Chuck Palahniuk
Fragmento de la entrevista para el semanario “La mesa puesta”, del mes de Junio del año 2000.
P.- Usted nació rodeada de libros, según ha
manifestado en otras ocasiones, ¿ahí nació su primer amor?
R.- Sin duda. Mi primer amor hacia los libros, puesto que eran parte de mis
juguetes y mi primer amor —platónico, claro está—hacia esos héroes capaces de
hacer felices a toda dama que se pusiese en su camino. Me fascinaba la
Literatura juvenil.
P.- Luego llegó el colegio, ¿cambió en algo su relación amorosa?
R.- Con relación a los libros podemos decir que se hicieron más distantes, tal
vez porque las exigencias del colegio, donde me eduqué, me restaban tiempo para
disfrutar con ellos, cómo a mí me gustaba.
P.- ¿Y en relación a lo demás?
R.- Digamos que los héroes de la letra impresa comenzaron a hacerse de carne y
hueso. Me enamoré, me desenamoré, me dejé seducir, me dejé besar, hasta que me
di cuenta que yo misma podía construir mis historias, y eso si que fue un
flechazo. No sólo era capaz de imitar lo que leía, sino que al mismo tiempo disfrutaba
con ello. Un lujo para mi recién estrenada pubertad.
P.- Sin embargo de esas primeras historias poco o nada ha trascendido.
R.- Si se refiere a las propias de la juventud, no lo han hecho porque aquí
donde me ve, soy de naturaleza tímida y he procurado en todo momento no mezclar
mi vida privada con la profesional. Ahora bien, en el plano estrictamente
literario, sí puedo decirle que a pesar de mis ganas de dar a conocer lo que
escribía, no me decidí a hacerlo hasta comprobar que merecía la pena, y para
entonces ya había cambiado de estilo.
P.- Entonces surgieron aquellos “Cuentos infantiles” que alcanzaron notoria
fama. Bien merecida, todo sea dicho, no nos equivoquemos, pero pasaron muchos
años ¿no cree?
R.- Los que consideré necesarios para sacar a la luz, sin ningún prejuicio, mi
trabajo.
P.- ¿Fue un amor enquistado que tardó en explosionar?
R.- Fue el encuentro con una situación nueva para mí, y el fruto de un intenso
amor. El nacimiento de mi hija cambió mi vida de tal manera, que ahora sí tenía
de verdad el corazón dividido en varias parcelas amorosas.
P.- Su marido, sus libros, su hija…Aunque no pudo evitar pasar por el valle del
desenamoramiento, según usted misma ha confesado en alguna ocasión.
R.- Así es. A pesar de lo que mucha gente pueda pensar, sufro y padezco cómo
cualquiera, nada me es ajeno, por eso me enamoro y por eso puedo dejar de
hacerlo, estoy en la misma ruleta que todos los demás.
P.- Y eso se nota después en sus novelas.
R.- Mi impresión es que es muy difícil evitarlo. Una siempre trata de alejarse
de sus personajes, pero en cierta medida termina enamorándose de ellos y les
coloca ciertos estigmas que le son propios.
P.- Otra vez el amor. Va, viene…
R.- Nunca me agobié por ello. Mis libros estaban ahí, mi hija también. La vida
igual te coloca al lado de alguien que te separa.
P.- Y usted se separó.
R.- Nunca lo entendí así. Digamos que distintos intereses hicieron que
cesásemos en la convivencia que habíamos tenido mi marido y yo. El cariño que
nos profesamos lo aconsejó.
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