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lunes, 31 de agosto de 2009
Sigue el verano

viernes, 28 de agosto de 2009
Hablemos de niños
martes, 25 de agosto de 2009
La Virgen de las Nieves (1)
LA VIRGEN DE LAS NIEVES (1)
Los coches quedaron aparcados en un terraplén amarillento, desde el que se podía divisar una amplia panorámica de la población. A juzgar por la cantidad de humo que salía por las chimeneas, se podía adivinar que el termómetro estaba bajo mínimos. En cuanto dejaron la confortabilidad del vehículo y tomaron contacto con la realidad del ambiente, tuvieron que echar mano de abrigos, chubasqueros, gorros y guantes adecuados porque hacía un frío que no lo soportaban ni los grajos. Un poco más lejos, el gran farallón donde habitaban los buitres, se presentaba cubierto de una densa niebla que impedía saber si se encontraban por allí, o estaban en otros parajes más cálidos. Cogieron sus bastones de senderistas y casi sin poder hablar, se apretaron las correas y decidieron afrontar la cuesta que tenían por delante. Como siempre El Jefe comenzó a tirar del grupo y dada la dificultad orográfica, éste se desgranó en los primeros metros de subida y cada cual utilizaba sus propios recursos para encontrar aire y seguir subiendo; Joaquín insistía mucho en ello, pero nadie le echaba cuenta. “Hay que estirar, es necesario dedicarle diez minutos al estiramiento antes de ponerse a andar”. Sus palabras caían en saco roto porque la gente comenzaba a moverse y los músculos ya se irían calentando por la cuenta que les tiene; al final de la jornada nadie se quejaba, pero las molestias eran evidentes. Desde arriba la panorámica no había mejorado mucho, y apenas se podía ver unos metros más allá de donde se encontraban; el sendero costaba trabajo seguirlo y tan sólo la intuición de El Jefe, curtido en situaciones similares, hacía que se fuese en la dirección adecuada. Las grandes rocas aparecían a los lados del camino, como si fuesen orondos seres que vigilaban el paso del grupo, unos tenían ojos de lechuza, otros brazos de gigante, otros esbeltos cuerpos semidesnudos y de vez en cuando aparecía un quejigo con sus ramas desnudas y su tronco horadado, que parecía estar invitando a que se penetrase en sus entrañas. No se movía el aire, caía una fina lluvia que se clavaba en la punta de la nariz como lápiz afilado, y la niebla cada vez era más espesa; algunos habían tomado la resolución de estirar los palos, y formar una cadena humana donde cada cual sujetaba el palo del que iba delante. La marcha era lenta, los plásticos cubrían los cuerpos evitando una transpiración adecuada, y los pies comenzaban a sentirse algo húmedos. En estas condiciones hubo quien alzó la voz manifestando su intención de no continuar. Se produjo un parón en la cadena, un corrillo de parlanchines y un intercambio de impresiones, que dio como resultado la división del grupo, de tal manera que sólo siguieron hacia delante cinco personas, entre ellas dos mujeres: Angustias y Mercedes, que junto a Joaquín, Justo y El Jefe formaban el quinteto. Una vez que ya lo tenía claro, reanudaron la marcha, y en un nevero que apareció de repente casi a sus pies, se detuvieron para refugiarse del frío reinante, pero las condiciones del habitáculo tampoco eran las más idóneas, porque a cielo abierto por mucho que se pegaran a la pared del pequeño círculo, el castañeo de los dientes no había forma de controlarlo. Así que trazaron dos o tres líneas maestras, se ajustaron las mochilas al cuerpo y uno tras otro comenzaron a caminar. No se escuchaba más que el roce de los pantalones con el plástico, y el crujir de las piedras al pisar con las botas de campo. La niebla continuaba espesa y los animales aguardaban en sus refugios de invierno a que mejorasen las condiciones meteorológicas. Se iban dando turnos en la cabecera del grupo para que la marcha fuese más relajada, y en uno de estos turnos dirigidos por Mercedes, ésta les hizo detener a todos para comentarles lo que venía observando desde hacía varios metros: daba la sensación de que el camino estaba marcado por unas manchas azules, que aparecían y desaparecían intermitentemente. El Jefe también se había dado cuenta de esta circunstancia, pero no tenía claro si era producto de su imaginación o realmente las manchas existían. Ninguno conocía este tipo de señalizaciones por lo que le parecieron algo extrañas, pero dada las condiciones del día lo mejor era seguirlas que les llevarían a algún sitio, siempre sería mejor eso, que andar dando vueltas sin saber qué podían encontrarse unos metros más adelante. Justo hizo algunos chistes al respecto y entre bromas y veras se iban pasando las horas, y la niebla no se disipaba ni el frío cesaba ni se veía nada que les orientase en aquel laberinto de rocas. Cuando las sombras comenzaron a meter el miedo en el cuerpo a más de uno, y se había descartado toda posibilidad de volver atrás, las caras tomaron un rictus de preocupación porque todos ellos se estaban dando cuenta que se habían perdido. Allí no había mapas que orientasen, ni brújulas, ni móviles que funcionasen. Se habían dejado llevar por la intuición y el conocimiento de la sierra, y ahora se hallaban en medio de una situación que comenzaba a ser acojonante.
— ¡La línea!-gritó Angustias-.Lo mejor será que sigamos la línea, esa era la idea que traíamos y no debemos abandonarla.
lunes, 24 de agosto de 2009
Alba se estremece

93 ¿Oye Gon, a ti nunca te ha ocurrido que un día de forma inesperada te dan noticia de alguien que hace mucho que no ves y que significó algo en tu vida?, pues no, y que lo cierto es que de tu mente nunca se ha ido a pesar del paso de los años, tampoco, y que te quedas como sin saber que hacer ni como reaccionar, ¡a ver Alba! ¿de qué me estás hablando? ¿se trata del argumento de alguna novela o relato?, y piensas lo distinto que hubiese sido todo y porqué tuvo que ocurrir así…¡para, para, para!, vamos por parte: ¿lo estás imaginando o te ha sucedido de verdad?, me ha sucedido Gon y me ha dejado casi en estado de catarsis, ¿ y que ha hecho?, mandarle una nota por si tiene a bien ponerse en contacto conmigo, creo que tengo algunas cosas que decirle, ¡huy yuyui que te estoy viendo uno ojillos!, ¿luego de tantísimos años?, nunca se sabe Alba, espérate a los resultados y ya me contarás, de momento vamos a agradecer a nuestros amigos sus visitas ¿no te parece?, llevas razón Gon, llevas razón, es que me ha causado tanta impresión este posible encuentro, que ando con cierto desconcierto, pero es verdad que tenemos que acordarnos de Loly, que este fin de semana se pasó por esta humilde casa y nos dejó su tarjeta de visita, gracias Loly, te prometemos devolverte la visita, y tampoco nos podemos olvidar de nuestra buena amiga Lilia, que allá por el otro lado del océano sigue peleándose con los versos por tratar de mostrárnoslos cada día más hermosos, mientras tanto ahí tenemos a Onetti y a Neruda como tarea lectora, ordenes del jefe Alba, que siempre tiene algo en la cabeza para mantenernos ocupados, así es Gon, pero es nuestro mundo, es nuestra forma de vida, y ahora…dejemos los minutos de relax y vamos a la tarea, vamos a la tarea Gon.
viernes, 21 de agosto de 2009
El tapón del verano
lunes, 17 de agosto de 2009
Porque es preciso mantener la llama
Porque es preciso mantener
la llama,
ha de vencerse su fiereza.
Devoran
cuanto encuentran a su paso.
Caen
incesante las hojas
y clavan dentelladas mortales
mientas sonreímos indefensos.
Los besos duermen
el letargo de la enorme
velocidad de partida.
Amarillea
el candil y un día
nos damos cuenta
que los versos son sólo líneas,
frases.
El cúmulo de horas
nos estrangula las venas;
recuperar las caricias
se convierte en cruzada
contra el fiel deslizamiento
de las arenas del
reloj.
Si se agotara la llama
¿qué sería de nuestros antepasados?
De aquellos
que ocuparan versos de amor
eterno
en la primera fila
de la lista de los principales.
Aunque no haya ojos que reflejen
y los vellos no se ericen
al contacto de la piel,
saludemos
la presencia del fuego interno
que surge semiesporádico
para evitar víctimas
por congelación.
El locutor de radio acababa de informar de un ataque contra Somalia. Otra vez EEUU. Una multitudinaria manifestación recorre las calles den centro reclamando mejoras salariales mientras Zapato Veloz nos sigue recordando que posee un tractor amarillo. A uno le viene a la memoria aquel otro señor que tenía un tanque rosa. Y los del Vacie—aquí cerquita—no disponen más que de ratas y las tapias del cementerio por si algún día surgiera un artista de estos que utilizan las paredes a modo de lienzos gigantescos.
domingo, 2 de agosto de 2009
Sigue el verano
Sin parar de meterme en el cuerpo todo lo que pueda en forma de obras literarias, llevo este verano una buena dosis de García Márquez y casi por obligación también he tenido que leer 1984 de Orwell, que era casi un pecado, que aún no lo hubiera hecho, Eñe, Paul Auster, y mire usted por donde en la ausencia de Alba, me ha tocado leerme una biografía- de Rafael Alarcón Sierra en Espasa -de Juan Ramón Jiménez que me está dejando con la boca abierta, de como era de prolífico ese hombre y que dedicación le tenía a eso de la escritura, a pesar de su delicada salud, aún hoy día se siguen publicando obras inéditas, gracias al contínuo trabajo que se tomaba de ordenar, clasificar y corregir una y otra vez todo lo que escribía...¡impresionante!!
La verdad es que no puedo decir aquello de ¡qué ganas tengo que venga mi compañero!, porque no sé cuando me tocará a mí perderme por esos mundos. Me voy, que aquí no se para.