Martes, 4 de Julio de 2006
Comienza el día con la visita a una monumental librería cimentada en lo que fue un teatro: El Ateneo.- Aquí el asunto de los libros se vive de forma diferente y el personal entra, coge un libro, se sienta y mientras se toma un café, lee todo lo que puede, es como una biblioteca.- El sitio impresiona y recuerda el antiguo cine Imperial en la calle Sierpes sevillana donde hicieron algo parecido.-
En la calle las grandes avenidas siguen llamando la
atención, nos mandan de cuadra en cuadra y el sentido de la orientación bajo un
cielo gris plomizo no hay forma de pillarlo: comenzamos a movernos en un
sentido y de pronto nos paramos a preguntar y resulta que es en el sentido
contrario.- Las calles tienen números altísimos: 1900 o 2350 y cosas así.-
Desembocamos en la conocida Avda. del 9 de Julio y buscamos el pilón del
obelisco para no perdernos.-
Viki no se encuentra bien y vamos a comer a un restaurante modesto y coqueto
una trucha asalmonada con patatas fritas-cocidas y salsa; el postre es un flan
casero para chuparse los dedos.- Mientras tanto Italia y Alemania se disputan
un pase a la final y el gentil camarero de gruesos dedos nos toma una foto para
el recuerdo.- Pronto cae la tarde y la luz artificial se apodera de las calles:
en cada montículo de bolsas de basura hay una o dos personas que van
depositando en una enorme saca el cartón, los plásticos, el vidrio y no sé sí
algo más; pocos niños por las calles.-
Visitamos la histórica Plaza de Mayo, con la sede del antiguo Congreso, la majestuosa casa Rosa, el banco del Estado, Hacienda, el Ministerio del Interior y probablemente alguna otra cosa importante que se nos pasó.- El despliegue policial es notorio, con sus petos fluorescentes para que se les vea bien.- Estar en medio de esa plaza y a esa hora, sencillamente impresiona.- Cerca de allí un grupo de rok callejero trata de distraer la atención de la masa que cruza las amplias avenidas como si de una gran manada se tratase.-
Edificios enormes de más de veinte pisos, gran cantidad de tráfico y un asunto por resolver que felizmente llega a su término Por momentos, desde que despegamos de San Pablo he sentido malestar pero quería superarlo y no dar motivo alguno de preocupación. Yo no sé lo que es, sé que ha habido momentos de angustia, que era consciente que pasarían y me sentía con fuerzas de afrontarlos. La charla ha conseguido que comience a ver el miércoles como un día menos que nos queda para disfrutar de este viaje, esta estancia única y esta oportunidad que me ha brindado la vida. Me siento cada día más lleno de felicidad.

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