Diciembre de 1999
Gran descubrimiento el de Cortijo Floranes en la Sierra de
Baza; reúne todas las características para los que nos gusta estar en el campo
sin lujos, con montañas cercanas y en compañía de buenos amigos.
Las escuelas-taller hay que pensar que dan resultados y
consiguen poner en marcha instalaciones que de otra forma estarían abandonadas.
Floranes es un antiguo cortijo con dependencias para estar a gusto, con mucha
leña, buena chimenea y caminos cercanos desde los que emprender la aventura del
día.
Desde el primer momento tuvimos como objetivo pisar la nieve
por muy alta que estuviese; y desde la puerta de la casa se la veía lejana. No
obstante como había un sendero bien marcado que hacía posible el acercamiento,
nos pusimos en marcha en una mañana agradable para caminar. El bosque no nos
abandonó en ningún momento y la primera etapa concluyó a los pies de un arroyo
donde el agua había acabado con un pasarela de madera. A partir de aquí el
sendero se hizo más confuso y fuimos guiándonos de forma intuitiva para
localizar la cima blanca que veíamos desde la casa. Dejamos señales en el
camino para la vuelta y casi sin darnos cuenta nos encontramos con una amplia
pista de tierra que nos deja en el cortijo de Arredondo. Continuamos nuestro
caminar con una frondosa vegetación por todos lados, pasamos un área recreativa
y comenzamos a preguntarnos por donde andará la gente metida en este “puente”
de la Inmaculada, ya que no se ve un alma por ninguna parte.
Hemos de retroceder sobre nuestros pasos si queremos llegar
a pisar la nieve; así lo hacemos, tras descubrir en el camino una larga
procesión de orugas que se desplazan como si de vagonetas de tren fuesen y que
tienen como aliciente el cercano bosque de pinos. Allí las dejamos y nos
concentramos en intentar llegar a la cima del Rapa ,lugar donde se encuentra la
nieve. Se estira el grupo y al rato quedamos tan sólo dos componentes para llegar
a la cumbre. Hemos de superar un gran desnivel, pero ello no nos amedrenta y
poco a poco abandonamos la vegetación arbórea para irnos encontrándonos con
aquella otra que pegada a ras del suelo, combate mejor el frío, el viento y la
nieve.
Para nosotros el día sigue siendo claro y al tiempo que
ascendemos nos vamos dando cuenta de la fabulosa que es esta sierra vista desde
lo alto. El picón de Gor, el Santa Bárbara, el Calar Alto, todos los grandes
picos, así como Sierra Nevada se nos abren en un momento a medida que
ascendemos y nuestros poros comienzan a recibir el premio del esfuerzo que
estábamos realizando. Un tercer componente del grupo nos sigue de lejos, lo
perdemos de vista y tan solo nos encontraremos con él una vez coronada la
cumbre. Poco más tarde, llegamos al vértice geodésico, nos extasiamos con todo
lo que nos rodea y nos refugiamos en unas rocas del frío para devorar el
almuerzo del día. Una vez los tres juntos, buscamos los restos de nieve para
tener el placer de pisarla y llevarnos una muestra a la casa.
La bajada se hace cómoda y al regresar por el mismo camino,
no encontramos dificultad alguna para dar con el cortijo, aunque la noche ya
nos estaba acechando. Recibimos por teléfono móvil la llamada desde el
campamento base y la confirmación de la llegada del resto de expedicionarios
procedentes de Sevilla. La ducha y la cena nos reconforta para pasar una
agradable velada a los pies de una enorme chimenea. Allí preparamos nuestra
obrita de teatro y nuestra partida de cartas, donde los más jóvenes se lo pasan
en grande. Una buena dormida y hasta el día siguiente.