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EL FINAL DE LA HISTORIA.- Lydia Davis //Alpha Decay//
“La última vez que lo vi, sin saber que sería la última, yo estaba sentada
en la terraza con una amiga y él cruzó la verja, sudando, con la cara y el
pecho colorados, y el pelo húmedo, y se paró a hablar con nosotras, muy amable.
Se acuclillaba en el suelo de cemento rojo, o se apoyaba en el filo de un banco
de madera.”
Así comienza este libro excepcional de Lydia Davis, nacida en Massachusetts
en 1947, y de la que añado los datos que figuran en la Wikipedia para general
conocimiento de quien tenga ganas de llegar al final de esta breve reseña, o lo
que sea.
Si lo traigo a colación es porque me ha llamado mucho la atención lo
subjetivo que puede llegar a
ser la
lectura de un libro. Cada uno de nosotros podemos ver las cosas de maneras tan
distintas que, que según mi criterio, es lo que hace interesante el libro.
Hablo, claro, desde la perspectiva de una tertulia literaria, en la que todos
nos hemos leído con atención el libro. A quién le guste una lectura donde se
ponga de manifiesto los sentimientos de los personajes que por ella pululen,
por encima de cualquier otra consideración, están en las páginas adecuadas. En
este caso, se trata de un único personaje, la protagonista, pero es que
transmite de tal manera lo que siente, lo que sufre o goza, que están de más
todas las circunstancias externas. Lo que importa es cómo se siente uno, luego
de haber pasado o estar pasando por tal o cual experiencia. Tiene mucho de
poético, aunque no deja de ser una obra en prosa. Por el contrario los que
busquen la acción, el enterarse qué pasó en aquella visita que la protagonista
hizo o dejó de hacer, o si la historia tiene un desenlace adecuado, van mal
encaminados, porque, ya digo, son las tripas quienes hablan, no la cabeza. La
autora acostumbrada al relato corto, no tiene ningún problema con la construcción
de las frases, se le entiende muy bien, lo complicado quizás estribe a la hora
de preguntarse qué nos ha querido contar que no nos hayan contado antes. O tal
vez ¿esa forma de contarlo es distinta? ¿Encierra alguna originalidad? Ahí
estamos y ahí lo dejamos para que cada cual al leer el libro siga sacando sus
propias conclusiones. Yo, me limito a recomendarlo.

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Davis es hija de Robert Gorham Davis, profesor de inglés, y de Hope Hale
Davis. Estudió inglés y latín; estuvo un año en Austria y aprendió alemán.
Estuvo casada con
Paul Auster, entre 1974 y 1978, y tuvieron un hijo,
Daniel Auster. Luego, se casó con el artista Alan Cote, y de esa unión nació
Theo Cote.
Recibió un fuerte influjo inicial de
Samuel
Beckett, al que estudió de muy joven. Su padre era profesor de inglés, y
conoció así a un escritor muy diferente de lo que había leído (en la primera página
encontró: “I’m lying here. I’ve dropped my pencil”). Ya de estudiante superior,
fue leyendo novelista tras novelista; Nabokov, Thomas Hardy, George Eliot,
Dostoevsky o Joyce, y siguió con voracidad lectora.
Es profesora de creación literaria en la Universidad de Albany
(SUNY). Además de escribir, ha traducido del francés toda su vida, entre otros,
a escritores y ensayista como
Vivant
Denon,
Gustave Flaubert,
Marcel
Proust,
Maurice Blanchot,
Michel
Leiris,
Pierre-Jean Jouve o
Michel
Foucault.
Davis ha publicado seis libros de cuentos habitualmente breves (o
brevísimos), con un toque de humor, entre los que destacan:
The Thirteenth
Woman and Other Stories (1976),
Break It Down (1986) o
Varieties
of Disturbance (2007). Han aparecido varias antologías suyas; y en 2009
recopiló sus cuentos en
The Collected Stories of Lydia Davis, traducida
al español.
Se dice que sus relatos son poéticos, filosóficos, prosas varias o
simplemente retratos de vidas a menudo derrotadas. Es conocida asimismo como
crítica literaria.
Davis es miembro de la
American Academy of Arts and
Sciences desde 2005. Ganó el MacArthur Fellows Program, de 2003; y fue
finalista del National Book Award Fiction, en 2007. Por sus traducciones ha
sido galardonada en Francia.