

saludemos

la presencia del fuego interno

que surge semiesporádico

para evitar víctimas

por congelación.

El locutor de radio acababa de informar de un ataque contra Somalia. Otra vez EEUU. Una multitudinaria manifestación recorre las calles den centro reclamando mejoras salariales mientras Zapato Veloz nos sigue recordando que posee un tractor amarillo. A uno le viene a la memoria aquel otro señor que tenía un tanque rosa. Y los del Vacie—aquí cerquita—no disponen más que de ratas y las tapias del cementerio por si algún día surgiera un artista de estos que utilizan las paredes a modo de lienzos gigantescos.


domingo, 2 de agosto de 2009

Sigue el verano


90 Alba nos ha enviado una postal de sus días de playa, diciendo que nada más que por los diez grados de temperatura menos, ya merece la pena quitarse de los rigores sevillanos y además que ahora se aventura en Portugal, así que nada: ¡a disfrutar! que para eso se inventaron las vacaciones. Mientras tanto, yo dándole aquí al callo, que casi no me queda tiempo ni para aparecer por esta ventana: a la amiga Esther le agradezco sus felicitaciones por lo del teléfono, pero no puedo dejar marcado donde vive, porque no lo sé; al mismo tiempo nos han hecho una visita silenciosa Nora Baez, que tiene una casa preciosa, allá en su Argentina, así que por orden expresa del jefe, queda registrada para que no perdamos el contacto, por cierto esa relación nos ha llegado por la casa que tenemos allá en Bublelandia, como por allí tenemos publicadas algunas crónicas porteñas, suponemos que ese habrá sido el motivo de la visita de Nora, de todas formas, sea por lo que sea, bienvenida.
Sin parar de meterme en el cuerpo todo lo que pueda en forma de obras literarias, llevo este verano una buena dosis de García Márquez y casi por obligación también he tenido que leer 1984 de Orwell, que era casi un pecado, que aún no lo hubiera hecho, Eñe, Paul Auster, y mire usted por donde en la ausencia de Alba, me ha tocado leerme una biografía- de Rafael Alarcón Sierra en Espasa -de Juan Ramón Jiménez que me está dejando con la boca abierta, de como era de prolífico ese hombre y que dedicación le tenía a eso de la escritura, a pesar de su delicada salud, aún hoy día se siguen publicando obras inéditas, gracias al contínuo trabajo que se tomaba de ordenar, clasificar y corregir una y otra vez todo lo que escribía...¡impresionante!!
La verdad es que no puedo decir aquello de ¡qué ganas tengo que venga mi compañero!, porque no sé cuando me tocará a mí perderme por esos mundos. Me voy, que aquí no se para.