Cada mañana ocupan los cincuenta centímetros más fríos de todo el umbral, pero no importa: con las mochilas depositadas en batería y los labios pegados tras la intimidad de una gorra "Nike", saludan las primeras luces del alba esperando que suene la alarma del móvil para incorporarse a la primera clase del día. A veces semejan virginales estatuas que esculpiera algún afamado artista: no importa nada, no se mueve un solo músculo, permanecen abrazados como si la vida les fuese en ello; otras cuchichean frases imperceptibles al resto de los mortales, en un lenguaje peculiar creado para entenderse tan sólo ellos. En época de exámenes mantienen en alto unos cuantos folios, tratando de hacer pasar los conceptos fundamentales desde la mano al cerebro, imitando al mejor de los ilusionistas del mundo. Pero sus ojos son otra cosa: desprenden un brillo especial, un halo embriagador que nos llega a todos los que pasamos por delante de ellos, haciendo como que no los vemos, pero sintiendo como se nos anima la rama juvenil que aún conservamos dentro.
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martes, 23 de junio de 2015
Jóvenes
Cada mañana ocupan los cincuenta centímetros más fríos de todo el umbral, pero no importa: con las mochilas depositadas en batería y los labios pegados tras la intimidad de una gorra "Nike", saludan las primeras luces del alba esperando que suene la alarma del móvil para incorporarse a la primera clase del día. A veces semejan virginales estatuas que esculpiera algún afamado artista: no importa nada, no se mueve un solo músculo, permanecen abrazados como si la vida les fuese en ello; otras cuchichean frases imperceptibles al resto de los mortales, en un lenguaje peculiar creado para entenderse tan sólo ellos. En época de exámenes mantienen en alto unos cuantos folios, tratando de hacer pasar los conceptos fundamentales desde la mano al cerebro, imitando al mejor de los ilusionistas del mundo. Pero sus ojos son otra cosa: desprenden un brillo especial, un halo embriagador que nos llega a todos los que pasamos por delante de ellos, haciendo como que no los vemos, pero sintiendo como se nos anima la rama juvenil que aún conservamos dentro.
lunes, 15 de junio de 2015
Pandorga
Inmerso en la lectura del libro Anaconda de Horacio Quiroga,
editado por Alianza editorial en 1981, me encuentro con una palabra que hacía
mucho tiempo que no la había escuchado: pandorga.
No es una palabra cualquiera. A mi me trae el frescor de las
tardes de verano cuando correteaba mis ocho o diez años, allá en el Llano Barrio de Paymogo.
Ninguno de los adelantos técnicos al uso se habían inventado aún y por tanto la
chavalería agudizábamos el ingenio para disfrutar de lo que tocaba: la
infancia.
Aquellas pandorgas fabricadas por nosotros mismos, con
cañas, papel de estraza, metros de hilo y trapos de colores subían y subían
hasta las nubes con los mensajes de ilusión que les íbamos enviando. Páginas de
una vida que ahí quedó.
Ahora, mi admirado Quiroga, me recuerda en su cuento El
Divino que ese término con el que se denomina a la cometa era utilizado en su
época en Misiones, en la frontera con Brasil, cumpliendo el mismo objetivo que
en mi pueblo de origen, situado a miles de kilómetros, océano de por medio. El
lenguaje carece de fronteras e incluso se resiste al paso del tiempo. El
diccionario de la lengua española aún lo recoge en su seno, en su apartado 3: Cometa que se sube en el aire. Cuánto
disfrutábamos entonces y cuánto disfruto ahora con la lectura de este cuento de
Quiroga, que al margen de término, nos da una muestra más de su extraordinaria
forma de entender el relato.
De este modo, fue
menester que Howard sostuviera de pie al Divino, mientras el tambor comenzaba
su piruetesco acompañamiento, y la comitiva cantaba:
Aquí está el Divino
que te viene a visitar.
que te viene a visitar.
Dios te dé la salud
que te va a cantar.
que te va a cantar.
El Divino que está ahí
te va a curar
y el señor reciba
mucha felicidad.
te va a curar
y el señor reciba
mucha felicidad.
Santo alabado sea
el señor y la señora.
el señor y la señora.
Que el Divino les dé
felicidad.
Una pandorga que lanzada al aire de aquellos años —¿sería
esta una de mis peticiones?—, me ha llevado al encuentro de este relato con el
que me he permitido el lujo de soñar.
lunes, 8 de junio de 2015
Blogs amigos
La transmisión del conocimiento a través de los blogs se ha
generalizado tanto, que rara es la mañana que no le dedico su espacio para
consultar que me ofrecen las páginas de mis favoritos. Entro, leo, comento y
por lo general disfruto con este quehacer, que a su vez me sirve de inspiración
a mí mismo para las propias entradas de blog, como es la que nos ocupa.
Hago mención, sin ningún orden establecido, a blogs como los
de Verónica Calvo,
Tinta de sueños, en los que siempre encuentro algún poema
que me gusta o alguna referencia bibliográfica digna de tener en cuenta.
A Conchi, en su Espíritu sin nombre, para darme un paseo
virtual, y en ocasiones recordatorio de puntos de nuestra geografía que no hay
que perderse.
A Marisa, que desde su Xanela literaria, me ofrece siempre
un buen ramillete de versos de exquisita factura.
A María, desde Algo más que palabras, en una línea
sensual-erótica, que más de un disgusto le ha costado, pero que no le hacen
amedrentarse en absoluto y ahí sigue, firme con sus ideas.
A Antonia María y su Corazón del verbo, haciéndome que me
sienta siempre con ganas de seguir bebiendo de su fuente poética.
A María José Collado, desde El mirador de las estrellas.
Buena amiga y excelente trabajadora de la rima, que no cesa en su afán de transmitir
y participar en eventos relacionados con el mundo de la poesía.
A José Valle y sus Eclipses, incansable comentarista, que
siempre tiene la palabra justa para darme ánimos. Sus poemas rayan la
perfección.
A Araminta y El decir de las palabras. Aunque publica de
tarde en tarde, me encanta su forma de narrar y le estoy muy agradecido por su
amistad.
A Amparo con sus Jazmines abandonados. Me cuenta historias
de la vida cotidiana, de esas que a mí me gusta y por supuesto le busca los
tres pies al gato.
A Rafa, Pequeño animal en disturbio, como él mismo se
autodefine, que busca llegar algo más lejos a través de sus versos. Savia
joven.
A Lou, que desde su Pálida sonrisa, me da muestras una y
otra vez de la sensibilidad a la hora de trasmitir pensamientos.
A Lorena y Raquel en Noviembre sostenido, como muestra de
que los aspectos cotidianos de nuestra vida son dignos de tener en cuenta.
A Carlos Caro, que a través de Cuentos de hoy, me hace
disfrutar con su exquisita prosa, al tiempo que aprender términos del otro lado
del charco para mí desconocidos.
A Nuria y Entre luces y sombras: entrañable poeta, activista
de la palabra, todo un ejemplo de mujer trabajadora.
A Trini Reina, que me tiene enamorado con su delicadeza a la
hora de construir los poemas. Mujer que admiro y a la que deseo una
recuperación total.
Hasta aquí mis referencias de Blogger. Se quedan en el
tintero mis amistades de Palabra sobre Palabra, Tus Relatos, Facebook, Twiter y
Me gusta escribir, a los que sin duda, les debo un reconocimiento específico y
que llegado el momento, les dedicaré una entrada.
martes, 2 de junio de 2015
Será el fragor del arroyo
Será el fragor del arroyo
o la liviana caída del
otoño,
el inevitable
ataque hertziano,
o el último recodo de la
calle.
El azul
que baña el cristalino,
los muros ignotos que
susurran
larga epifanía de
noches,
el perfume adosado al
pecho
o la vibrante
transparencia.
El dominio,
cuerpos de goma, gigantes
de pie de barro. Laurel
sobre emanaciones de
jazmines.
El filo de una mirada
que provoca borbotones
de leucocitos,
accidentes gramaticales.
No sé.
Y no sé
en que manantial bebió
aquel señor —untado de
pez—
de las inmaculadas sombras.
Quiero olvidar la lluvia
de volcanes,
tempestad de muslos,
tormenta de labios,
sed de ojos cautivos.
Sacaré el hollín de los
poros
de mi piel
y dejaré que las
estrellas
jueguen con mi desnudez.
miércoles, 27 de mayo de 2015
Limones y mandarinas
Esta semana he tenido ocasión de visionar la película
Mandarinas de Zaza
Urushadze.
El asunto va
del conflicto armado entre Chechenia y Georgia y se desarrolla toda ella en un
mismo escenario, que no es otro que una plantación de naranjos. Tratada con una
delicadeza exquisita, no deja de mostrar todo el horror de la guerra, puesto
que cuando nos encontramos con un caso particular de cualquier conflicto es
cuando se nos encienden las lucecitas de alarma, que todos tenemos, pero que
así visto a lo grande y en la distancia es que como si no las tuviésemos. Por
eso hay que verla. Por eso y por la gran interpretación de Lembit Ulfsak, en el papel de Ivo, que desde
la sabiduría que da su barba blanca, lleva con toda entereza la locura de los
acontecimientos.
Esta película me ha llevado a recordar a aquella otra: Los limoneros de Eran Riklis que vi hace algún tiempo y que también me dejó la huella de los Films de categoría. En aquella ocasión era una mujer, Hiam Abbas, en el papel de Salma, una viuda palestina que trabaja su campo de limoneros y linda, nada más y nada menos, con una residencia del ministro de defensa israelí. Otra joya. Tratada sin estridencias deja a las claras como puede ser una relación entre vecinos, con tantos muertos a sus espaldas que parece imposible la convivencia.
En
uno y otro caso se han escogido esos productos cítricos, como una clara
analogía de lo agridulce que resultan las relaciones humanas. Aquí se les ha
llevado a su máxima expresión puesto que más allá de la guerra pocas circunstancias
habrá de lo absurdo e injustificado que significa el enfrentamiento armado.
Cada día sueño con una entrega de armas a nivel mundial, es una utopía, lo se, pero pobre de nosotros si no tuviésemos sueños de este calibre, si no fuésemos capaces de ser cada día menos hostiles, menos arrogantes, más comprensivos con las dificultades de nuestro vecino. Puede que sea, que yo —al igual que Ivo— también luzco barba blanca y me gustan las mandarinas. En cualquier caso, dos buenas película, si señor.
Cada día sueño con una entrega de armas a nivel mundial, es una utopía, lo se, pero pobre de nosotros si no tuviésemos sueños de este calibre, si no fuésemos capaces de ser cada día menos hostiles, menos arrogantes, más comprensivos con las dificultades de nuestro vecino. Puede que sea, que yo —al igual que Ivo— también luzco barba blanca y me gustan las mandarinas. En cualquier caso, dos buenas película, si señor.
lunes, 18 de mayo de 2015
En medio de la nieve, Viznar.
Primer día
Recalamos
en el albergue juvenil catorce personas entre adultos y niños un viernes del
mes de Febrero del año 93. Pasamos la noche y a las ocho de la mañana comienza
uno de los sueños más bonitos vividos en los tres años de funcionamiento del
club se senderismo en el que nos desenvolvemos. Abrimos las ventanas de las
habitaciones y aparece el fascinante espectáculo de una gran nevada que va a
cubrir todos los árboles de una gran capa de polvo blanco hasta doblas sus
ramas. Empezamos a corretear por los pasillos, de ventana en ventana,
asombrándonos de las estampas de cal que se veían por todas partes. La cámara
fotográfica comienza a funcionar y ya no pararía en toda la mañana. Muñecos de
nieve, coches cubiertos de capa nívea, tejados repletos del preciado don del
hielo. Por donde quiera que se mire los ojos no dan abasto a acaparar tanta
belleza, estalla una pequeña batalla de copos, hasta que decidimos comenzar a
caminar. Por la carretera hacia Alfacar todo aparece cubierto de blanco. El
chisporroteo de las botas al contacto con el suelo produce una extraña
sensación que la hacen muy agradable. Los pájaros van de rama en rama
sacudiendo el polvo, caen algunos copos esporádicamente y todo el alrededor
presenta ese aspecto cautivador de todo aquello que uno no está acostumbrado a
ver: las plantas, los árboles, el suelo, los arroyos, el cielo, las nubes…todo
es distinto; no hace falta buscar rutas, tan sólo hay que caminar y caminar. Al
final llegamos a una pequeña colonia, donde la figura del poeta García Lorca
tiene su recuerdo en forma de parque y de azulejos con sus poemas. Un poco más
adelante, el nacimiento de un arroyo, agua clara, burbujeante, como dentro de
una gran piscina natural. Pero sobre todo, la nieve, el blanco expandido por
doquier, con las pisadas recién estrenadas y Sierra Nevada insinuándose en la
lejanía.
Tras el almuerzo la ciudad de Granada merece un paseo por el
Albahicín y el Barrio del Carmen. Catedral, zoco y río Darro. Regresamos al
albergue y el Palacio de Cuzco significa una pequeña decepción en el capítulo
de visitas programadas; allí se insinúan frescos sacados del Quijote, que tan
sólo se pueden observar desde un patio donde aún quedan los setos cargados de
nieve. Allá abajo, en la lejanía, la Vega de Granada.
lunes, 4 de mayo de 2015
Charla-coloquio
Entramos en el mes de Mayo y aquí en Sevilla es la hora de los libros. Para abrir boca, nada mejor que acudir el jueves 7 a la Casa del Libro.
¿Quién estará allí?
Estaremos la escritora María José Collado y yo, autor de libro.
¿De qué hablaremos?
Del libro Una parada obligatoria y de todo lo que vaya surgiendo como consecuencia de la charla que mantendremos con las personas que allí nos congreguemos.
¿A qué hora?
A las 19,30h
¿Y de qué va el libro?
De la vida; transmitida a través de trece relatos, a los que procuraremos sacarle todo el jugo posible.
Así que una vez enterados todos, tan solo queda animarse y acudir a la cita. Allí os esperamos.
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