Anoche mientras sobrevolabas
tu Atlántico
tenía mi mente puesta
en el siete de julio.
No me tembló el pulso,
no se me agrietó la voz,
en algún desconocido archivo temporal
fue alojada esa imagen sonora
que yo llevo pegada en la frente
con un post-it amarillo
infinitesimal.
Blancos azulejos, dieciséis por dieciséis,
amoldaron el testimonio hasta
que el insigne operario entró
con la pertinaz machota.
Yo estaba pensando en Eros,
tu mente cabalgaba junto a Phylos,
hemos cambiado de siglo
y no consigo despegarme
esa franja horaria
que nos separa.
¡Ay de los quince años!
—tinta derramada otrora—
aún bulle,
aún galopa brioso el corcel blanco,
rescoldo a la espera del viento,
manantial que busca el río.
Yo también cruzo la mar
y permanezco en silencio.
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domingo, 20 de septiembre de 2026
Anoche mientras sobrevolabas
miércoles, 9 de septiembre de 2026
Prólogo a La vida secreta de un jubilata
EL ARTE DE VIVIR
«Los primeros cuarenta años de vida nos dan el texto; los treinta siguientes, el comentario»
Albert Schopenhauer
«El arte de envejecer es el arte de conservar alguna esperanza»
André Maurois
Gregorio García González vive en Sevilla, tiene sesenta y siete años, y está jubilado. Es un buen amigo de sus amigos. Que se lo digan a Pruden, el hijo de un guardia civil intérprete del firmamento, y a quien le preocupa seriamente el futuro del planeta; o a Cipri, al que Gregorio intenta convencer con insistencia de que conozca a una nueva compañera —como su propia pareja, Ana— y rompa de una vez con la soledad… Además, es un buen padre. Se separó hace años de su mujer, Rosa, con quien tuvo dos hijos y una hija, a los que quiere —aunque le molesten algunas cosillas de ellos— y a quienes ha transmitido no pocas costumbres saludables. También es un abuelo singularmente admirable. El profundo amor hacia sus dos nietas y su nieto, se materializa en múltiples detalles: en su dedicación a ellos en forma de sutiles diálogos, de lúcidas enseñanzas prácticas para la vida, de juegos amables y curiosos; también por su tarea de crear unos personajes ficticios para ellos, fruto de su fértil imaginación, pero a la vez inspirados en la más inmediata realidad. Por todo, Hugo, Lucía, y Andrea, con la sabiduría natural de los niños, se divierten a su lado; y eso a pesar de que su abuelo no exprese su cariño mediante aspavientos ni hipérboles.
Gregorio, como seguramente a estas alturas habréis adivinado, es el protagonista del libro que vais a empezar a leer, La vida secreta de un jubilata; y, por supuesto, quienes conocéis de alguna manera a su autor, José Rodríguez Infante, podréis deducir de lo dicho hasta ahora, que tiene bastante de él mismo. Hace tiempo que percibí en José Rodríguez, poeta y narrador de Paymogo, a un hombre juicioso y, por tanto, consecuente, sincero y no de medias verdades.
Pienso, por otro lado, que los personajes nacidos de José, tanto individuales como a nivel de colectividad, tienen algo —o mucho— de cada uno de nosotros. Se trata de un detalle propio de sus otras obras en narrativa. En él está la calle, el ámbito de la familia, el mundo del trabajo… No es nuevo ese tratamiento de los individuos en la narrativa realista, por supuesto; sin embargo, Rodríguez Infante es un agudo conocedor de la psicología humana, y goza de una singular empatía hacia quienes sencillamente transitan por las plazas y rincones de nuestras ciudades.
Cuando leí por primera vez en el bachillerato La hoja roja de Miguel Delibes, debo decir que me sobrecogió de alguna manera, pero no me sentí identificado en absoluto con los personajes. Lo mismo me ocurrió un verano con la lectura de la novela El viejo y el mar, de Ernest Hemingway. Sé que ahora sería capaz de comprender mejor a los protagonistas de esas magistrales historias sobre seres que, a pesar de poseer una personalidad única y poderosa cada uno de ellos, tienen en común volver una y otra vez la mirada al pasado, con infinitas reflexiones acerca de lo que ha sido su vida. Para todas las lecturas hay un tiempo.
No obstante, volviendo al personaje, debo aclarar que Gregorio García es asimismo un hombre de acciones, no solo de inevitables cavilaciones acerca del paso del tiempo: tiene su propio blog, está interesado en múltiples cuestiones y “vive su presente” con plena conciencia de lo que de bueno o menos bueno hay en él. Ha sido capaz de crear en su imaginación, perfectamente reflejado por su autor, un universo paralelo al suyo, que es el de Quique, y su alter ego, Lord Pincel; o el ruidoso mundo habitado por Chitón y Chillón, dos pájaros de cuidado, inspirados en la más pura cotidianidad. Por otro lado, el protagonista no se refugia en sus libros, sino que los usa con un sentido dinámico, como es propio de los buenos lectores, mencionando a autores que demuestra conocer a la perfección: Chéjov, Ignacio Aldecoa, Horacio Quiroga o Kafka, entre otros…
Dicho todo esto, solo deseo que os recreéis, amigas y amigos lectores, en este nuevo y rico relato de un autor que ama a sus personajes y los sabe revestir con toda la dignidad, sin hacerles perder un ápice de autenticidad. Disfrutad de las aventuras de un protagonista, que, aunque haya arrumbado su bicicleta, fiel camarada de otro tiempo —detalle con el que me siento también identificado—, y a veces resulte algo gruñón y lapidario, sigue escuchando con gusto los fandangos de Paco Toronjo; continúa cuidando, con todo el cariño de que es capaz, sus cuatro macetas, a su familia, a su novia Ana y a sus amigos de toda la vida, y persevera, en fin, en albergar dentro de sí la esperanza de un mundo mejor. Un protagonista, que, como su creador —y a pesar de todo—, continúa cada mañana muriendo de amor por la vida…
Tomás Sánchez Rubio
lunes, 7 de septiembre de 2026
Un destripador de antaño
La parada obligatoria del día de hoy versa sobre:
UN DESTRIPADOR DE ANTAÑO Y OTROS RELATOS.- Emilia Pardo Bazán
Magníficos relatos inspirados en tierras
gallegas que nos cuentan lo intrincado de la mente humana, supongo que amparada
por el ambiente. Emilia utiliza un lenguaje propio de la zona que todavía hace
–si cabe -, más intrigante y más hermosa la lectura.
Como
siempre que hay misterio y además quien lee sabe que son pocas páginas, se
degusta el producto de un tirón para aliviar el ansia de llegar hasta el final
de lo que se cuenta. Es la ventaja que tiene este tipo de escritura.
Anecdóticamente esta autora nació cien años antes que yo.
EL SILENCIO BLANCO.- Jack London
Tiene un buen comienzo este relato – siguiendo los viejos cánones, pero luego se va complicando la cosa y al final no termina de convencerme, a pesar de que posee los ingredientes adecuados que me suelen gustar: la aventura, el medio natural y la intriga. Auque se trata de dos relatos distintos, se repiten algunos personajes, claro que el denominador común no cabe duda que es la nieve y ese mundo extremo en el que hay tan poca distancia entre la vida y la muerte y además no buscada, sino impuesta.
RELATOS CÓMICOS.- Edgar Allan Poe.
En la contraportada del libro nos advierten que se trata de una obra totalmente desconocida de este autor; acostumbrados a sus relatos de intriga y terror aquí nos encontramos, en efecto, con unos escritos que si se les quitara el nombre del autor, sería difícil pensar que estuviera Poe detrás de ellos. Pero tampoco es impensable que todos los escritores tienen una evolución, o simplemente una serie de escritos que es probable que nunca verían la luz, de no ser que al alcanzar la fama con otras creaciones, ya todo parece importante, por no decir obra de arte.- Hay comicidad en este libro, pero también situaciones surrealistas que se hace difícil pensar que las hubiese escrito Poe, pero a la hora de rebuscar en los autores, siempre nos podemos encontrar sorpresas.
sábado, 5 de septiembre de 2026
Cosa de enamorados
viernes, 28 de agosto de 2026
Cabalgaban
Cabalgaban en monturas
ligeras.
Luego de visitar La
Sepultura
se dirigieron con total
holgura
hasta Mendez, con olor
de ajonjeras.
Asomó entre medias
apostaderas
de amor eterno, de
buenaventura.
Hacia Pinar Sierra fue
su aventura
pedaleando al ritmo de
habaneras.
Santa Rosalía, Arroyo
Barquero,
Mina San Juan, Centenillo,
Los Llanos,
y en sus miradas, fiel
y lisonjero
un penetrante aroma de
romero
que les crea
sentimientos ufanos
al ver Aguas de Miel
como aguadero.

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