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martes, 31 de enero de 2012
Las prisas de Gon
282 ¿Te has fijado, Gon, en las cosas tan bonitas que dice Verónica?, ya lo creo, Alba, y encima se atreve a preguntarnos ¿qué es poesía?, cuando ella lo define de manera magistral “un estado del alma”, luego ya lo del eter y el estado emocional es otra cosa, ¿por qué Gon?, porque ahí tienen cabida otros géneros literarios, sin embargo para que el asunto derive en un poema hace falta ese estado del alma del que nos habla Anan…¡uy!, Verónica quiero decir, ¿otra cosa Gon, entendiste lo que nos preguntaba sobre la generación del 27?, no muy bien porque compañeros de Aleixandre de esa generación son más que conocidos, no creo que tenga dudas con eso, ni yo Alba, además ¿sabes una cosa?, dime, que se encargue D. José de hablar con ella, que está muy vago últimamente, hombre, Gon, tampoco es eso, ¡que si leche!, que haga algo además de meternos en líos a nosotros, ¿viste a Trini?, sólo un momento, comentó algo de Aleixandre ¿no?, si y de otras cosas, pero mejor lo dejamos que te veo como con prisas, es que hoy tengo un día muy ajetreado, lo siento por ti, porque la casa de las Palabras ya nos está demandando tarea, ¡ya, lo de siempre!, ¿oye Gon, y esta noche “Libertad”?, no me lo recuerdes Alba, que aún tengo que preparar los resúmenes y el jefe me trae sin vivir, pues que te vaya bien, eso espero, después de chuparme las seiscientas sesenta y seis páginas, como no me cunda es para cambiar de oficio, ¿y tu paseo por la rivera del Chanza?, ¡ah, eso es otra cosa!, pero lo siento, Alba, es que no me puedo entretener más, ¿y los carnavales?, ¡adios, adios!, ¡hala!, pues que te vaya bien, Gon.
lunes, 23 de enero de 2012
Día de campo
281 ¿Cómo te lo pasaste ayer Gon?, muy bien Alba, todo lo que sea refrescar mis neuronas entre encinas y pinares es salud para D. José, ¿qué tiene que ver él aquí y ahora?, lo digo porque así afronto la semana lleno de vitalidad, rindo más y le alegro las castañuelas al jefe ¿te parece poco?, ni poco ni mucho Gon, no comiences de desvariar, ¿qué te comentaron Trini y Verónica sobre tu relato?, ¡ah!, no se creen que la catedral se cayó o que la gente muriera, ¿no se lo creen o no se lo quieren creer?, bueno Alba, no se lo quieren creer, pero que le vamos a hacer son las cosas del narrador, a mí que me registren, algo tendrás tú que ver con el asunto, ¡vale, vale!, cuéntame tú algo de Aleixandre y deja ya tranquilos a mis muertos, como quieras: sobre el poeta te diré que terminé de leerme esa selección de poemas y que me han dejado claro cuál es su estilo, ¿y cuál es?, con relación a la generación del 27, rompe un poco los moldes puesto que su poesía es otra cosa, ¿no me lo sabes explicar?, me cuesta Gon ¿qué quieres que te diga?, es distinta, son versos muy largos, cargados de imágenes, ¡vale, vale!, tampoco quiero forzarte demasiado ¿qué te parece el hallazgo del jefe con relación a Palabra sobre palabra?, pues me ha sorprendido, Gon, parece que está teniendo bastante aceptación y eso siempre es noticia, con los tiempos que corren, espero que no tengamos que acudir en misiones de salvamento como nos pasó con Megustaescribir, que por cierto, Gon, sigo siendo un pequeño desastre, a mí que me registren, yo hice lo que puede, no lo digo por ti, es por la cabezonería del jefe que ya debería haber cerrado ese negocio, ¡ya!, pero ya sabemos con los bueyes que aramos, y otra vez los Carnavales, Gon, eso te lo dejo para ti, Alba, que te gustan más ese tipo de festejos, en ese caso ya te contaré, Gon, ya te contaré.
lunes, 16 de enero de 2012
Vamos de ruta (y 4)
280 Muy bien Gon, ya nos hemos saludado todos ¿termina lo de la ruta?, si, pero déjame que les mande un beso a Miuris, Trini y Verónica -vs Ananda-, vale, de acuerdo, y ahora a trabajar
.../...Viene de Vamos de ruta (3)
VAMOS DE RUTA (y4)
Y se sentaron. Abajo en la ribera los chopos alargaban sus finos dedos queriendo tocar las nubes, pero éstas permanecían ocultas por una delgada capa de niebla, a modo de tull de bailarina. Se oía el cencerro de unas ovejas que mordisqueaban el pasto, y de vez en cuando el repiqueteo lejano de un pájaro carpintero, poniendo a prueba la resistencia de un poste de telégrafos que dejó hace tiempo de prestar servicio. Alejandro le daba un respiro a sus auriculares y hacia uso de sus mandíbulas lanzando fuertes mordiscos a la textura de un filete empanado, que le estuvo preparando su madre la noche anterior. El resto callaba, concentraban sus fuerzas en degustar sus viandas y chucherías regadas por una bota de vino, que Elías había tenido el detalle de hacerla compañera de viaje.
—E: Una cosa, ¿os habéis dado cuenta de que cuando somos jóvenes no nos planteamos nada de lo que veníamos hablando?
—A: ¡Ah, pero vais a seguir!
—P: Hombre Alejandro, danos tu opinión, tampoco te va a pasar nada por eso.
—A: ¡Ni hablar! Permitidme que me ponga los auriculares, y podéis seguir con vuestra comedura de coco.
—EC: Está bien, seguiremos el camino, aunque yo cada vez me siento menos fuerza, no sé yo si llegaré o es preferible que me quede y me recojáis a la vuelta.
—E: Venga que ya queda poco. Ahora nos tomamos un cafetito cuando lleguemos a Castañares y ya verás tú como te recuperas.
—P: ¿Qué preguntabas Elías?
—E: La edad, decía que se nota que ya no pensamos como en nuestra juventud, que estas cosas puede que te marquen según tus propias vivencias, pero no se le echa cuenta, no se profundiza.
—P: Ni a esto ni a casi nada. Las preferencias de los veinte años están por encima del bien y del mal, y desde luego discurren por otros senderos muy distintos al que llevamos nosotros ahora.
—EC: Seguro, pero ese es otro tema. Vamos a no perdernos. Lo que quiero decir es que llega un momento en nuestra vida, en que comenzamos a pensar cada más en que algún día nos va a tocar a nosotros, y se nos crean una serie de dudas que en otras épocas anteriores ni siquiera te habías planteado.
—P: Porque las necesidades son otras. Tenemos establecidas un orden de prioridades en nuestra existencia, dependiendo del momento, y eso nos hace olvidar la más trascendental de todas, aunque bien es cierto que hay quien ni siquiera llega a planteárselo nunca, porque tiene otras más básicas que cubrir y estar en este mundo o en el otro es algo que no le importa demasiado.
—EC: Te refieres a los valientes.
—P: Me refiero a los indigentes o a las personas desamparadas, para los que la vida significa tan poco, que vivir o morir les resulta indiferente.
—E: No iba por ahí el debate que yo escuchaba, claro está; se trata de situar la circunstancia de la mente ante los ojos de personas que llegan a una determinada edad en condiciones normales, y están en perfectas condiciones mentales para poder pensar en ella.
—EC: Hombre no cabe duda que podemos considerarnos afortunados porque a pesar de que nos toque reflexionar y pensar sobre asuntos de esta índole, que nos pone los pelos de punta, siempre será mejor que morirse en cualquier rincón hambriento o simplemente de frío. Nuestra vida se alarga y en cierta medida si sabemos situar cada cosa en su sitio, es bonito vivirla.
—P: Para nosotros que nos van bien las cosas, pero cuanta y cuanta gente están deseando irse para el otro barrio.
—E: Claro, pero será ese tipo de gente que ni siquiera se ha planteado nunca que es la muerte. Pueden haberla conocido por familiares o amigos y estarán tan hartos de pasarlo mal por una u otra causa, que no les importaría dejar de existir.
—P: ¿Entramos en capítulo de suicidio o en el instinto de supervivencia?
—EC: Ahí puede que esté el término medio. Lo mismo que hay gente capaz de suicidarse –cosa que no es nada fácil a mi entender -, también hay quienes se agarran a lo que sea con tal de conservar la vida, a pesar de que lo estén pasando mal y sepan que el proceso es irreversible.
—P: Porque lo malo de todo esto es cuando te das cuenta que los días no son más que una sucesión de horas, que te van llevando a ese último instante, y que lo único que hacen es estremecer nuestro tiempo, como si estuviésemos en una sala de espera de un especialista.
—E: Sólo que en esta ocasión el especialista tiene tanto poder que es capaz de mandarte al otro barrio.
—EC: Una especie de sicario.
—P: Un asesino.
—E: Bueno, bueno, ¡no pasarse eh!. Que no se trata de que te liquiden así por las buenas. Ahí estamos. Cierto es que caemos en esa sala de espera, y que conforme vamos cumpliendo años lo vemos más claro, pero nos agarramos a la familia, los amigos, las costumbres, la vida sana.
—P: La tele...
—EC: Je, je, je.
—E: ¡Lo que sea! El asunto es pensar en ello lo estrictamente necesario, y a ser posible en un ambiente relajado porque como te coja con las defensas bajas entonces dejamos de pertenecer a ese grupo que decía Eme de los seres afortunados, y podríamos pasar a ese otro de los pesimistas o los desaprensivos que aún es peor.
—P: Mira Eme ahí tenemos ya Castañares. ¿Qué tal tu lesión?
—EC: La verdad es que ni la noto. No hay nada como una buena conversación, para no pensar en lo que tiene uno.
—P: Sobre todo cuando la conversación versa sobre un tema, que deja en pañales a cualquier dolencia que pudiésemos tener.
—E: Bueno yo he sacado éste porque como lo tenía reciente en la cabeza; lo que pasa es que vosotros os lo habéis tomado con unas ganas, que parecía que lo teníais preparado.
—EC: Nosotros si, pero Alejandro, como es nuevo, se ve que le ha cogido de sorpresa. Éste suspende el examen, seguro.
—E: Que le vamos a hacer, habrá que darle un poco de cancha a la criatura. Ya lo pillaremos por otro lado: ¡Qué ganas tengo de arrimarme a la boca un café!
—EC: Con pastelitos a ser posible.
—P: ¡Ya estamos!. Que el colesterol mata.
—EC: ¡Je,je!. Después de lo que llevamos andado, deja que mate. Por si nos llama el especialista, mejor es que nos coja con la barriga llena, no sea que nos lo quite y tengamos un placer menos del que disfrutar.
—P. Di que sí, muchacho; además aún nos queda el camino de vuelta, que ese si que es importante hacerlo.
—E: Por cierto ¿qué os parece si nos acercamos a ver la catedral, que se comenzó a construir en épocas florecientes de la Iglesia y que nunca llegó a terminarse?
—¡Vamos! – dijeron Prudencio y Emeterio C.
Alejandro ni se enteró de la propuesta y permaneció sentado al lado de un enorme nogal contemplando como pasaba el agua por un antiguo lavadero. El edificio tenía por la parte trasera, con una puerta semiderruida por la que accedieron los tres compañeros de viaje. Alejandro estaba mirando su reloj, que marcaba las seis de la tarde, cuando escuchó un tremendo ruido seguido de una enorme polvareda. Al poco vio gente correr de un lado para otro, con gestos alarmantes y caras desencajadas. Fue preguntando al tiempo que avanzaba hacia el lugar donde se había producido el estruendo y las noticias que recibía no podían ser más desalentadoras: “Ha sido un rayo”, “Unos forasteros” – decían algunas mujeres -. “Creo que eran tres” – decían otras -. “¿Pero que ha pasado? “ – se preguntaba Alejandro. “Que se ha venido abajo la catedral” – decía otros -. Alejandro trató de abrirse paso entre el vecindario, pero ya había llegado la Guardia Civil e impedía acercarse al tremendo montón de escombros, en que se había quedado reducido lo que otrora fuese un templo dedicado al culto religioso.
.../...Viene de Vamos de ruta (3)
VAMOS DE RUTA (y4)
Y se sentaron. Abajo en la ribera los chopos alargaban sus finos dedos queriendo tocar las nubes, pero éstas permanecían ocultas por una delgada capa de niebla, a modo de tull de bailarina. Se oía el cencerro de unas ovejas que mordisqueaban el pasto, y de vez en cuando el repiqueteo lejano de un pájaro carpintero, poniendo a prueba la resistencia de un poste de telégrafos que dejó hace tiempo de prestar servicio. Alejandro le daba un respiro a sus auriculares y hacia uso de sus mandíbulas lanzando fuertes mordiscos a la textura de un filete empanado, que le estuvo preparando su madre la noche anterior. El resto callaba, concentraban sus fuerzas en degustar sus viandas y chucherías regadas por una bota de vino, que Elías había tenido el detalle de hacerla compañera de viaje.
—E: Una cosa, ¿os habéis dado cuenta de que cuando somos jóvenes no nos planteamos nada de lo que veníamos hablando?
—A: ¡Ah, pero vais a seguir!
—P: Hombre Alejandro, danos tu opinión, tampoco te va a pasar nada por eso.
—A: ¡Ni hablar! Permitidme que me ponga los auriculares, y podéis seguir con vuestra comedura de coco.
—EC: Está bien, seguiremos el camino, aunque yo cada vez me siento menos fuerza, no sé yo si llegaré o es preferible que me quede y me recojáis a la vuelta.
—E: Venga que ya queda poco. Ahora nos tomamos un cafetito cuando lleguemos a Castañares y ya verás tú como te recuperas.
—P: ¿Qué preguntabas Elías?
—E: La edad, decía que se nota que ya no pensamos como en nuestra juventud, que estas cosas puede que te marquen según tus propias vivencias, pero no se le echa cuenta, no se profundiza.
—P: Ni a esto ni a casi nada. Las preferencias de los veinte años están por encima del bien y del mal, y desde luego discurren por otros senderos muy distintos al que llevamos nosotros ahora.
—EC: Seguro, pero ese es otro tema. Vamos a no perdernos. Lo que quiero decir es que llega un momento en nuestra vida, en que comenzamos a pensar cada más en que algún día nos va a tocar a nosotros, y se nos crean una serie de dudas que en otras épocas anteriores ni siquiera te habías planteado.
—P: Porque las necesidades son otras. Tenemos establecidas un orden de prioridades en nuestra existencia, dependiendo del momento, y eso nos hace olvidar la más trascendental de todas, aunque bien es cierto que hay quien ni siquiera llega a planteárselo nunca, porque tiene otras más básicas que cubrir y estar en este mundo o en el otro es algo que no le importa demasiado.
—EC: Te refieres a los valientes.
—P: Me refiero a los indigentes o a las personas desamparadas, para los que la vida significa tan poco, que vivir o morir les resulta indiferente.
—E: No iba por ahí el debate que yo escuchaba, claro está; se trata de situar la circunstancia de la mente ante los ojos de personas que llegan a una determinada edad en condiciones normales, y están en perfectas condiciones mentales para poder pensar en ella.
—EC: Hombre no cabe duda que podemos considerarnos afortunados porque a pesar de que nos toque reflexionar y pensar sobre asuntos de esta índole, que nos pone los pelos de punta, siempre será mejor que morirse en cualquier rincón hambriento o simplemente de frío. Nuestra vida se alarga y en cierta medida si sabemos situar cada cosa en su sitio, es bonito vivirla.
—P: Para nosotros que nos van bien las cosas, pero cuanta y cuanta gente están deseando irse para el otro barrio.
—E: Claro, pero será ese tipo de gente que ni siquiera se ha planteado nunca que es la muerte. Pueden haberla conocido por familiares o amigos y estarán tan hartos de pasarlo mal por una u otra causa, que no les importaría dejar de existir.
—P: ¿Entramos en capítulo de suicidio o en el instinto de supervivencia?
—EC: Ahí puede que esté el término medio. Lo mismo que hay gente capaz de suicidarse –cosa que no es nada fácil a mi entender -, también hay quienes se agarran a lo que sea con tal de conservar la vida, a pesar de que lo estén pasando mal y sepan que el proceso es irreversible.
—P: Porque lo malo de todo esto es cuando te das cuenta que los días no son más que una sucesión de horas, que te van llevando a ese último instante, y que lo único que hacen es estremecer nuestro tiempo, como si estuviésemos en una sala de espera de un especialista.
—E: Sólo que en esta ocasión el especialista tiene tanto poder que es capaz de mandarte al otro barrio.
—EC: Una especie de sicario.
—P: Un asesino.
—E: Bueno, bueno, ¡no pasarse eh!. Que no se trata de que te liquiden así por las buenas. Ahí estamos. Cierto es que caemos en esa sala de espera, y que conforme vamos cumpliendo años lo vemos más claro, pero nos agarramos a la familia, los amigos, las costumbres, la vida sana.
—P: La tele...
—EC: Je, je, je.
—E: ¡Lo que sea! El asunto es pensar en ello lo estrictamente necesario, y a ser posible en un ambiente relajado porque como te coja con las defensas bajas entonces dejamos de pertenecer a ese grupo que decía Eme de los seres afortunados, y podríamos pasar a ese otro de los pesimistas o los desaprensivos que aún es peor.
—P: Mira Eme ahí tenemos ya Castañares. ¿Qué tal tu lesión?
—EC: La verdad es que ni la noto. No hay nada como una buena conversación, para no pensar en lo que tiene uno.
—P: Sobre todo cuando la conversación versa sobre un tema, que deja en pañales a cualquier dolencia que pudiésemos tener.
—E: Bueno yo he sacado éste porque como lo tenía reciente en la cabeza; lo que pasa es que vosotros os lo habéis tomado con unas ganas, que parecía que lo teníais preparado.
—EC: Nosotros si, pero Alejandro, como es nuevo, se ve que le ha cogido de sorpresa. Éste suspende el examen, seguro.
—E: Que le vamos a hacer, habrá que darle un poco de cancha a la criatura. Ya lo pillaremos por otro lado: ¡Qué ganas tengo de arrimarme a la boca un café!
—EC: Con pastelitos a ser posible.
—P: ¡Ya estamos!. Que el colesterol mata.
—EC: ¡Je,je!. Después de lo que llevamos andado, deja que mate. Por si nos llama el especialista, mejor es que nos coja con la barriga llena, no sea que nos lo quite y tengamos un placer menos del que disfrutar.
—P. Di que sí, muchacho; además aún nos queda el camino de vuelta, que ese si que es importante hacerlo.
—E: Por cierto ¿qué os parece si nos acercamos a ver la catedral, que se comenzó a construir en épocas florecientes de la Iglesia y que nunca llegó a terminarse?
—¡Vamos! – dijeron Prudencio y Emeterio C.
Alejandro ni se enteró de la propuesta y permaneció sentado al lado de un enorme nogal contemplando como pasaba el agua por un antiguo lavadero. El edificio tenía por la parte trasera, con una puerta semiderruida por la que accedieron los tres compañeros de viaje. Alejandro estaba mirando su reloj, que marcaba las seis de la tarde, cuando escuchó un tremendo ruido seguido de una enorme polvareda. Al poco vio gente correr de un lado para otro, con gestos alarmantes y caras desencajadas. Fue preguntando al tiempo que avanzaba hacia el lugar donde se había producido el estruendo y las noticias que recibía no podían ser más desalentadoras: “Ha sido un rayo”, “Unos forasteros” – decían algunas mujeres -. “Creo que eran tres” – decían otras -. “¿Pero que ha pasado? “ – se preguntaba Alejandro. “Que se ha venido abajo la catedral” – decía otros -. Alejandro trató de abrirse paso entre el vecindario, pero ya había llegado la Guardia Civil e impedía acercarse al tremendo montón de escombros, en que se había quedado reducido lo que otrora fuese un templo dedicado al culto religioso.
lunes, 9 de enero de 2012
Bienvenido Enero
280 Me da la impresión, Gon, que es la primera vez que conseguimos ver un cinco en nuestro casillero, eso se llama empezar el año con buen pie, no te confundas así fue como lo terminamos, este 2012 que comienza aún no sabemos que cara tiene, como tú digas Alba, lo que más me extraña es la presencia de esa peña barcelonista ¿a cuento de qué aparece en nuestra casa?, ¡ah!, ya sabes amigo Gon que hay gente para todo, por cierto ¿qué tal te ha ido?, como los ángeles Alba, como los mismísimos ángeles, he descubierto a Oë y he tratado de olvidarme de las obligaciones del cargo ¿te parece poco?, me parece mucho ¿no será una mala señal eso de que hayamos cerrado la casa en Navidad?, no te preocupes que el jefe sabe lo que se hace, ya sacará el látigo, de momento ahí nos tiene trabajando en la sombra, no creo yo, Gon, que esto tenga nada que ver con la crisis, te puedo asegurar que para D. José no hay crisis que valga,siempre tiene algo en que pensar con tal de que no paremos, es, es..., no lo digas en voz alta, no sea que nos esté escuchando, iba a decir algo bueno, Alba, de tí me fio yo más bien poco ¿cómo van tus relatos?, a eso me refería con lo de la sombra, ni en los días de asueto puedo uno estar tranquilo, es nuestro sino, pues yo desde que le vi la espalda al rey Baltasar comencé a cambiar, explícate Alba, entretenía mi tiempo con Aleixandre, pero ya sabes, es pasar la cabalgata y...a otra cosa: las prisas, ¡que hay que terminar eso!, que si lo concursos de Enero, que si tengo preparado los poemas para colgarlos,que si, que si, ya conoces el ambiente, lo que yo te diga, Alba, relájate y disfruta, carpe diem, colega, ¿a dónde vas con tantas prisas?, eso digo yo, pero debe ser condición, ¡uy qué despiste!, con las prisas casi se nos olvida saludar a Ana
nda, Stella, Trini, Belkis, ¡ya está, Alba, ya está, no sigas que es peor, está bien Gon, vamos a otra cosa.
nda, Stella, Trini, Belkis, ¡ya está, Alba, ya está, no sigas que es peor, está bien Gon, vamos a otra cosa.
lunes, 19 de diciembre de 2011
En las puertas del invierno
279 ¡Qué poquito nos queda para el invierno, Gon!, y que lo
digas Alba, ya tengo ganas de tomarme unos días de vacaciones, no te lo decía
por eso, más bien iba por el aspecto meteorológico ¿te vas de vacaciones?,
¡hombre!, igual que tú ¿qué me dices de Gredos?, no es igual, pero de Gredos te
puedo contar que me encantan esos paisajes otoñales, el descubrimiento del
castro El Raso y cómo no el circo ¡que maravilla!, eso y luego me criticas a mí,
no me cambies el paso Gon, también me acordé de ti, ¿en qué?, en el paso de la
trashumancia, a ti que tanto te gusta eso de los caminos, ¡vale, vale!, no me
pongas los dientes más largos ¿qué tal Trini y Ananda?, pues muy bien: ahí
siguen sin perdernos la pista e incluso Ananda se volvió filosofa el otro día y
nos dio un repaso con eso del “necronegocio” como dice ella, lástima que no las
viera, te pierdas las mejores ¿dónde estabas cuando vinieron?, ¿qué dónde
estaba?, tú que crees, dónde iba a estar, ¡aclárate ya, Gon!, con D. José,
Alba, con D. José, ¿haciendo qué?, echándole una mano en la nueva casa, es que
este hombre no para, Palabra sobre palabra ¡ahí es nada!, y lo malo, Alba, es
que el negocio crece día a día y nos está desbordando, a lo mejor el jefe
contrata a alguien más, ¿tú crees?, si el negocio va tan bien, mejor hablamos
de Moby Dick, ¿por qué?, porque he terminado su lectura, Gon, y se me ocurre
una gran pregunta, ¿qué es?, ¿cómo se las apaña Ismael para contar la historia
si se lo traga el mar?, yo no lo se, Alba, pues si lo averiguas, me lo cuentas…
lunes, 12 de diciembre de 2011
Vamos de ruta (3)
278 Lo dicho, Gon, lo de los textos largos-cortos daría que
hablar, ya veo, pero no me queda más remedio que seguir con mi ruta, lo se yo y
D. José, así que ¡adelante!...
VAMOS DE RUTA (3)
En medio de una frondosa vegetación donde destacan las
cornicabras pegadas a la orilla del sendero y los troncos agrietados por el
paso del tiempo de centenarios alcornoques, las palabras de Emeterio C., Elías
y Prudencio se dispersan y buscan acomodo como si nadie más les echase cuenta.
Alejandro seguía absorto en un mundo contemplativo de magníficas imágenes
visuales y la Traviata
endulzándole los oídos. Su fe consistía en que llegado el momento de quitarse
los tapones, sus acompañantes hubiesen terminado de plantearse dudas sobre ese
asunto del que no valía la pena hablar; que llegase el momento cuando tuviese
que llegar; no va a tener solución por muchas vueltas que le den, así que para
que tanto filosofar. Contemplemos y disfrutemos de lo que ahora mismo tenemos
delante, que además es para lo que hemos salido de casa, lo otro déjalo ahí y
no lo toques que es peligroso despertar a la fiera. Unos hippies se las han
ingeniado para vivir en una tienda india en medio de una pradera, buscando
apartarse de la vida bullanguera y ruidosa de la ciudad. Cerca de ella un
bosquete de quercus les proporciona cobijo para los tórridos días de verano.
—P: Decía Eme que a él le había impresionado la muerte de un
chaval Down en sus años escolares, pero yo tengo clavado en mi mente la imagen
de un motorista, que se dejó los sesos en la calle delante de mis ojos. No os
podéis hacer una idea lo que impresiona ver dispersa por el suelo cualquier
parte de nuestra anatomía.
—E: Si, pero ya os decía al principio que las causas
accidentales no las contemplaban en el debate, porque claro podemos entrar
también en cualquiera de las guerras que tenemos hoy día y las escenas son
espeluznantes. Pero esa no es la forma normal de concebir la muerte, eso son
causas mayores que están por encima de tu propia voluntad.
—P: De acuerdo, pero si te predisponen para que al final la
termines aplicando a tu propia existencia, y de alguna u otra forma te hagas
planteamientos y pienses si merece la pena tales y tales esfuerzos cuando el
día menos pensado ¡zas al hoyo!.
—EC: Ahora entramos en nuestra condición de pesimistas u
optimistas.
—P: ¿Por qué lo dices?
—EC: Hombre, porque nuestra vida no puede estar marcada por
este tipo de planteamientos. Hay que gozarla y vivirla de la forma más
agradable posible. No podemos estar dándole vueltas a que al final la vamos a
cascar. Eso ya lo sabemos, pero mientras tanto tenemos que buscarnos los medios
para estar lo más a gusto posible.
—E: Habla un optimista.
—P: Normal, y si le preguntas su opinión a un pesimista, lo
más probable es que prefiera hacer los mismo que Alejandro. Yo no lo planteaba
en esos términos. Lo que quería decir es que esas circunstancias – el
accidente, la guerra – te llevan a pensar en que aceptar que esto es así, que a
ti también te ha de llegar el momento, te dejan como si todo se hubiese
paralizado y tú te encontrarás fuera de sitio. Una rápida mirada a tu pasado y
lo ves todo tan cambiado que te sientes como un bicho raro.
—EC: No acabo de pillarte la idea. Mi impresión es de mucho
cague y aunque no llego al extremo del amigo Alejandro, la prueba es que aquí
estoy charlando con vosotros sobre el tema, no quisiera que me llegara nunca el
momento, o al menos que me llegara de forma consciente, mejor es que no me
enterase de nada, que siga viviendo de la forma que lo hago, más o menos sin
problemas pero sin necesidad tampoco de tener que hablar mucho de esto, y que
ese día pues...¡que se retrase!...Lo primero que se retrase ¡je,je!, pero como
soy consciente de que no se puede esquivar, que no me entere.
—E: Oye por cierto, ya que he sacado el tema yo ¿qué os
parece si hacemos una paradita, descansamos, nos comemos el bocata y luego
seguimos si tenéis ganas de seguir charlando?
—P: Por mí no hay inconveniente, además ya va haciendo
hambre.
—EC: Por mí tampoco y por Ale seguro que nos lo
agradece en el alma..../...Continúa en Vamos de ruta (y4)
lunes, 5 de diciembre de 2011
Semana de puentes
277 Me da la impresión, Gon, que el comentario de LNJ sobre los
textos largos y cortos, traerá cola, claro Alba, ten en cuenta que el asunto
está a la orden del día, ya veo, ya veo, por eso Ananda ha sacado la zambomba y
está alegrando la fiesta, es que ella es así, Gon, pero siendo poeta está mas
acostumbrada a texto corto, ¡ya!, ¿y Belkis?, ¡ah! pues yo le he escuchado
decir que no le cansan las palabras, así que ya está dicho todo, todo, todo,
no, Alba, Trini también nos ha dado su opinión, y me parece muy acertada Gon,
sabía yo que estarías con ella, pues claro, compañero: el texto sólo lo hace
largo o corto su calidad ¿estás de acuerdo o no?, en cierta medida, ¿cómo que
en cierta medida? ¿qué dices, Gon?, digo que estamos hablando de leer en la
pantalla de ordenador y eso siempre es discutible, por eso no tenemos que
pasarnos con nuestra charleta, Gon, ¿qué dices?, nada, nada…oye ¿qué simpática
Francesca?, la italiana que estuvo por aquí el otro día, hombre Gon, siempre es
de agradecer que alguien de fuera se digne leer lo que nosotros escribimos ¿no
te parece?, por mi encantado aunque no capisco bien el idioma siempre tenemos
el recurso Google, otro acierto más de los tiempos modernos, ya lo creo, Alba,
¿y qué me dices de P.R.?, poco te puedo decir, Gon, estuvo por aquí, nos dejó
su foto, pero poco más, ay, como es la gente Alba, tampoco le vayas a poner
muchas pegas, tienes razón Alba, por lo menos como estamos, y que lo digas ¿te
vas de puente?, hoy no, el viernes, ¡ah!, entonces ya hablaremos, de acuerdo
Gon, ya hablaremos.
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