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jueves, 16 de agosto de 2012
De vuelta y media
306 ¡Hola Gon! ¿Cómo te encuentras?, algo peor que tú, pero me mantengo que ya es algo, ¡venga un abrazo, hombre!, te lo daré de parte de Vero, Trini, María, Nuria y Belkis que vinieron a verte y se encontraron con el sitio, espero que las atendieras bien en mi ausencia, seguro que no tendrán queja, Alba, he procurado mantener el tipo, aunque según me han dicho no has escrito ni una línea, es que D. José ha estado de severo que no te puedes imaginar...pero, dejemos ahora las cosas internas, cuéntanos algo de tu gran viaje...¡ah!, ha sido fantástico Gon, no te puedes ni imaginar, ¿has descansado, dormido a tus anchas, comido lo que se te ha apetecido, disfrutado del silencio?...pues no, Gon, nada de eso me ha sucedido, más bien lo contrario, ¿lo contrario?, ¿y para eso te vas a Noruega?, de eso se trataba Gon, de sobrevivir, ¿sobrevivir?, más o menos, querido compañero, la vida nos lo pone, a veces, todo tan facil que cuando nos vemos en situaciones complicadas no sabermos reaccionar, mi viaje ha sido, entre otras cosas, espiritual, ¿espiritual?, qué viajes más raros haces Alba, ¿y a tí cómo te ha ido?, ¿a mí?, sentadito en mi butaca a la orilla del mar los fines de semana, el resto ya sabes, dándole al callo, entonces tú habrás disfrutado del turismo de sol y playa, como se suele decir, he pasado calor, para qué negarlo, apenas pisaba la arena porque mi vecino de sombrilla no me dejaba y antes de las tres de la mañana no había manera de coger el sueño porque la bulla en los veladores no entiende de horarios, he echado más horas de carretera que un camionero y he gastado más en ventiladores que si estuviera en el desierto, pero por lo demás muy bien... ¿lo demás?, claro Alba, no me ha picado los mosquitos porque me llevé repelente y en dos ocasiones conseguí ser de los primeros en llegar a la orilla del mar, así que tampoco es para quejarse, ya veo Gon, no se porqué me da la impresión que esto de las vacaciones se está poniendo muy dificil, ya lo advirtieron desde el Gobierno: hay que apretarse el cinturón, no iba por ahí, Gon, pero también me vale...
martes, 10 de julio de 2012
Diecimedia (y 3)
305 Llegó el día, Gon, ¿tienes preparada la maleta?, así es, espero que me mandes una postal, piensa en los que nos quedamos, no me olvidaré de tí, está bien, que te lo pases de rechupete, pero no dejes de leer la última entrega de "Diecimedia", así lo haré Gon, saluda de mi parte a Trini, Vero, Nuria, María y al resto del personal, ¡hasta pronto!
DIECIMEDIA (Y 3)
.../...viene de Diecimedia (2)
DIECIMEDIA (Y 3)
.../...viene de Diecimedia (2)
Mario
nunca se casó, vivía para escribir; bastantes problemas le reportaba sus
relaciones con la editorial como para tener encima que cuidar de una familia.
Se enamoraba casi de forma continua y de todas las relaciones que mantenía,
sacaba algo positivo, que luego serviría
para sus composiciones. Pero él necesitaba de la soledad y de muchos momentos
de ausencia – de largas ausencias – para estar a gusto consigo mismo y llevar a
cabo proyectos, que de otra manera consideraba que no sería posible verlos
terminados. Esto le producía situaciones paradójicas, que le hacían sufrir y
estancarse en el trabajo. Unas más que
-
me fue marcada en el
Olimpo-
que no
tiene tardes ni noches,
otras; las
mujeres que iban pasando por su vida trataron de hacerle ver la posibilidad de
compaginar ambas tareas. ¿Por qué tenía que ser tan huidizo? Parecía estar
fraguando alguna misteriosa fórmula, que fuese a revolucionar el mundo, al fin
y al cabo escritores había para dar y tomar, y él no era más que uno entre
tantos, ni tan siquiera era famoso. Mario entendía que sin esa forma de ser y
actuar, no sería capaz de componer ni un solo verso y a pesar de lo que
pretendían hacerle creer, él tenía su público que era quien compraba sus libros
y le mantenía viva la ilusión de seguir componiendo. Tampoco necesitaba estar
todos los días en los telediarios, ni en las revistas del corazón – para eso
están otros -. Ganaba lo suficiente para llegar al día siguiente y no pedía
más. Lo importante eran sus versos, no él, y para que estos nacieran necesitaba
llevar la vida que llevaba, no otra.
que
aspira con fuerza el aire
No le
gustaba dejar ningún poema inconcluso, podía llevarse más o menos tiempo
delante del folio, pero al final algo tenía que salir. Luego vendrían las
correcciones de todo tipo, pero lo que en ese momento estaba sintiendo tenía
que salir ahora; no esperaba. Le daba vueltas y vueltas al verso, al monema, a
la idea...
rastreando
el perfume de tu piel.
Al día
siguiente si en su lectura encontraba la satisfacción necesaria, el poema
pasaba a engrosar la lista de afortunados, de lo contrario era destruido sin
salvar ni una sola estrofa. Así era Mario, quienes le conocían bien pensaban
que le había tocado vivir una época difícil para la poesía, y por tanto difícil
para sacar adelante sus proyectos. En cambio tenía otros talentos innatos, que
no quería explotar, había cultivado otros géneros y todos reconocían que lo
hacía bien pero la poesía era otra cosa y todo su esfuerzo lo vertía en ella,
no le importaba lo raro del momento, ni su mayor o menor gloria, componiendo
versos se hallaba en su salsa, y no tenía la menor intención de intentar otras
aventuras.
Tal vez
en alguna hora perdida
se
hayan cruzado en el éter
Ahora
queda pensativo, haciendo un rápido examen de lo que ha sido su vida, de sus
idas y venidas, su soledad, sus escasos amigos, su corta familia, sus padres...
y piensa si en algún momento no debió invertir el signo del destino y no
dejarse llevar por el camino que parecía marcado para él. Pero ¿cómo saber cual
era la opción válida? ¿Por qué en aquella ocasión decidió actuar de esa manera
y no de otra? Nota que se pierde, que se le está yendo la mente por derroteros
que le distraen y no le permiten avanzar en la tarea que se trae entre manos
aromas
y deseos
y nos
hayamos visto los dos
sentados
frente a frente, en el bar.
Se
preguntaba Mario como era posible que le hubiese marcado tanto aquella circunstancia
y que a pesar de lo mucho que llevaba vivido, no conseguía borrarlo de su
cabeza, pero
Tañir de solitaria campana
siempre en
el último momento, antes de que decidiese dejarlo todo, le ocurría algo
inesperado, que penetraba en él por algunos de sus sentidos – siempre en alerta
– y terminaba por darle forma a la estrofa que perseguía
que llama puntual a la oración
mientras un caballo relincha
desprendiendo luz entre sus cascos.
Apuró el
vaso de agua y se fue a la cocina con la intención de prepararse una suculenta
cena, que le reconfortase del esfuerzo empleado para dar por concluida la
jornada. Las sombras de la noche habían extendido su largo manto con
incrustaciones luminosas.
martes, 3 de julio de 2012
Diecimedia (2)
304 Esto no hay quien lo entienda, Gon, ¿qué te pasa Alba?,
se ha producido una fuga de archivos, ¡¡mande!!, no quiero hablar, Gon, no
quiero ni pensarlo, mejor será que cuelgues tu trabajo, déjame al menos que
salude a Trini, Vero y María, bueno
vale, pero ya está…
DIECIMEDIA (2)
Habían
sido tantos años esperando ese momento para encontrar la bonificación de una
buena charla, que algún día tenía que verse reflejado en sus versos. Mario
amaba esos momentos tanto como a su propia vida, no sólo por hallarse frente a
la persona admirada, sino porque
viendo
la desnudes de la calle
reflejada
en el jaspe de tu mirada.
un diálogo
en el que cada cual sepa ocupar el lugar que le corresponde, sin avasallar,
escuchando y dejando expresarse, le llenaba tanto que no le importaba llevarse
horas y horas, pero cuando descubría que su interlocutor era incapaz de
mantener las formas, se abandonaba y daba igual lo que le contasen. Su
presencia era sólo física, porque su espíritu navegaba por otros mundos. Él no
se irritaba, si tenía oportunidad dejaba que los demás continuasen con sus asuntos
mundanos, mientras se ponía a hacer cualquier cosa que no admitía espera, si no
le quedaba más remedio permanecía en su puesto, aunque su aportación se
redujese a monosílabos o frases sueltas.
Es el
momento grácil,
la
fuente oculta entre el tráfico
Siempre se
preguntaba si era tan importante la estética de los versos. A veces podía
suponer un parón en la producción artística porque se enfrascaba- una vez más-
con la deliberación sobre que era más importante, si la forma o el fondo. Todo
es importante. Preguntaba a sus colegas, pero no le convencían sus
explicaciones, tampoco se preocupaba demasiado de buscar en los manuales al
uso. Crear, innovar, era dos verbos que le gustaba verlos activos, y una vez
puesto a reflexionar y transmitir, si que tenía confianza en su genio oculto.
Si bien no era capaz de tomar las riendas de inmediato, de acudir a la llamada
urgente de la inspiración, se esforzaba al máximo cuando tocaba hacerlo en el
momento que él consideraba adecuado.
donde
saborear el agua más fresca
que
manar pueda río alguno.
Se levantó
de la silla, y se fue al salón de la casa donde tenía un viejo radiocasete
emitiendo música clásica. La cinta había terminado de leer una cara y esperaba
la mano de Mario, que le diese la vuelta para continuar reproduciendo sonidos
de fondo. Era tal la afición que le tenía a este tipo de música, que le
resultaba imposible trazar dos líneas sino era con el fondo adecuado. No tenía
preferencias, tampoco formación musical, pero la necesitaba, formaba parte de
la parafernalia indispensable para concentrarse en lo que escribía. La ausencia
de ruidos en la casa lo llevaba mal, por eso procuraba que aquel achacoso
reproductor estuviese siempre emitiendo sonidos. Se dio un ligero paseo por el
pasillo hasta llegar a la puerta de la calle, la abrió, miró a derecha e
izquierda (no había nadie) y a continuación regresó sobre sus pasos a la cueva
del patio.
Tu
presencia, tu palabra,
el
gesto mecánico del camarero
y el
amorfo escudo de mi camisa
dan
vueltas en torno al mundo
hasta que
llegan otras diecimedia.
Le salió
del tirón, casi sin respirar. Se volvió a levantar y se fue a la cocina para
buscar algo fresco en el frigorífico. El agua que tenía en la mesa no estaba en
condiciones de ser tragada, por lo que la vertió directamente en una maceta.
Aún había claridad en el segundo patio, pero en el primero – que es donde se
hallaba la cueva -, le resultaba difícil leer lo que estaba escribiendo, así
que tuvo que encender la lámpara que colgaba directamente sobre la mesa. Alguna
mosca – francotiradora – le seguía dando lata y no conseguía centrar sus ideas.
Tomó el paño preparado al efecto, y le dio la suficiente confianza al visitante
para que se pusiese en un lugar visible. Lentamente fue alzando su mano derecha
y cuando consideró que la tenía entretenida, con la mano izquierda, lanzó un
rápido golpe tras el cual desapareció el bichito.
Calendario de vida intensa
.../...Continúa en Diecimedia (y 3)
martes, 26 de junio de 2012
Cuarenta y cuatro grados
303 ¡Madre mía qué calor!, tampoco es para tanto Alba, consuélate
que pronto andarás por los fiordos, aún queda mucho Gon, tiene que llegar el
final de mes, comenzar Julio, esperar hasta…, ¡Vale, vale!, no he dicho nada,
dejemos a los fiordos en su sitio y hablemos de otra cosa: ¿estuviste con las
niñas?, ¿qué niñas, Gon?, ¡qué niñas, qué niñas!, con nuestras infalibles Vero,
Trini y María, ¡aahh, acabáramos!, ¡como eres!, pues claro que estuve con ellas
y hablamos de nuestras cosas, seguro que no hablasteis del europeo, ¿por qué
no?, porque eso le va más a los varones, mira que listo, de fútbol no recuerdo
si hablamos, pero de Europa puede, tal y como anda el patio ¿quién no le da un
repaso a la situación?, ¿terminaste de leer “Vidas de hojalata”?, ya lo creo,
Gon, ten en cuenta que esta tarde tenemos el análisis en la tertulia, ¿y qué te
ha parecido el libro?, creo que Harding es un buen escritor y que en esta obra
hace un guiño a la muerte que no deja a nadie indiferente, siendo cosa de
muerte mejor te cuento yo mi experiencia con “Rojo y Negro”, ¿a qué temes,
compañero?, es algo natural, mejor lo dejamos, Alba, a mí me está resultando
entretenida la lectura del tocho que me tocó en suerte, no tengo que esforzarme
demasiado, ya ves, Gon: cada cual tiene lo suyo, menos D. José, bueno, a él le
corresponde ponernos la nota, además ¿para qué lo mencionas?, estamos muy
tranquilos, así que no remuevas el lodo, en eso te apoyo, Alba, ya veremos cómo
acabamos la semana, espero que bien, Gon, espero que bien.
martes, 19 de junio de 2012
Diecimedia (1)
302 Antes que nada un beso enorme para Trini y Vero, ¿y a mí?, no seas celoso Gon, a ti te tengo todos los días pegado a mi solapa, ¡ah!, espero que al jefe le guste el híbrido que vamos a presentar, no se yo, no seas pesimista, Gon, ya verás como sí…
DIECIMEDIA (1)
Había escrito en un folio en blanco, ilustrado por su parte trasera con un dibujo infantil de una casa:
Siempre encuentro en mi memoria
Luego sacó un caramelo con sabor a menta y envoltura de la Caja San Fernando, y se lo introdujo en la boca, dispuesto a que le durase cuanto más tiempo mejor, pero una mosca que estaba empeñada en hacerle compañía, distrajo su mente al verla evolucionar sobre el mantel de la mesa: se frotaba las patitas con tanto gusto, que le daban ganas de tocarse con una varita mágica, y hacerse del tamaño del insecto para imitar sus movimientos, pero de inmediato se acordó de la película... “La mosca”... y le entraron unas nauseas tremendas, cogió el periódico y lanzó un tremendo golpe disuasorio, porque de sobra sabía lo difícil que era cazar una mosca, por muy ensimismada que estuviese frotándose sus sextos delanteros. Trató de concentrarse en lo que había escrito dedicándose a contar métricamente el verso, pero de nuevo apareció la mosca posándose en su mano izquierda. “¿Será la misma? – pensó -. ¿Por qué no se dedicarán los naturalistas a marcar moscas? Así sería más fácil salir de dudas. ¿Pero que digo? A veces creo que deliro.” Se dio un manotazo sobre el dorso de la mano y siguió midiendo el verso: “otro verso octosílabo, no sé como me las apaño que siempre me sale así. ¿Lo dejo o intento el endecasílabo?” Aquí tropezaba siempre Mario con la misma premisa. “A mí me gusta como me ha salido, ahora tengo que echar mano de la máquina de pulir, y ahí empieza mi calvario. Tengo que usar la cabeza donde manda el corazón. Creo que voy a seguir la técnica de siempre, que no es otra que la mía propia, al fin y al cabo soy consciente de que no escribo para pasar a la posteridad, sino para expresar un sentimiento que llevo dentro. Gusta hacerlo bonito – que duda cabe -, y teniendo en cuenta determinados principios, pero poco más. El genio que llevo dentro se ve que no anda por la labor, y en los momentos difíciles me deja más tirado que un trasto.” Los dos siguientes versos, decían:
- a veces nada busco –
sabor a cucharilla y azúcar
El inconsciente, esa tremenda caja negra que todos portamos como una mochila, está siempre dispuesto a prestar la ayuda que haga falta. Mario se concentraba en esos primeros versos que habían salido de su pluma, y a continuación llegaban los demás hasta completar el sentido de lo que pretendía decir. Eso sí, en lenguaje poético. Su larga trayectoria como escritor le había enseñado mucho, y sabía que tenía que exprimir bien sus cinco sentidos para que no fueran banales sus palabras. Mario escribía con el corazón en la mano, y procuraba rodearse de todo cuanto le fuese necesario para tener la concentración necesaria. No confiaba demasiado en el golpe de inspiración, que le obligase a dejarlo todo para ponerse a escribir. Su forma de trabajar era más racional, tenía sus horas preferidas – eso si -, pero si pasaba un tiempo y no conseguía articular un par de versos en condiciones, terminaba por abandonarlo todo hasta el siguiente día en que lo intentaría de nuevo. Hacia calor, ese calor que obligaba a permanecer a la sombra, sin camisa, en pantalones cortos y con un vaso de agua al alcance de la mano para no derretirse. La cueva – como él llamaba a su rincón favorito – le proporcionaba el frescor necesario para sobrevivir a la escritura y a las ansias de expresarse, y sólo allí se atrevía a hacerlo. Aquel rincón del patio le daba la tranquilidad suficiente, para concentrarse en su tarea y olvidarse de otros asuntos más terrenales, más duros de sobrellevar.
en una mañana de invierno.
Mario no llevaba bien el verano – ese larguísimo verano del Sur -, que a veces comenzaba en Abril y no terminaba hasta Noviembre; empezaba a creerse el cacareado cambio climático. Siendo como era de suelos asolados, habiendo mamado horas y horas de sol implacable, ¿cómo es que ahora no era capaz de soportar los rigores de la tierra que lo vio nacer? Algo pasaba, y se negaba a cargar la culpa a la edad, que no perdona. Su porte, su físico no era para que le pudiese afectar tanto la inclemencia del Sol... Algo pasaba. Por eso le gustaba el invierno, y tal vez compusiese sus mejores versos bajo la influencia de esa estación, pero nunca se paró a comprobarlo, ni le merecía la pena, ni tenía tiempo para ello. Lo importante era seguir en disposición de emborronar papeles buscando la composición imposible, esa que le pudiese dejar con la satisfacción de haber parido algo sublime, algo que le catapultase al estrellato.
Son las diecimedia en punto,
hora de alimentar el alma
martes, 12 de junio de 2012
Vuelta de tuerca
301 ¿Qué te pareció la fiesta de los trescientos, Gon?, Como
estamos en tiempos de crisis, D. José no tiró la casa por la ventana, cosa que
por otra parte era de esperar, pues yo me lo pasé muy bien, yo que me alegro,
Alba, el jefe estuvo más dicharachero de lo habitual, habla y no para de las
delicias de Palabra sobre palabra, ¡ya!, se ve que está muy contento con la
marcha de ese sitio, ya se cansará, ¿tú crees, Gon?, ya sabemos como son las
cosas en este medio: hoy aquí, mañana allí, oye Gon, pues el taller de
Megustaescribir tampoco va muy mal, ya caerá, vaya tela Gon, ¡que mal te veo!,
es que es verdad, Alba, venga a largar de este y aquel sitio cuando nos deberíamos
mirar al ombligo de vez en cuando ¿tan mal te va por aquí?, a mí no, Gon, yo
estoy a gusto, además dónde vamos a encontrar a gente como Vero y Trini, ¿qué
les pasa?, que han captado tan bien el mensaje del poema que les puse el otro día,
que estoy por incluirlas en la lista de Favoritas, ¿ah, pero aún no las tenías?,
si, pero…¡te pillé, Alba!, ¿cómo llevas Vuelta de tuerca?, ¿te refieres al
libro de Henry James?, ajá, me está resultado atractivo, es de esas ocasiones
en que te tienes curiosidad por saber cómo se contará eso que ya has visto en
la tele o en el cine, suerte la tuya porque a mí me ha tocado un tocho, que ya
veremos, otras veces es al revés, Gon, ¿nos vamos?, como quieras, tenemos mucho
que hacer, así que hasta luego.
miércoles, 6 de junio de 2012
Cruz plateada
300 ¡Enhorabuena, Gon!, lo mismo digo, Alba, ¿has visto a D.
José?, anda como loco preparando la fiesta, no es para menos, cumplir
trescientas entradas tiene su miga, que nos lo digan a nosotros, Gon, ¿invitará
a nuestras amigas?, eso espero ¿qué sería de nosotros sin Trini, Vero, María o
Belkis?, en fin, yo para apaciguar los nervios me he traído un poema, tráelo,
lo colgamos, ¡¡qué nervios!!..
CRUZ PLATEADA
Cruz plateada que antaño
deslumbraste humilde
por campos polvorientos.
HOY
me has dejado imbuido
en mil dudas
inflexibles.
Los pocos años vividos
y las ansias de
descubrir,
me hacían buscar
amigos en mi
empavesado jamelgo.
CRECÍ
entre níveas flores y
vetustos encinares.
Jamás negué a nadie
ni un centímetro de amor.
Cultivé frondosos huertos
y regué las amapolas
con el sudor de mi cuerpo.
ABANDONÉ
Las enormes estrellas
de tus noches de verano
y de aquel corralillo enguijarrado.
Tu sabes
cruz plateada, que el embudo
sólo tiene una salida, porque
a pulso saqué el agua y
pude comprobarlo.
Mi ostracismo
pretendía quedar oculto en
el mapa.
Ellos, al igual que yo,
eran conscientes y gozaban
a mi lado ínfima parte
de los trescientos sesenta y cinco.
Y llegó ese MAYO
ese horrendo despertar
de infinidad de Rocinantes
y rostros impertérritos
sosteniendo
la dulce sombra.
Estabas frente a mi y
el Sol lanzaba tu plata
sobre mis ahumadas lentes.
PASEÉ.
Quería asirme a la última
mata, pero el abismo se
ofrecía seductor, disfrazado de
manzana. Desde
estas profundidades hago
funcionar a tope la materia gris
para retornar a tu lado.
ANHELO
las anchas paredes con grises
manchas de humedad y
el sabor a tierra masticada,
presente en mil cruces
primaverales.
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