La estancia es el duro mármol de una puerta trasera que nunca se abre, porque el edificio está en desuso. Tiene la ventaja con respecto a los cajeros automáticos, que no te despiertan a altas horas, ni te dan patadas en los riñones y con el albergue que no tienes que soportar los trepidantes ronquidos del compañero de arriba. Te levantas con las primeras luces o con el canto del mirlo, que utiliza como posadero matutino el balcón de la señora del primero que lo tiene como una jungla. Si no ha llovido demasiado, le das una vuelta al cartón-sábana y queda listo para la hora de la siesta, si fuera menester, o si no para cuando llegue la hora de acostarse – si es que llega .Ni que decir tiene que el tajo está cerca: en cuanto queda un hueco libre de aparcamiento, te colocas la gorra (amarilla), el paraguas en el antebrazo y el silbato entre los labios. No hay que olvidar una vuelta por los contenedores por si se puede mejorar la oferta del ajuar: el último cartón-edredón resultó demasiado pesado y aunque aislaba de la humedad, hacía sudar lo suyo. A la una hay que estar en la cola del comedor y por la tarde conviene dar una vuelta por el Más y Mas que dicen los colegas que hay ofertas de tetra-brik. Y mañana hay que madrugar, que las monjas del hospicio reparten ropa. Lo de los cartones tendrás que dejarlo porque cada vez que reúnes una carga, te la terminan robando; lo tuyo es aparcar coches, que es trabajo limpio. Y déjate de sutilezas en tu estancia que como la pongas demasiado atractiva, terminarás perdiéndola: ya sabes como es la gente. Apáñate con los cuatro cartones y no te preocupes por el desahucio, que se trata de un edificio oficial. Buenas noches.
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lunes, 29 de diciembre de 2014
Cuatro cartones
La estancia es el duro mármol de una puerta trasera que nunca se abre, porque el edificio está en desuso. Tiene la ventaja con respecto a los cajeros automáticos, que no te despiertan a altas horas, ni te dan patadas en los riñones y con el albergue que no tienes que soportar los trepidantes ronquidos del compañero de arriba. Te levantas con las primeras luces o con el canto del mirlo, que utiliza como posadero matutino el balcón de la señora del primero que lo tiene como una jungla. Si no ha llovido demasiado, le das una vuelta al cartón-sábana y queda listo para la hora de la siesta, si fuera menester, o si no para cuando llegue la hora de acostarse – si es que llega .Ni que decir tiene que el tajo está cerca: en cuanto queda un hueco libre de aparcamiento, te colocas la gorra (amarilla), el paraguas en el antebrazo y el silbato entre los labios. No hay que olvidar una vuelta por los contenedores por si se puede mejorar la oferta del ajuar: el último cartón-edredón resultó demasiado pesado y aunque aislaba de la humedad, hacía sudar lo suyo. A la una hay que estar en la cola del comedor y por la tarde conviene dar una vuelta por el Más y Mas que dicen los colegas que hay ofertas de tetra-brik. Y mañana hay que madrugar, que las monjas del hospicio reparten ropa. Lo de los cartones tendrás que dejarlo porque cada vez que reúnes una carga, te la terminan robando; lo tuyo es aparcar coches, que es trabajo limpio. Y déjate de sutilezas en tu estancia que como la pongas demasiado atractiva, terminarás perdiéndola: ya sabes como es la gente. Apáñate con los cuatro cartones y no te preocupes por el desahucio, que se trata de un edificio oficial. Buenas noches.
lunes, 22 de diciembre de 2014
Cine
Imagen tomada de la red
Asistir en Sevilla a los encuentros con el Cine Club Vida es como asomarse a otra dimensión. Desde el increíble encanto del padre Alcalá, pasando por la intervención de sus colaboradores, así como la del público entendido, hasta la proyección de las películas, todo queda en ese halo mágico que necesita el cine para disfrutarlo.
Y de esa manera, he tenido la ocasión de estar presente en la sesión dedicada al Aniversario de la 1º guerra mundial, en su segunda parte. Ello me permitió descubrir la película Los que no fuimos a la guerra de Julio Diamante del año 1962. Me dio mucha alegría descubrir que estaba basada en una novela de Wenceslao Fernández Flórez y mucha más alegría descubrir a este director y a esta película. Un sainete costumbrista con un amplio elenco de actores españoles. Para no perdérsela.
Los que no fuimos a la guerra
http://youtu.be/bPzxMa_Gx2o
Lauren Bacall fue la protagonista de la 2ª película de la que les quiero hablar: Cayo Largo, del año 1948. Magnífica, no hay mejor palabra para definirla. Ya la conocía y recordaba cada secuencia como si la hubiese vivido —y eso siempre es buena noticia—. El blanco y negro me fascina y Humphrey Bogart pasar por ser uno de mis actores favoritos. El Comité de Actividades Antiamericanas, o sea, la caza de brujas, tuvo mucho que ver en la producción de esta película. Si aún no la conocen, les recomiendo que no se la pierdan.
Cayo Largo
http://youtu.be/bs7Go24Rd8o
El tercer filme en cuestión es Los limoneros, dentro del ciclo ¿”Nuevas fronteras”? Exquisito largometraje de Eran Riklis, que pone el dedo en la llaga que tanto nos duele como seres humanos: la eterna lucha entre Israel y Palestina. Producida en 2008 cautiva por la gran interpretación de Hiam Abbass (protagonista) y según nos dice el propio padre Alcalá “El filme trasluce su postura pacifista en una situación límite que roza la inverosimilitud, aun respetando el límite de la credibilidad artística”. Así que ya lo saben, puesto que lo que diga Manuel Alcalá a este respecto, va a misa.
Los limoneros
http://youtu.be/bi6HcoWSvuc
Por último mencionar, dentro de este mismo ciclo, la película Nada que declarar, del año 2010, del director Danny Boon. Para pasar un rato divertido con una comedia que pone de manifiesto como se las gastan los franceses y los belgas con los nacionalismos. Tengo la experiencia personal de haberla visto en una sala comercial y lo cierto es que la disfruté de lo lindo.
Nada que declarar
http://youtu.be/YNljbNJDZRw
Asistir en Sevilla a los encuentros con el Cine Club Vida es como asomarse a otra dimensión. Desde el increíble encanto del padre Alcalá, pasando por la intervención de sus colaboradores, así como la del público entendido, hasta la proyección de las películas, todo queda en ese halo mágico que necesita el cine para disfrutarlo.
Y de esa manera, he tenido la ocasión de estar presente en la sesión dedicada al Aniversario de la 1º guerra mundial, en su segunda parte. Ello me permitió descubrir la película Los que no fuimos a la guerra de Julio Diamante del año 1962. Me dio mucha alegría descubrir que estaba basada en una novela de Wenceslao Fernández Flórez y mucha más alegría descubrir a este director y a esta película. Un sainete costumbrista con un amplio elenco de actores españoles. Para no perdérsela.
Los que no fuimos a la guerra
http://youtu.be/bPzxMa_Gx2o
Lauren Bacall fue la protagonista de la 2ª película de la que les quiero hablar: Cayo Largo, del año 1948. Magnífica, no hay mejor palabra para definirla. Ya la conocía y recordaba cada secuencia como si la hubiese vivido —y eso siempre es buena noticia—. El blanco y negro me fascina y Humphrey Bogart pasar por ser uno de mis actores favoritos. El Comité de Actividades Antiamericanas, o sea, la caza de brujas, tuvo mucho que ver en la producción de esta película. Si aún no la conocen, les recomiendo que no se la pierdan.
Cayo Largo
http://youtu.be/bs7Go24Rd8o
El tercer filme en cuestión es Los limoneros, dentro del ciclo ¿”Nuevas fronteras”? Exquisito largometraje de Eran Riklis, que pone el dedo en la llaga que tanto nos duele como seres humanos: la eterna lucha entre Israel y Palestina. Producida en 2008 cautiva por la gran interpretación de Hiam Abbass (protagonista) y según nos dice el propio padre Alcalá “El filme trasluce su postura pacifista en una situación límite que roza la inverosimilitud, aun respetando el límite de la credibilidad artística”. Así que ya lo saben, puesto que lo que diga Manuel Alcalá a este respecto, va a misa.
Los limoneros
http://youtu.be/bi6HcoWSvuc
Por último mencionar, dentro de este mismo ciclo, la película Nada que declarar, del año 2010, del director Danny Boon. Para pasar un rato divertido con una comedia que pone de manifiesto como se las gastan los franceses y los belgas con los nacionalismos. Tengo la experiencia personal de haberla visto en una sala comercial y lo cierto es que la disfruté de lo lindo.
Nada que declarar
http://youtu.be/YNljbNJDZRw
lunes, 15 de diciembre de 2014
El Chorro
No hace mucho estuve en El Chorro. Hacía tiempo que no paseaba por ese mítico paraje de la provincia de Málaga, y desde el primer momento mi mente estuvo puesta en aquel año de 1990 en el que DRIADES pisó el Desfiladero de los Gaitanes. Los niños, vivieron aquellos días como siempre suelen hacerlo cuando se les saca de la rutina —puede que algo les haya quedado en su memoria—, y los adultos quedábamos extasiados con la belleza que nos rodeaba: el río Guadalhorce, las paredes en vertical con oquedades misteriosas, la vegetación, el vuelo de los buitres. Y por encima de todo, aquel Caminito del Rey, del que habíamos oído hablar, pero que hasta que no lo vimos, no lo creíamos. Labrado sobre la verticalidad, con apenas una tímida valla que separaba al individuo del abismo, impresionaba contemplar hasta donde llega la capacidad humana. Este camino de unos 3 kilómetros de longitud tiene una parte vertiginosa, de barras de acero y hormigón clavadas en la pared vertical y un puente sobre el mismo desfiladero sobre el canal de agua (Esto último lo dice la Wiki ). Se de buena tinta que esta obra se hizo para satisfacer el gusto de Alfonso XIII, que a la sazón había venido a Álora-Ardales a inaugurar una presa. No quiero ni pensar lo que sufrirían los obreros para la culminación de semejante “caminito”. El sábado pasado, por cierto, tuve ocasión de estrechar mis manos sobre el cuerpo del rey, en forma de estatua: hay una representación a tamaño natural, nada más y nada menos que en la Punta de Europa, en Nerja. Pero en fin, a lo que iba, todo lo que rodea al denominado Parque Ardales es digno de una sosegada visita, porque allí tienen cabida tanto los aventureros: Caminito, barranquismo, paredes que trepar, monte Huma, como los amantes de la cultura o los paseos en canoa: Bobastro, el lago, sendero de los Gaitanes. He visto mucho ambiente, de gente que le gusta alejarse por unas horas, o por unos días de las ciudades. El turismo rural sigue vigente a pesar de la crisis. Y ya, para rematar la estancia, es más que curioso dejarse caer por Carratraca para saborear la original forma de servir comida que tienen por Casa Pepa. Madre mía, lo que dan de si ocho euros.
martes, 9 de diciembre de 2014
Quedó sin pétalos la rosa
—ofrecida en bandeja de plata
a mis instintos—.
Miré el cielo y llovieron
espinas. Heridas abiertas
compiten con la flor, serpentean
hilillos de vida.
Murió el canal transmisor,
carcelero sin llave maestra,
marchó el caballero a la guerra.
Carnes que fueron de fiesta
palidecieron, presionadas por cintos.
Mi boca, reseca por la ausencia
ya no tiene brocal, ni sabe
aguardar otra primavera.
Bebí del agua salobre
Y ahora
mendigo en la arena
un manantial donde empapar
la lengua.
lunes, 1 de diciembre de 2014
Sobre libros y lecturas
Quiero contarles lo último que ando leyendo por uno u otros motivos.
Empezaré por el correspondiente a la Tertulia de la Casa del Libro de Sevilla. Les hablo de El cerebro de Andrews, del escritor norteamericano E.L. Doctorow. De entrada el primer párrafo es ya para agarrar el libro y no soltarlo hasta llegar a la última línea. Magistral manera de comenzar una novela. Destaca también la ausencia de guiones en los diálogos —todo el libro es un diálogo, desde la primera palabra— y sin embargo se entiende todo de forma tan natural, que no se echan de menos ni por asomo. La historia, bien narrada, es dinámica, creíble y con grandes dosis de humor, lo cual es de agradecer cuando el siquiatra anda de por medio o los vericuetos de nuestro cerebro están en entredicho. Creo que se trata de un ejercicio literario en el que nuestro propio cerebro tendrá que descubrir quienes son los personajes e incluso si son de carne y hueso. Intrigante y atractivo.
El segundo libro que traigo a la palestra es la obra de de Stefand Zweing, Veinticuatro horas en la vida de una mujer. Tengo el honor de coordinar una tertulia literaria en la Casa de las Sirenas, en Sevilla, y fue propuesto este libro por uno de los contertulios. Para mí fue una sorpresa, más que agradable, puesto no conocía a este autor, y ello es debido a que fue un autor maldito en su época ( 1881-1942 ). La obra que les cuento tiene un arranque similar a la anterior, pero a diferencia del libro de Doctorow, enseguida se mete el narrador en tratar de darnos su opinión sobre determinadas conductas de la condición humana. Y ahí es donde duele. Deje usted, señor, que el lector saque sus propias conclusiones, que se haga preguntas, que tenga dudas. Era otra época y la narrativa se desenvolvía por otros cauces; todo es comprensible. Tiene la virtud de estar narrado en primera persona, con lo que la cercanía se percibe, se masca. La historia es interesante —siempre lo es cuando el amor anda de por medio—, y tiene pasajes deslumbrantes. Otra virtud, a mi modo de entender esto de la novela, es que tiene poco más de cien páginas. Y eso conlleva una tarea ardua para contar lo que se quiere, prescindiendo de todo lo superfluo, a menos que haya necesidad de pasar báscula antes de la publicación.
Y por último, les quiero hablar de El club Dumas, de Arturo Pérez Reverte. Un libro que no es nuevo, pero que ahora ha caído en mis manos porque ando empeñado en un proyecto que tiene que ver con una serie de escritores españoles, entre los que se encuentra Reverte. Por tanto, decía, lo he leído y me ha resultado complicado hacerme con los mandos de la lectura puesto que el autor se encarga de dotar al relato del suficiente misterio para que las cosas se vayan complicando y no sepamos a ciencia cierta cual es el Norte de la novela. Reverte es especialista en crear ambientes para atrapar tanto al lector como a sus propios personajes, así que entre buenos, malos y gente que no se sabe muy bien de que lado están, se nos van colando las páginas intrigados por saber hasta donde llegará el afán detectivesco del cazador de libros. Con el diablo de por medio y una serie de láminas a interpretar me he formado tal lío, que tan solo me ha quedado claro lo banal: él, ella y la aventura de la vida misma. Demasiado trasiego para mis entendederas.
Y eso es todo, amigos. A leer y a disfrutar, que es de lo que se trata.
lunes, 24 de noviembre de 2014
Cuatro mujeres, cuatro poemarios.
Que nadie se asuste de lo que ve. Es la página de Arruillo, la de J.R.Infante, la que tiene ante sus ojos, solo que con una lavado de cara, porque todo es necesario. Alba y Gon dejan paso a este nuevo modelo que hoy comienza. Aplausos para ellos por los servicios prestados.VERÓNICA CALVO
Y ahora, a lo que vamos. Verónica Calvo, es la primera de las poetas de las que hoy quiero hablar. Ella presentó en su tierra —Madrid— un poemario, Las pequeñas esencias, editado por 2deLetras, del cual tengo un ejemplar en mi mesa de lecturas para ir saboreando poco a poco esas esencias que nos regala Vero como lo hace el rosal cuando le llega la primavera. Una delicia.

NURIA DE ESPINOSA
Nuria de Espinosa, es otra poeta que conocí en PsP y que saca a luz, allá en Rubí, la tercera edición de “El silencio de la luna”, editado por Dédalo. Y en ello estoy: mirando la luna desde mi azotea, o contemplándola por las mañanas cuando salgo al trabajo. Nuria se adhiere, una vez más, a causas solidarias con su poesía, y eso siempre es de agradecer.
MARÍA JOSÉ COLLADO
Mi amiga María José Collado, sufre estos días una tormenta de otoño por los fuertes vientos que soplan por la calle Levíes, pero es de suponer que el temporal amaine, y la razón se imponga. Aún la lumbre es un poemario, editado por Ediciones en Huida, que viene acompañado de un cedé con canciones adaptadas de su poemario. Asistí a su presentación en el Círculo Mercantil de Sevilla y María José nos estuvo leyendo parte de sus creaciones. Me falta disfrutarlo reposadamente. Todo llegará.

Y por último, Antonia María Carrascal. Ella, presenta mañana martes, a las 19h, en la Casa de la Memoria de la calle Cuna sevillana, El hombre que te habita, editado por Autores Premiados. Antonia está dotada de ese don especial que poseen los poetas para llegar al lector. Cuida lo que hace y mima con esmero cada verso. Por eso le deseo toda la suerte del mundo para este, su nuevo poemario que mañana presenta y que ya está en las librerías.

Así que no se que tiene este otoño que ha venido cargado de poesía. Y hay más, claro que hay más —a Trini Reina quiero verla pronto recuperada—,pero me quedo con ellas cuatro porque son las que mas cercanas tengo en cuanto a libros se refiere, y quiero hacerlo extensivo, para que todos los que por aquí pasan, puedan conocerlas.
Y en medio de todo esto, Don Giovanni en el Maestranza. Aprovechando ese momento previo al estreno oficial, me colé entre bambalinas y disfruté del bell canto como un niño mirando por una cerradura. Que bien huelen y qué bien suenan esas paredes, a pesar de los veintidós años transcurridos. ¡Ah!, también me asomé al Festival Iberoamericano de Huelva. Me presentaron a Neruda. Fue una estampa, pero qué bella.
lunes, 10 de noviembre de 2014
En bici por las arenas
414 Vaya la que has liado con la quema del coche, Gon, a mí que me registren, daños colaterales, dueño inconsciente, ya te digo, Alba, que yo no se nada, está bien, al menos sabrás que te buscaron: María, María J. Collado, Conchi y Rafa, claro que lo se, y también nos dejó su tarjeta Katrina, que bienvenida sea, ¿y ahora qué?, lo que tu digas, Alba, lo que diga D. José, que es quien me ha encargado esto:
Un buen día tres amigos, amantes de la bicicleta, deciden emprender una pequeña aventura partiendo desde Dos Hermanas en Sevilla a finales de un mes de Agosto. Cargan sus vehículos con lo necesario para pasar una noche a la intemperie y las primeras pedaladas en bicicleta todo terreno se dirigen hacia el Parque Periurbano de La Corchuela. Antes de llegar a las inmediaciones del Brazo del Este, Antonio sufre el primer percance mecánico que se solventa con una chapuza de la mano de Manolo: las pocas herramientas que llevaban no sirvieron para nada, ¡donde va un buen alambre!—dijo Manolo, grandes extensiones de cultivo, llanuras, pocos paisanos y muchas aves por entre las zonas inundadas. A la altura de un eucaliptal, reponen fuerzas, tirando de la mochila. Cabalgan a gusto hasta que llegan a la orilla del Guadalquivir, donde el viento de frente se interpone para los intereses de los aventureros. Nueva parada, nuevo intento de reparación mecánica y larguísimo camino bordeado de árboles y sin un alma en los alrededores. El río presenta un aspecto terroso, de agitación y algún que otro pescador tienta a su suerte en sus orillas. Tras atravesar unas obras con intenso tráfico pesado, llegan a los pinares de La Algaida para —con el santo de cara— topar con un manguera milagrosa que utilizan de ducha; unos pinos cercanos propician una sombra idónea para engullir el bocata, pero cuando ya se hallan los tres dispuestos a hincarle el diente al sabroso manjar, se dan cuenta que se hallan invadidos por una colonia de moscas que no están dispuestas a ser meras espectadoras, así que de prisa y corriendo, lo recogen todo y deciden comer mientras pedalean.
Así discurre el almuerzo y entre camino de asfalto y camino de arena llegan hasta Bonanza donde un buen refresco azucarado viene a aliviar el esfuerzo. Las indicaciones de un parroquiano les llevan hasta el muelle, donde ni cortos ni perezosos alquilan una embarcación de pequeñas dimensiones que los lleva a la otra orilla del Guadalquivir en pleno Parque Nacional de Doñana. A partir de aquí comienza una auténtica odisea puesto que la arena comienza a cobrar tributo y avanzar sin quedarse anclado era poco menos que imposible. Llegan los jabalíes dispuestos a que se les propicie alguna golosina ya que están acostumbrados a lo que le dan los bañistas. Al tiempo que se adentran en la orilla del mar descubren las dunas y poco a poco se queda atrás la desembocadura del Guadalquivir. Antonio tiene serias dificultades con la bici, por lo que decide echar pie a tierra y caminar empujando su vehículo; Manolo termina por hacer lo mismo; por el contrario Pepe se muestra más enérgico e insiste en permanecer en lo alto de su bicicleta, se adelanta unos metros y aprovecha la caída de la tarde y la soledad del instante, se detiene, se desnuda y se mete de cabeza en las olas que lo están llamando a gritos. Se puede palpar en el ambiente la grandiosidad de todos los alrededores. Terminan de pasar los últimos pescadores en un todoterreno, así como los microbuses de turistas.
Las dunas son toda una tentación para quedarse a pasar la noche, pero una patrulla de la Guardia Civil, les disuade del intento, aunque tampoco pone demasiadas pegas a que continúen su avance hacia Matalascañas. Especulan con la hora y el camino que resta por recorrer —la noche es ya una realidad— y una luna redonda, como foco luminoso acapara todo el protagonismo del instante. La temperatura es ideal, el silencio lo rompe las olas del mar y las dunas están pidiendo a gritos que les hagan compañía, pero como el cansancio comienza a hacer mella, las ideas no fluyen de manera adecuada.
Los tres amigos continúan a pie, empujando las bicis, hasta llegar a la civilización y ya sobre el asfalto, buscan el chalé de un amigo donde les espera una reconfortante ducha y un colchón donde descansar. Han pasado 18 horas desde que salieron del punto de origen y al día siguiente toca regresar a Sevilla.
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