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lunes, 30 de noviembre de 2009
El día después

jueves, 26 de noviembre de 2009
Una granja muy particular (2)

133 Hoy que por fin vemos el agua tras de los cristales, ha decidido Gon que corresponde colgar la segunda parte de:
UNA GRANJA MUY PARTICULAR(2)
.../...Viene de Una granja muy particular (1)
Maite se presentó un día en su casa con el gato en una caja junto a una botella de suero que se le estaba suministrando; ella llegó confiada porque todo el tiempo en que había estado junto al minino, éste estaba sedado y apenas se movía, con el colocón que tenía en lo alto ya iba bien servido, pero en el trayecto de la clínica donde lo habían atendido hasta el piso de Maite, el gato se había espabilado y cuando lo colocó en el suelo para cerrar la puerta, el animal se lanzó en alocada carrera sin importarle el artilugio que llevaba adosado a su cuello, ni la botella de suero. El primero en dar la voz de alarma fue Luís, que cuando vio al felino, revoloteaba por todo el piso como si hubiese visto al mismísimo demonio. Los gritos de Luís alertaron a Canela que comenzó a ladrar sin ton ni son, pero por si acaso era necesaria su presencia. Dionisio en vista de los acontecimientos, abandonó sus minutos de sol en la terraza y dirigió el hocico hacia su bunker privado para casos excepcionales; el asunto presentaba mal aspecto y entre las macetas se abría paso con las uñas, hasta conseguir meter la coraza, lo demás era ya cuestión de tiempo. Josefa encontró la puerta del aseo entreabierta y no lo dudó; de un salto se metió dentro de la bañera, que aunque no tenía agua, siempre había posibilidad de que la tuviese, y además allí se encontraba ella más segura. La tía de Maite tenía la tele encendida y el volumen adecuado a su oído, así que de momento estaba ausente, la madre había salido de compras y el padre que se estaba afeitando, tuvo que abandonar tan humilde tarea, y con la toalla reliada al cuello se asomó al pasillo para ver cual era la causa de tan singular alboroto. Mini después de recorrerse gran parte de la casa arrastrando la botella, con Canela a la retaguardia y Luís cerca del lomo, terminó por encontrar un hueco debajo del mueble bar, donde no le llegaba la furia de la perra y era un terreno demasiado peligroso para que el periquito se atreviese a meter baza. Los acontecimientos discurrían a tal velocidad, que a la muchacha apenas le dio tiempo de salir de la misma baldosa en todo el rato, parecía una directora de una loca orquesta con los brazos en alto y mandando órdenes a las que nadie obedecía. La paz llegó con la colaboración del padre de la muchacha, que se llevó a la perra a la terraza y luego tuvo que buscar en la caja de herramientas para ponerse unos gruesos guantes, meter las manos debajo del mueble y extraer al minino que se encontraba en un estado de excitación al borde del infarto.
Maite salía de vez en cuando al campo formando parte de un grupo de amigos, que aprovechaba los efluvios primaverales para entregarse al juego amoroso. Ella distraía su mente con el vuelo de una mariposa que se posaba en una flor, justo al lado de un abejorro que cimbreaba sus alas y alargaba la trompa para alimentarse de polen, al rato salía marcado de amarillo en busca de otra planta en la que libar. Ahora eran las peripecias de un trepador azul las que tenían enajenada a Maite: aparecía y desaparecía en el tronco de la encina, dejándose ver pero guardando las distancias. El recuerdo de Luís se le hacía imprescindible -¡cuánto disfrutaría su periquito entre tanta rama!-. Pero ella sabía que eso no era posible, aún recuerda aquel otro que tuviera y que en un exceso de confianza, partió sin pedir permiso y todavía lo está esperando. Las aves tienen sus propios instintos y hay que saber hasta donde se les puede permitir moverse. Las voces de sus amigos le sacan de su mundo y le animan a que acuda a la barbacoa, para departir con ellos esas chuletas que huelen que alimentan. Maite se fija durante el almuerzo en aquel chico que siempre le gustó, pero mantenerle la mirada o contestar a sus preguntas le resulta tan difícil, que tiene que desviar la vista y fijarse en el vuelo de la cigüeña o el trinar del pinzón. Cuando ve la actitud de sus amigos, piensa que porqué no puede ella comportarse igual y dejarse acariciar por alguien; está cansada de ver películas en la tele y a veces no se puede contener y tiene que levantarse del sofá con un estado de inquietud que no acierta a comprender... Pero es que en vivo y en directo, ¿Qué tiene que hacer ella para que aquel chico se le acerque? No se atreve a hablar con nadie de este tema y la vez que Canela quedó preñada por un descuido, lo pasó tan mal que de nada sirvió el gozo de ver los cuatro cachorros que tuvo; menos mal que todavía Josefa no había llegado a la casa y que pudo colocar a las crías antes de que cumpliesen un año.
Pero la escena aquella de los dos perros enganchados por la parte trasera, tirando uno para cada lado como si estuvieran pegados con superglue, le resultó tan extraña que casi no reconocía ni a su propia perra. Por un instante parecía que se hubiese transformado en un ser deforme de dos cabezas de vértices opuestos. Los documentales de la dos eran una cosa y el directo otra, así que no tenía nada claro como funcionaba eso del himeneo.
Cada vez que salía fuera de la ciudad llegaba con tal carga de felicidad en sus poros, que luego se pasaba varios días repartiendo besos a diestro y siniestro; su pequeño zoológico recibía mejores atenciones y su trabajo en la asociación de defensa de los animales se volvía más meticuloso. Sus padres se alegraban de ese estado de Maite, pero en el fondo no podían ocultar la gran preocupación que sentían por ella, tan desamparada. ¿Qué ocurriría el día que ellos faltasen? Conseguir un trabajo digno era difícil, encontrar alguna alma gemela con quien compartir su vida, más todavía y además no tenía la suficiente destreza como para vivir sola, aunque fuese en medio de aquella jauría que tanto le gustaba. Ya no era una niña, su hermana no parecía tener predisposición de ayudar mucho y en la tía no se pensaba por razones evidentes.
.../...Continúa en Una granja muy particular (y3)
martes, 24 de noviembre de 2009
Martes de Premio

132 Gon, ya he visto Ágora, ¿y qué te ha parecido?, si quieres que te diga la verdad no me ha convencido del todo, me esperaba más, eso suele ocurrir cuando se crean muchas expectativas sobre una película, la historia es interesante, pero los supuestos efectos especiales de las grandes superproducciones, que quieres que te diga Gon, no me han sorprendido ni me ha hecho estremecer, otra vez será Alba, a mí por el contrario me causó una buenísima impresión “Amanece que no es poco”, que la vi en la tele, ¡qué bien me lo pasé!, pero eso no es ningún estreno, para mí si Alba, es que no la había visto, es que no tiene nada que ver una cosa con la otra, son películas ¿no?, vamos a dejarlo Gon que estamos desvariando, te voy a llevar ahora a la poesía, ¡vaya cambio!, tengo dos cosas que decirte al respecto, por una parte, hablarte de Neruda del que he terminado de leer “Navegaciones y regresos”, ¿y qué?, ¿cómo que y qué?, que qué te ha parecido, pues que es un libro más donde el poeta le canta a todo lo que se mueve y no se mueve, ¿y se entiende?, ¡claro Gon! A Neruda se le entiende todo, tanto es así que tuvo sus más y sus menos con Juan Ramón Jiménez por esas ligerezas, a mí este libro me ha encantado, hay que meterse en su ritmo, en sus odas, en su forma de componer en definitiva, pero una vez que lo consigues, es para disfrutarlo, si tú lo dices, lo digo y te lo recomiendo Gon, no sé ¿y lo segundo?, lo segundo es preguntarte qué te pareció la lectura que nos hizo Onofre la semana pasada, ¡una maravilla!, y que bien ese Premio que ha conseguido en Alicante, para eso tiene una mano divina, unos versos exquisitos diría yo Alba, hasta me emocionan a mí, que ya sabes…si, sí ya sé, no es tu fuerte, por cierto tenemos que llamarlo a ver cómo le ha ido en la recogida del premio, lo llamaremos Alba, hay que cuidar las buenas amistades, me voy, adiós Gon hasta más tarde.
jueves, 19 de noviembre de 2009
Una granja muy particular (1)

131 Tienes razón Fernando, Gon y yo pensamos lo mismo: hay que seleccionar las lecturas, entre otras cosas porque no disponemos de minutos suficientes para leernos todo lo que se publica, ahora con tu permiso, el compañero Gon nos va a introducir en un nuevo relato…
UNA GRANJA MUY PARTICULAR (1)
Maite vivía en la ciudad, aunque su vocación siempre tuvo que ver con los animales del campo; a ella le daba igual el tipo de paisaje que apareciera en su retina, o los diferentes usos que el hombre le ha dado al medio a lo largo de la historia. Del campo lo único que le interesaba eran los seres vivos que lo pueblan, y como no vivía en el campo convirtió la casa de sus padres en un zoológico – algo ilógico por las dimensiones de la vivienda-. De movimientos algo torpes, le hubiera gustado estudiar veterinaria pero su cabeza no daba para tanto y se tuvo que conformar con un curso de formación profesional, que le sirvió durante un tiempo para trabajar en una clínica veterinaria donde la explotaban.
Tenía una pata que se llamaba Josefa, a la que metía de vez en cuando en la bañera para que se hiciera a la idea de lo que podría ser un lago. Maite se sentaba en la taza del water con la fregona en la mano y le daba migas de pan a Josefa. Canela – su perra – era la que marcaba el tiempo que ella y la pata debían permanecer juntas, porque los celos traicionaban a la perra, y no les permitía que estuviesen demasiado rato encerradas en el cuarto de baño, tanto es así que tuvo que llegar a un acuerdo con su padre – el de Maite –, para que en el turno de baño de Josefa, sacase a pasear a Canela y las dejase tranquilas. La perra aceptaba de muy malas ganas, consciente de que la estaban engañando, pero por otra parte tampoco quería desaprovechar la oportunidad de manchar la acera un poquito. Cuando eso ocurría, Maite aprovechaba la ocasión y dejaba entrar en el cuarto de baño a Dionisio, una tortuga macho que con aquel ambiente húmedo se paseaba alrededor de la taza del water y el bidé, y trataba de escalar por los azulejos, siempre con resultado negativo. Lucía Dionisio en su coraza un pequeño cascabel para permitir tenerlo localizado, y al mismo tiempo como señal de alarma porque cuando sonaba demasiado es que Canela se estaba pasando, y andaba a mordiscos con el pobre tortugo, que tenía marcados los dientes del cánido por todas partes. Maite acudía presta y le armaba una buena reprimenda a la perra, que con el rabo entre las patas y la cabeza gacha reconocía su error. Pasado un tiempo se le olvidaba y vuelta a empezar. En una jaula que se encontraba en la habitación de la muchacha, vivía un periquito que pasaba por ser el rey de la casa. De vivos colores y más atrevido que nadie, tenía la puerta de la jaula siempre abierta, para que entrase y saliese cuado le diera la gana. Se llamaba Luís y a excepción de las horas nocturnas, que se las pasaba en su palo echo un ovillo, el resto del día no paraba de un lado para otro charla que te charla. Tan solo se callaba cuando se posaba en el hombro de Maite, su padre o su madre, porque con la hermana o con la tía no compartía demasiada amistad; la una porque paraba poco en casa y le resultaba extraña, y la otra porque le interesaba más contemplar la televisión que estar pendiente de las gracietas de Luís, aunque Maite se desternillaba de risa cada vez que el pájaro se acercaba por el sillón de la tía. Aquello era un reto, se miraban a los ojos, el pájaro daba un saltito de aproximación y la señora acercaba a su mano el abanico, un movimiento de cabeza aviar y la mano sobre el abanico. Se hacía el silencio, cada cual mantenía sus posiciones, a partir de ahí cualquier cosa podía pasar, y lo que pasaba por lo general es que la señora nunca acertaba con el intento de sacudirle, y el pájaro terminaba por hacerle un vuelo rasante cerca de la cabeza que la sacaba de quicio. A Maite le encantaba esta situación, y como ninguno de los dos implicados sufría daño alguno, dejaba que se desarrollase la escena cada vez que fuese necesario. Con la muchacha se portaba Luís de otra manera, era más dicharachero, le daba picotazos suaves en la oreja y en la comisura de los labios, y obedecía sus mandamientos sin rechistar; de otra manera ya habría sido víctima de alguna descarga eléctrica, porque se llevaba parte del día de lámpara en lámpara, boca arriba, boca abajo, con una pata, con las dos, estirando las alas (no cesaba su actividad hasta oír la voz de la muchacha), y pendiente de los demás animales para ver si comían algo o no. Durante un tiempo Luís se tuvo que acostumbrar a la presencia en la casa de Mini, un gato callejero que llegó a manos de Maite desde la asociación de defensa de los animales, en la que prestaba su colaboración. El pobre gato había cogido una infección intestinal y requería de unos cuidados muy especiales, que en la asociación no podían dispensarle porque no se paraba.
.../...Continúa en Una granja muy particular(2)
miércoles, 18 de noviembre de 2009
El Quetzal en Sevilla

lunes, 16 de noviembre de 2009
Sabores de la sierra

129 Te noto algo eufórico esta mañana Gon, como no voy a estarlo luego del día de impresiones ópticas que tuve en el día de ayer, ¿dónde estuviste?, por la sierra, eso ya me lo imagino, puedes ser algo más explícito, por la sierra de Aracena: ¡que maravilla Alba! ¡qué coloridos!, cuanto gozo da andar por esos senderos llenos de hojas de castaño, degustando madroños, castañas, membrillos, manzanas silvestres, bellotas y recogiendo algunos gallipiernos, ahora ya me lo explico, a ver cuando te animas, es que tengo mucha faena Gon, ¡anda ya! hay que desenchufarse un poco para que las ideas fluyan desahogadas, de lo contrario no salimos de los atascos, tienes razón Gon tendré que plantearme algunas cosas, ¿y qué has estado haciendo?, entre otras cosas enviando a Doña Concha a probar fortuna por esos mundos de Dios, ¡Ah Doña Concha, qué bien nos lo hemos pasado en su elaboración, eh!, ¡ya! Pero ahora es tiempo de que ella misma juegue sus bazas, ya veremos que noticias nos depara, además Gon y esto te va a afectar a ti, el jefe pretende que continuemos la saga de cartas a opá, ¿no me digas?, te digo: por lo que se ve hay demanda, así que ya sabes, hay que narrar y para eso tú eres el más indicado, ya veo, ya, y además tenemos que seguirle la pista a esas entrevistas con los representantes policiales y políticos, además, eso es Gon tendremos que decirle algo a Fernando y Delfos que nos visitaron últimamente, ¿Qué más Alba?, hay que enterarse que está pasando con…¡Espera, espera, espera!, será mejor que vayamos a tomar café y a la vuelta me cuentas el resto, déjame que saboree un poco más los placeres otoñales de
jueves, 12 de noviembre de 2009
Si las arenas del reloj
128 Dice el jefe que hoy toca poesía, así que ahí les dejo el poema que justifica el título de la colección Reloj de Arena…
SI LAS ARENAS DEL RELOJ
Si las arenas del reloj
fuesen de distinto calibre
podría dar cobijo
-en mi tiempo -
a más besos de primavera.
Si el corazón que grabaste
fuese sobre fondo de roble
en lugar de espigado eucalipto
aún podríamos admirarlo.
Si la llave de mi carne
cayó en oscuro laberinto
¿a qué cerrajero de guardia
podremos pedir ayuda?.
He de taparme la boca.
No quiero seguir devorando
ansias de amar
sin sentido.
Aunque los labios no quemen.
Aunque los ojos no brillen,
Aunque la desnudez sea natural,
no puede ser espejismo. No cogí
las arenas del tórrido desierto
sino de una inmensa playa
-casi dormida-
que jugaba
con el dios Sol a construir
globos aerostáticos.
Y parece que fue ayer cuando unas pocas gentes con dinero veraneaban en San Sebastián. Cambiar de cutis está hoy por hoy al alcance de casi todos. ¿Habrá que esperar a la muerte de Fidel para desentrañar el misterio cubano? ?O nos quedaremos sin enterarnos?. Aquí junto al cementerio también se recuerda a Bécquer y su estremecedora leyenda, aunque conviviendo con la muerte parece que da hasta menos miedo. El sonido del silencio, cuesta descubrirlo, se vende tan caro que hay quien le asusta su presencia. Volvieron a caer bombas USA en la herida del Golfo. Cada día que pasa las Naciones Unidas tienen un grado menos de tranquilidad. Y el resto de los mortales también. Hoy es martes, habrá que echar la primitiva ¿qué remedio?