328 Pues ya lo sabes, Gon, el lío de las postales a Vero la ha dejado indiferente, de acuerdo, sin embargo Trini le da su particular interpretación, ¡ya!, y María se queda mirando al mar, ¡que no, Gon, convéncete!, no está logrado, ¿se lo has dicho a D. José?, no se trata de eso, compañero, se trata de que hay que trabajarlo más, ¡vale, vale!, haré lo que pueda, hablemos de otra cosa ¿qué te ha parecido la foto nº 71? ¿la de VirtualHilo?, claro Alba, ¿cuál va a ser?, como no hemos tenido ocasión de hablar, poco más te puedo decir, tengo pendiente darme un paseo por su casa, pero ya sabes, cuestión de tiempo, ya me contarás, ¿y del cine qué me dices?, te digo que las dos películas que he visto “La colmena” y “La fiesta del chivo”, han hecho honor al ciclo, ¿es bueno D. Manuel, eh?, y que lo digas, Gon, el día que falte se vendrá abajo el club, bueno, bueno, mejor hablamos de otra cosa ¿estás siguiendo los carnavales?, ya sabes que aquí el de las fiestas, eres tú, ¡ya!, pero algo habrás leído, no se nada, Gon, ¡ah!, no sabes lo que te pierdes, este año están poniendo unos videos muy dignos, así que es tu gran oportunidad, ¡que no, Gon, no insistas!, este año las comparsas están barriendo… ¡Gon!, de acuerdo, Alba, ¿qué tal por PsP?, ¿por qué me haces enfadar?..¿qué quieres saber de Palabra sobre Palabra?, perdona, es que me dejo llevar por la pasión, quiero saber cómo nos va por allí, pues en lugar de tantos carnavales ya te valdría con estar más al tanto de tus propios textos, como quieras, ya me pasaré por allí, ¡qué genio!, y para que lo sepas he visitado en el Espacio Santa Clara la Exposición de fotografías de Sanz Lobato y en el Casino de la Exposición, Gervasio Sánchez “Desaparecidos” ¿cómo se te queda el cuerpo?, vamos a dejarlo ahí, Gon.
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martes, 29 de enero de 2013
Carnaval, carnaval
328 Pues ya lo sabes, Gon, el lío de las postales a Vero la ha dejado indiferente, de acuerdo, sin embargo Trini le da su particular interpretación, ¡ya!, y María se queda mirando al mar, ¡que no, Gon, convéncete!, no está logrado, ¿se lo has dicho a D. José?, no se trata de eso, compañero, se trata de que hay que trabajarlo más, ¡vale, vale!, haré lo que pueda, hablemos de otra cosa ¿qué te ha parecido la foto nº 71? ¿la de VirtualHilo?, claro Alba, ¿cuál va a ser?, como no hemos tenido ocasión de hablar, poco más te puedo decir, tengo pendiente darme un paseo por su casa, pero ya sabes, cuestión de tiempo, ya me contarás, ¿y del cine qué me dices?, te digo que las dos películas que he visto “La colmena” y “La fiesta del chivo”, han hecho honor al ciclo, ¿es bueno D. Manuel, eh?, y que lo digas, Gon, el día que falte se vendrá abajo el club, bueno, bueno, mejor hablamos de otra cosa ¿estás siguiendo los carnavales?, ya sabes que aquí el de las fiestas, eres tú, ¡ya!, pero algo habrás leído, no se nada, Gon, ¡ah!, no sabes lo que te pierdes, este año están poniendo unos videos muy dignos, así que es tu gran oportunidad, ¡que no, Gon, no insistas!, este año las comparsas están barriendo… ¡Gon!, de acuerdo, Alba, ¿qué tal por PsP?, ¿por qué me haces enfadar?..¿qué quieres saber de Palabra sobre Palabra?, perdona, es que me dejo llevar por la pasión, quiero saber cómo nos va por allí, pues en lugar de tantos carnavales ya te valdría con estar más al tanto de tus propios textos, como quieras, ya me pasaré por allí, ¡qué genio!, y para que lo sepas he visitado en el Espacio Santa Clara la Exposición de fotografías de Sanz Lobato y en el Casino de la Exposición, Gervasio Sánchez “Desaparecidos” ¿cómo se te queda el cuerpo?, vamos a dejarlo ahí, Gon.
martes, 22 de enero de 2013
Collage de verano (y 5)
327 Vero,Trini, por fin el amigo Gon se ha decidido a descifrarnos el enigma, ¿a qué enigma te refieres, Alba?, que te estoy escuchando, ¡ah, estabas ahí!, nada que le decía a Vero y a Trini…, eso ya lo se, ahí va ya el final, pesados, ¡vale, vale!, no te enfades, hombre…
COLLAGE DE VERANO ( y 5)
.../...Viene de Collage de verano (4)
Mi mujer regresa a casa. Voy a recogerla a la estación y le doy los cuatro besos más efusivos que haya podido dar nunca. Me mira de arriba abajo y aunque no lo dice, piensa en que me pasa algo. ¿A que viene tanta efusividad? Me pregunta por los niños, el trabajo de la oficina y que si me he apañado bien con las comidas y yo de lo primero que me acuerdo es del hijo de puta del Domínguez, que vaya tela en la situación que me ha puesto con lo confiado que he sido yo siempre con mi mujer. Por el camino al hogar hago planes en voz alta para el año que viene. “¿Te acuerdas de Maro? Tenemos que volver por allí, Tú no sabes lo que quema el trabajo cuando no hay donde refrescarlo”. Ella me mira y entre bromas y veras me dice que siempre estoy pensando en lo mismo. Yo medito un momento por si he dicho alguna puñetería y enseguida me doy cuenta. “¡Que va mujer!, si no he llegado ni un solo día a la hora del Canal47. Si han hecho unos diítas que para que contarte.” Sueño con esas aguas nítidas y ese dedo gordo del pie confundiéndose con un despistado pez de colorines.” Llegamos a casa y una llamada en el buzón de voz me advierte de la inminente llegada de nuestros hijos que por fin agotaron su saldo y muy a su pesar, abandonan su estancia y vuelven dispuestos a aprobar las asignaturas pendientes. “¡Que sano es el mar! – pienso – ¡Qué dóciles nos vuelve!”. Mis amigos también vuelven en un par de días. Su última estancia ha sido en Mondariz, desde donde me mandan una postal lamentando no dar con Florencio y tener que volver para atrás con mi obsequio. Me da lo mismo, al fin y al cabo ¿quién es Florencio? Alguien lejano al que hace años que conocí, que tuvimos una buena amistad, pero que luego la vida nos llevó por paraderos distintos y que poco a poco fuimos alejándonos tanto que hoy día soy incapaz de poder hacerle llegar un obsequio. Así es la vida, así la amistad: puede durar tanto como nosotros o perderse en las tinieblas de una noche lisboeta. Me quedaré con el recuerdo.
¡Ah!. Y en cuanto a Domínguez una última cosa: resultó ser que el lío de las postales no iba con su mujer, sino con la vecinita de enfrente, que se había puesto de acuerdo con ella para un lío amoroso y la utilizaba como tapadera y pseudónimo al mismo tiempo. Y encima voy yo y... ¡claro! Mi envío fue tomado como uno más de esa saga misteriosa, con lo cual jamás se supo mi intento de sabotaje. Hasta en eso estoy negado, ¡que le vamos a hacer! La vida, que al final siempre pone cada cosa en su sitio. Otra vez será.

Mi mujer regresa a casa. Voy a recogerla a la estación y le doy los cuatro besos más efusivos que haya podido dar nunca. Me mira de arriba abajo y aunque no lo dice, piensa en que me pasa algo. ¿A que viene tanta efusividad? Me pregunta por los niños, el trabajo de la oficina y que si me he apañado bien con las comidas y yo de lo primero que me acuerdo es del hijo de puta del Domínguez, que vaya tela en la situación que me ha puesto con lo confiado que he sido yo siempre con mi mujer. Por el camino al hogar hago planes en voz alta para el año que viene. “¿Te acuerdas de Maro? Tenemos que volver por allí, Tú no sabes lo que quema el trabajo cuando no hay donde refrescarlo”. Ella me mira y entre bromas y veras me dice que siempre estoy pensando en lo mismo. Yo medito un momento por si he dicho alguna puñetería y enseguida me doy cuenta. “¡Que va mujer!, si no he llegado ni un solo día a la hora del Canal47. Si han hecho unos diítas que para que contarte.” Sueño con esas aguas nítidas y ese dedo gordo del pie confundiéndose con un despistado pez de colorines.” Llegamos a casa y una llamada en el buzón de voz me advierte de la inminente llegada de nuestros hijos que por fin agotaron su saldo y muy a su pesar, abandonan su estancia y vuelven dispuestos a aprobar las asignaturas pendientes. “¡Que sano es el mar! – pienso – ¡Qué dóciles nos vuelve!”. Mis amigos también vuelven en un par de días. Su última estancia ha sido en Mondariz, desde donde me mandan una postal lamentando no dar con Florencio y tener que volver para atrás con mi obsequio. Me da lo mismo, al fin y al cabo ¿quién es Florencio? Alguien lejano al que hace años que conocí, que tuvimos una buena amistad, pero que luego la vida nos llevó por paraderos distintos y que poco a poco fuimos alejándonos tanto que hoy día soy incapaz de poder hacerle llegar un obsequio. Así es la vida, así la amistad: puede durar tanto como nosotros o perderse en las tinieblas de una noche lisboeta. Me quedaré con el recuerdo.
¡Ah!. Y en cuanto a Domínguez una última cosa: resultó ser que el lío de las postales no iba con su mujer, sino con la vecinita de enfrente, que se había puesto de acuerdo con ella para un lío amoroso y la utilizaba como tapadera y pseudónimo al mismo tiempo. Y encima voy yo y... ¡claro! Mi envío fue tomado como uno más de esa saga misteriosa, con lo cual jamás se supo mi intento de sabotaje. Hasta en eso estoy negado, ¡que le vamos a hacer! La vida, que al final siempre pone cada cosa en su sitio. Otra vez será.
miércoles, 16 de enero de 2013
Paradiso
326 ¿Qué tal te ha ido por el pueblo, Gon?, aunque no puedo quejarme, lo cierto es que he pasado un catarro de aupa, ¿y has tenido cuerpo para terminar el libro de Lezama?, lo cierto es que lo he atacado, Alba, pero es un libro complicado, no te creas, ¿y eso por qué?, porque hay que ser algo erudito para poder desentrañar a fondo la obra, “Paradiso” es un libro que va mucho más allá de la mera historia, pues menos mal que el jefe te lo encargó a ti, ¡qué gracia!, ya quisiera yo verte en mi pellejo, no te enfades, compañero que a mi también me tiene reservado lo suyo, ya verás, ¡oye!, viste que nuestra amiga Nelly nos dejó una foto, ¡ah!, entonces la tal anjika29 es ella, pues claro, hombre, es que no estás en lo que hay que estar, en fin…a Vero la tienes que le va a dar algo ¿cuándo piensas terminar con el “Collage de verano”?, ya queda menos, Alba, paciencia, ¿paciencia?, yo tengo toda la del mundo pero no se si Vero, María, Trini y demás te aguantarán mucho, te recomiendo que acabes la historia de una vez, todo a su tiempo, Alba, ¿qué me dices de Recomenzar?, pues te digo que visité su página y me parece muy interesante, ya veremos lo que da de si esta relación, ya sabes que de tiempo andamos más que justitos, eso habrá que decírselo al jefe, dile algo si, dile algo puesto que otra vez está pensando en los concursos, las editoriales interactivas y toda esa zarandaja, es que como estamos en año nuevo, ya se sabe, año nuevo, vida…, por cierto, Gon, no hemos dicho nada de PsP, pues allí te encontrarás a D. José, que sólo le falta ya quedarse a dormir, tampoco será para tanto, Alba, no exageres, ¿qué hora es? ¡uy, que tarde!, vámonos…
sábado, 29 de diciembre de 2012
Collage de verano (4)
325 ¡Gon, D. José!, alcemos nuestras copas y brindemos por
este 2013 que se nos abre, ¡por todos nuestros amigos!, bien dicho, Alba, vaya
esta copa por: Trini, Vero, María, otra María (la del vencejo), Stella, Alfredo, Martha, Belkis, Nuria de Espinosa, Lou, Miuris, y Xrisstinah, que han
estado ahí a lo largo de todo el año, ¡Por ellos!, y ahora el amigo Gon, nos
colgará el siguiente tramo de su interminable historia, se lo permito de esa
manera porque es usted el jefe, que si no..., tengamos la fiesta es paz...¡Feliz Año, amigos!
COLLAGE DE VERANO (4)
.../...Viene de Collage de verano (3)
COLLAGE DE VERANO (4)
.../...Viene de Collage de verano (3)
El jefe se
deja caer, como el que no quiere la cosa, que para el próximo año existe la
posibilidad que el encuentro de trabajo se traslade ni más ni menos que a la
Laponia – por aquello de abrir el mercado al exterior -. El asunto cae en el
departamento como si se tratara del gordo de Navidad. Se comienza a especular,
que si los que están por Cataluña participarían también del evento o sería para
los que no se han movido – laboralmente claro –este año. ¿Sería imprescindible
saber inglés o eso corresponde tan sólo a los directivos?. Circulan preguntas y
respuestas de un lado para otro, pero como es lógico nadie habla claro ni se
compromete a adelantar nada hasta que se vaya perfilando mejor el asunto.
Tendremos que ponernos en contacto con los sindicatos para evitar que los
agraciados sean siempre los mismos. Ya hay quien sueña con Norway, Kafjord y no
sé cuantas palabrejas más que se transmiten de boca en boca, por los pasillos,
por los tablones de anuncios, correos electrónicos y demás medios que
disponemos por la oficina para jodernos los unos a los otros. Y sólo ha sido un
rumor. No quiero ni pensar lo que puede pasar si se confirman los hechos.
Muñoz
Molina hacía que sus personajes se encontraran unos a otros en aquel invierno
en Lisboa, con una facilidad pasmosa y yo por más que intento dar con mi amigo
Florencio no hay manera. Ya lo he intentado en unos cuantos hospitales, pero
entre que no me entiendo muy bien con quien me coge el teléfono y que tampoco
tengo claro que esté en Lisboa, así estamos. Pero yo no me canso, daré con él
como Manolo que me llamo. Mis amigos me cuentan maravilla de esa ciudad. He
intentado –por hacer algo- una pirueta literaria que consistió en meterme en el
libro de Muñoz Molina como un personaje más, como vi que había pistolas de por
medio y eso casi siempre suele acabar en tiros, me dije “¡Ya está!. Yo seré por
ejemplo el taxista, ¡si!, el taxista que tiene que trasladar a un herido de
bala con toda urgencia hasta el hospital”. Tendría que trabucar un tanto el
desarrollo de la obra, pero bueno como se trata de una buena causa, no creo que
al autor le fuese a molestar demasiado, además si se me complican las cosas, le
cambio el título a la novela mencionada y ¡ya está!. La puedo llamar por
ejemplo: el otoño en Lisboa, ¡ea!. Bien pues – como digo – yo sería el taxista
que recoge al herido que como consecuencia de una persecución callejera termina
en mi taxi huyendo del de la pistola. Atravesaríamos a toda leche el puente
sobre el Tajo, con las luces encendidas, tocando el claxon y zigzagueando para
hacer adelantamientos insospechados. Nada de choques, ni atascos, ni gente
cayendo al agua, que a mí con llevar a una persona herida ya me parece suficiente
para una trama amorosa. Por mi radio-taxi me pongo en contacto con la policía y
me echan un cable con el tráfico, en lugar de empeorar la situación, que es lo
que ocurre casi siempre, se me colocan por detrás y por delante con la sirenas
a toda pastilla como si fuese yo el coger de una persona importante y me
conducen hasta un hospital donde una vez cumplimentados los trámites y echas
las declaraciones oportunas – y ya con la confianza suficiente – pregunto por
el doctor Florencio, eminente cirujano al que nadie tiene la fortuna de conocer
ni en ese hospital ni en todo el área hospitalaria. Deshecho, casi con lágrimas
en los ojos, retorno a mi táxi y me vuelvo hasta el lugar donde recogí al
herido a buscar alguna pista a ver si me doy cuenta donde me he equivocado. Doy
unas cuantas vueltas por los alrededores, hago unas cuantas preguntas, pero no
me gusta demasiado la pinta de alguna gente que anda por esas calles, así que
decido dejarlo todo porque tampoco es cosa de llevarme yo algún mamporro luego
de haberme colado de hurtadillas en la obra. Me salgo.
Mi mujer
de nuevo pasa al ataque y me llama desde Santander, que lo del futuro proyecto
telefónico va mejor de lo que esperaba y por tanto se amplía la estancia por el
Norte, que siente mucho no poder estar conmigo, ni con sus hijos, pero es que
esta gente aprieta lo suyo. Mientras me cuenta todo esto, yo no dejo de
acordarme del hijo puta del Domínguez que si se hubiera quedado en le parto de
su madre, no se hubiera perdido nada. Tengo que continuar mi campaña de
intimidación ahora que me he enterado que anda otra persona metida de por
medio. ¿Mira que si al final descubro un lío de faldas?. Que como por el Norte
hay muchas vacas, no puede dejar de acordarse de sus hijos, de cuando eran
pequeños y hacían aquellas preguntas tan graciosas sobre la piel de estos
animales y de aquellas tetas tan gordas y los cuernos y las pezuñas y esas
bocazas todo el día rumia que rumia – muele que muele, decía ella -. Hay un
sitio que se llama Puente del Diablo que no puedo dejar de verlo, aunque sea lo
último que haga en esta vida. Creo que exagera, porque sitios bonitos habrá
tantos por ahí perdidos que la contemplación de cualquiera de ellos puede dar
lugar a pensar lo mismo. Sé, porque uno al fin y al cabo está instruido, que
Cantabria y en concreto Santander son de esos lugares que nos llama mucho la
atención a la gente del Sur, que nos quedamos extasiados con esos valles y ese
verde y sus montañas, pero tampoco hay que exagerar ¡eh!, que aquí tampoco
andamos mancos. En medio de la conversación, me dan impulsos de preguntarle por
su tierra, su hogar, su familia, su marido, pero me contengo porque me puede mi
orgullo y lo que me tenga que decir que me lo diga por propio impulso. Yo con
decirle la que estamos pasando en la oficina, ya tengo bastante. A mí no es que
me cabreen las cosas del Norte, esos paraísos que dicen poseer, lo que me
cabrea es no poder disfrutarlos. Que está allí mi mujer, también podría haber
estado yo de consorte contemplando el azul del mar, mientras que ella les
cuadra las cuentas a los de la telefónica, ¡digo yo!. En cambio estoy aquí,
aguantando todo el calor del mundo, las ocurrencias de Domínguez, la
incertidumbre del trabajo y sin mis hijos para hacerme compañía. Al final me
voy a tener que aficionar a eso de la interné – como hace más de uno por aquí
cerca -, para que los días se me pasen más rápido y para el año que viene ya
procuraré yo montármelo de otra manera porque ésta no me convence mucho. Hace
ya tanto tiempo que no tenemos unas vacaciones como Dios manda que maldita me
hace la gracia que los niños hayan crecido y que la mujer haya conseguido la
independencia laboral. Al final, mejores casas, mejores coches, pero para no
parar nunca ni en la casa ni en el coche. ¿Esto es vida?.
lunes, 24 de diciembre de 2012
¡Feliz Nochebuena!
324
—¿Qué tal D. José, preparando la cena?
—Para comérmela, Alba, yo no soy cocinilla. En un día como el de hoy, me ha parecido oportuno tomarme con vosotros un cafetito, que ya hace tiempo que no coincidimos.
—Ya lo creo, D. José, le estaba preguntado yo a Alba por lo mismo. ¿Es verdad que ha sido usted capaz de leerse “Las correcciones” de J. Franzen?
—¡Cómo eres, Gon!, claro que he sido capaz ¿o es que crees que dedicándome a esto no leo nunca?, tengo muchas cosas que hacer, pero también leo ¿qué te crees?
—Bueno, bueno, no se me enfade usted, hombre, que yo también he sido capaz de leerme “Olive Kitteridge” de E. Strout, que no es moco de pavo.
—Perdona, perdona, Gon, pero no es lo mismo…le hecho un capote, jefe, es que este muchacho…Franzen no es que escriba raro, es que es muy pesado, parece que le encargan los libros al peso, ni punto de comparación con el libro de Strout, que en apariencia es muy sencillo, pero eso es debido a lo bien escrito que está y a lo conciso.
—¡Gracias, Alba!, pero se me defender solo, no creas, mis obligaciones gestoriales me impiden estar tan al tanto como vosotros, pero hago lo que puedo, quizás más de lo que Gon pueda sospechar. Por Cierto Alba ¿cómo llevas la lectura de Colinas?
—Una maravilla, jefe, me ha parecido un perfecto regalo el que usted me ha hecho al permitirme conocer a un poeta en toda la extensión de la palabra.
—Al que tuviste el gusto de conocer en Vandalia.
—Así es, ya le digo que esa antología de poemas me ha dado una idea cabal de su obra.
—D. José, no es por nada, pero yo estuve el otro día en el homenaje a Onofre Rojano.
—Lo se, lo se, Gon…
—Presentó su libro “La ciudad transida”, y aquello estuvo de animado que no se puede usted imaginar. ¿Lo ha leído?
—Ya sabes que no es lo mío, Gon, pásale el libro a Alba que para eso lleva esa sección.
—¡Jefe!, tengo un atraso de no te menees en las lecturas; además como nos encargó usted lo de Bach, lo de Pablo Neruda y lo de Zoido…
—Vamos a ver, vamos a ver, Alba, no me líes.
—Eso Alba, no nos líes.
—Está bien: El concierto de la Misa en Si Menor de J.S. Bach a cargo de la Orquesta Sinfónica Hispalense y el Coro de la misma Universidad fue todo un lujo. De la película “El cartero y Pablo Neruda” ¿qué os puedo decir?, poesía en estado puro y en cuanto a la ocurrencia de la nieve artificial en la Plaza de San Francisco…cosa de los tiempos que corren, que ya puede nevar en cualquier parte…hasta en Sevilla..y ahora os tengo que dejar que he de comprar el pavo para esta noche..
FELIZ NOCHEBUENA.
—¿Qué tal D. José, preparando la cena?
—Para comérmela, Alba, yo no soy cocinilla. En un día como el de hoy, me ha parecido oportuno tomarme con vosotros un cafetito, que ya hace tiempo que no coincidimos.
—Ya lo creo, D. José, le estaba preguntado yo a Alba por lo mismo. ¿Es verdad que ha sido usted capaz de leerse “Las correcciones” de J. Franzen?
—¡Cómo eres, Gon!, claro que he sido capaz ¿o es que crees que dedicándome a esto no leo nunca?, tengo muchas cosas que hacer, pero también leo ¿qué te crees?
—Bueno, bueno, no se me enfade usted, hombre, que yo también he sido capaz de leerme “Olive Kitteridge” de E. Strout, que no es moco de pavo.
—Perdona, perdona, Gon, pero no es lo mismo…le hecho un capote, jefe, es que este muchacho…Franzen no es que escriba raro, es que es muy pesado, parece que le encargan los libros al peso, ni punto de comparación con el libro de Strout, que en apariencia es muy sencillo, pero eso es debido a lo bien escrito que está y a lo conciso.
—¡Gracias, Alba!, pero se me defender solo, no creas, mis obligaciones gestoriales me impiden estar tan al tanto como vosotros, pero hago lo que puedo, quizás más de lo que Gon pueda sospechar. Por Cierto Alba ¿cómo llevas la lectura de Colinas?
—Una maravilla, jefe, me ha parecido un perfecto regalo el que usted me ha hecho al permitirme conocer a un poeta en toda la extensión de la palabra.
—Al que tuviste el gusto de conocer en Vandalia.
—Así es, ya le digo que esa antología de poemas me ha dado una idea cabal de su obra.
—D. José, no es por nada, pero yo estuve el otro día en el homenaje a Onofre Rojano.
—Lo se, lo se, Gon…
—Presentó su libro “La ciudad transida”, y aquello estuvo de animado que no se puede usted imaginar. ¿Lo ha leído?
—Ya sabes que no es lo mío, Gon, pásale el libro a Alba que para eso lleva esa sección.
—¡Jefe!, tengo un atraso de no te menees en las lecturas; además como nos encargó usted lo de Bach, lo de Pablo Neruda y lo de Zoido…
—Vamos a ver, vamos a ver, Alba, no me líes.
—Eso Alba, no nos líes.
—Está bien: El concierto de la Misa en Si Menor de J.S. Bach a cargo de la Orquesta Sinfónica Hispalense y el Coro de la misma Universidad fue todo un lujo. De la película “El cartero y Pablo Neruda” ¿qué os puedo decir?, poesía en estado puro y en cuanto a la ocurrencia de la nieve artificial en la Plaza de San Francisco…cosa de los tiempos que corren, que ya puede nevar en cualquier parte…hasta en Sevilla..y ahora os tengo que dejar que he de comprar el pavo para esta noche..
FELIZ NOCHEBUENA.
martes, 18 de diciembre de 2012
Collage de verano (3)
323 ¿Qué le pasa a María, Gon?, que lo mismo se atrasa que se adelanta, pero en fin debe ser producto de las prisas de estos días, tú ya tienes preparado la siguiente entrega, así es, pues adelante que a Vero le va a dar algo y a Trini también se le nota algo inquieta, en eso estoy, Alba, lo dicho, por si llegamos tarde FELIZ NAVIDAD para todas, que así sea…
COLLAGE DE VERANO (3)
.../...Viene de Collage de verano (2)
Nos llega a todos los de departamento un correo electrónico firmado por los tres compañeros que se fueron de comisión por Cataluña y con la excusa se lo andan pasando de aupa, mientras nosotros aquí sacando las castañas del fuego, para que luego digan. Unas fotos preciosas, y la que más me impresiona de todo es una que le han hecho a unas pinturas de Dalí donde destaca por encima de todo dos pies que parecen estar andando sobre el cielo. Nuestros tres compañeros tienen el detalle de acompañar las fotos con una lectura – con esos pies para andar sobre el cielo se consiguen todos los sueños – que a mí me deja un tanto difuso de ideas porque no sé por donde van. Yo creo que en el fondo se están pasando unas vacaciones de puta madre, mientras que los demás aquí en el horno éste que tenemos por ciudad. Esta empresa es que no tiene arreglo, lo mismo se deja caer con esa comisión encubierta para favorecer a unos cuantos que nos tiene a todos sacrificados. ¿No podíamos repartir el verano entre todos? Así por lo menos nos quitábamos unos días del calor, pues ¡no señor! Aquí estamos al capricho de estos explotadores – porque no tienen otro nombre -, que para colmo son los que se llevan todos los beneficios. Cada noche sueño con el coche cargado hasta la corcha, con todos los bártulos en la baca y un camping esperándonos con la gente de un lado a otro chorreando agua, reliados en las toallas playeras. Con mucho verde alrededor -¡ya puestos!-, el mar a cincuenta metros al que se accede por un camino de tierra, un sendero de grandes setos tras de los cuales puede verse una pradera llena de vacas y artísticos pajares de forma cónica. Arenas finas y olas juguetonas donde echándole valor pasaríamos un rato inolvidable. Hay algunas nubes en el cielo provenientes de los montes cercanos, pero no le tendríamos miedo, puede hasta que llueva pero ya nos la arreglaríamos. Los niños jugarían en pandilla dentro del recinto, que no es demasiado grande y los mayores departiríamos amigablemente entre unas copas que parecen de sidra. Desde una plataforma próxima me atrevería a montarme en una parapente como acompañante y aunque lleve un nudo en la garganta durante todo el tiempo, lo que vería desde esa altura y a esa velocidad, no tiene precio. Otros decidirían pasear a caballo y los vería como hormiguitas que se mueven lentamente.
Suena el teléfono. Despierto. Por fin encuentro lo que buscaba: revolviendo un viejo archivador, me encuentro una carta de Florencio, al que no veo desde hace diez años. Me pongo enseguida en contacto telefónico con mis amigos “portugueses” por si aún estoy a tiempo de pasarles los datos encontrados y que pueden terminar por hacerme el favor que les pedí antes que se marchasen. La empresa tampoco resulta fácil porque Florencio, además de haberse especializado en cirugía también puede haber cambiado de domicilio, pero bueno si yo fuera él no cambiaría. La PraÇa da Figueira por lo que yo sé no es un lugar para abandonar fácilmente, pero en esas estamos, la vida da tantas vueltas que lo que hoy parece imposible, nos lo podemos encontrar mañana como un hecho consolidado. Doctor Florencio, quien me iba a decir a mí que aquel raposo que robaba brevas en las Huerta Los Pinos, se iba a convertir con el paso del tiempo en una figura del bisturí. Seguro que él no tiene problemas de veraneo, ni la mujer en el Norte, ni los niños en el Sur, ni los amigos en el Oeste, ni... ¿pero que digo? Me estoy volviendo carajote con tanto especular con las vacaciones. Esto debe ser efecto del cambio climático, seguro, yo antes no era así y sin vacaciones no es la primera vez que me quedo y he currado como el que más en la oficina y me han pasado cosas mucho peores y todas las he sobrellevado con gallardía, pero ahora es que no sé que me pasa que no soy capaz de sobrevivir en esta isla desierta que yo mismo me he montado. ¿No será que mi jefe me tiene abandonado y no me patea? Ahora que lo pienso lleva una temporada que está más dócil que un cordero. Tendré que hablar con él.
Domínguez viene a verme muy preocupado porque dice que ha recogido de su buzón dos correos, dos postales que le tienen sin vivir. A mí se me cae el bolígrafo de la mano y me pongo como un tomate colorado, casi sin reacción ni saber que decirle. “¿Dos postales?””¡Sí, dos postales!”.”Una – me dice – con un barquito de vela y un texto difuso y preocupante y la otra de París, haciendo alusión a lo de que bien vale una misa”. Me cuenta que van dirigidas a su señora, que prudentemente volvió a colocarlas en el buzón a la espera de una reacción por su parte, pero que no sabe que hacer, ni que medidas tomar. Yo, dentro de mi confusión le aconsejo prudencia y que espere, que puede tratarse de un error, de un concurso o de alguna propaganda de las que tanto abundan hoy día, pero él me derriba todos mis supuestos al instante de enviárselos, Insisto en que espere, que sea ella la que hable y le cuente . “¿Y si no habla? – me dice enfadado-“.Joder con mi ocurrencia! Éste con el cabreo de mi postal, seguro que no se ha fijado bien en la segunda. ¿Cómo puede ser la misma persona, si yo no he mandado más que una? La culpa la tuvo él, si no me hubiera pinchado, ahora que se fastidie. Lo malo es que viene a mí a contarme las cosas y yo no tengo valor para aclararle nada. Le sigo la corriente y ya está, con lo que estará sufriendo la pobre criatura. Como me llaman por la dos, aprovecho para decirle a Domínguez que luego seguiremos charlando, aunque lo que de verdad siento es que no sé como voy a salir de ésta. ¿De quién será esa segunda postal?
Mis hijos me cuentan que el asunto de las olas va de maravilla, que están más morenos que el año pasado por estas fechas y que un día si y un día no van con unos amigos hasta la Cala para ver el cine de verano a la orilla de la playa. Nos pusieron “Piratas del Caribe”.”¡Que suerte, una de piratas y en la orilla del mar””. Nada hijos a disfrutar de la vida que son dos días, que para eso estamos los mayores. Que si me acuerdo de aquel lugar donde se produjeron las inundaciones, llevándose el Paseo Marítimo. “Si, de la tele – les digo con recochineo –, pues que lo han dejado que no hay quien lo reconozca”.”Mira que bien, ¿Y cuando volvéis?”Que no saben – me responden -, cuando se les acabe el dinero”. Les recuerdo sus obligaciones de cara a los exámenes de Septiembre, pero no parecen demasiado afectados por ese evento, se ve que tienen dominada la situación. Tendré que hablar con su madre.
A Domínguez se la acrecientan los males -¡seré agorero!-. Ahora me cuenta que le ha llegado una nueva postal con una fuente que dice que está en la Plaza de la Constitución, pero no sabe de que pueblo, porque no le dio tiempo de más, antes que su mujer la quitase de en medio, pero con la misma firma, que eso si que la vio bien a las claras. ¡Ah!, y un sello con una foto el lince ibérico que dice que está en peligro de extinción. “¿Pero Domínguez, qué tiene que ver eso con lo que me está contando?”. “¡Hombre!. Era por si te servía de pista, tu que eres muy observador – me responde –“. Le pregunto sobre la actitud de su mujer, sino le dice nada al respecto cuando él le entrega las postales, me dice que él no se las entrega, lo deja todo encima de la mesita de entrada junto con la propaganda y los recibos del banco. Ahora sería el momento en que tendría yo que refregarle por la cara sus propias palabras, pero no soy capaz. Cuando me pinchan, tengo muy mala leche, pero luego en frío soy incapaz de hacerle daño a nadie. Yo estoy contento – con sus mijitas – con la mujer que me tocó en suerte; hemos conformado una familia y creo que nos entendemos en lo fundamental, por lo tanto no tengo motivos para pensar que me están engañando; la distancia siempre es muy traicionera y en cualquier momento te puedes encontrar con la sorpresa, no cabe duda, pero hay que confiar, tenemos que ser mejor pensados de lo que somos, sino no podríamos vivir, pero es que este Domínguez me saca de quicio.
.../...Continúa en Collage de verano (4)
martes, 11 de diciembre de 2012
Sierra de Mamede
322 Qué tarde se nos está haciendo, Gon, y que lo digas, Alba, es que llevamos una temporadita que ya, ya, y encima aparece otra oferta de apertura de tienda nueva, espero que a D. José le siga funcionando todavía el cerebro y no se le ocurra, pues no se yo que decirte, compañero del alma, seguro, seguro que se lo está pensando, aunque sea de pasada, dime algo de tu viaje por el Alentejo, ¡oh!, ¡qué maravilla, Gon!, Évora, Portalegre, Marvao, Monsaraz, Monsanto, Apalhao…una maravilla, conseguiste olvidarte de mí y del jefe por unos días ¿no es cierto?, hombre, de ti no tanto, pero del jefe si, no te quepa duda ¿sino de qué sirven las escapadas?, tienes razón, Alba, qué pregunta más tonta la mía, tienes que saber que anduvo por aquí Vero, ya me lo imagino, pues ya sabes, trabaja en tu relato, que la tienes enganchada, en eso ando Alba, pero es que me come la bulla, como a todos Gon, pero bueno, todo se andará, por cierto ¿qué tal se portaron tus amigos?, ¿con qué?, con tu cumple, ¡ah, el cumple!, nos lo pasamos divino, no te puedes imaginar, Gon, son una gente muy apañada y te hacen sentir bien, eso es bueno, ya lo creo, y además, Gon, a la vuelta me encontré que la gente de PsP me habían inundado el correo de felicitaciones, que también es de agradecer, y que lo digas, Gon, en fin, vámonos ya que es muy tarde…
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