265 Gon, ¿no has visto al jefe por ahí?, ni lo he visto ni
ganas tengo, es que me preocupa su estado, ¿qué le pasa?, le pasa Gon –según me
cuentan- que no duerme bien, tiene problemillas con Nerea, ¿está enferma?, ¡no,
no es eso!, líos familiares, ¡ah!, a mí eso no me importa, siempre que no
repercuta sobre nosotros, ahí está el peligro Gon ¿no lo entiendes?, como le
duela una muela D. José, repercutirá en sus humildes empleados, no te quepa
duda, yo a lo mío, allá él con su problemas, tampoco es eso Gon, no seas así,
por muy jefe que sea, nos vemos todos los días y eso quieras o no influye…¿en
qué Alba?, está bien Gon, ya veo que hoy no estás para mucho romanticismos, así
que a lo material ¿terminaste tu lectura?, así es, pude con Balzac ¿y tú?, pues
yo también pude con Homero y su Odisea, que dicho sea de paso me ha gustado
mucho, ¿más que la Ilíada?,
más que la Ilíada Gon,
tal vez porque estaba en prosa y era mucho más comprensible, hablando de otra
cosa ¿viste a Miuris el otro día?, si que la vi y aunque ella piense que aún
estamos de vacaciones, hace ya tanto que ni me acuerdo, también dice que le
gusta el otoño y que estamos de vendimia, ya sabes que de vez en cuando nos
tomamos unas uvitas con ella, lo sé, lo sé Alba, ¿y a Trini?, también hablé con
ella y me dio la impresión de que le ha gustado mucho tu sinfonía, es que ella
es muy romántica, y muy sutil en su poesía, en fin Gon que aquí estamos otra
vez, de lunes y con ganas que es lo importante, ¿te acuerdas de Kundera?, claro
Alba ¿por qué lo dices?, porque ayer visioné la película “La increíble levedad
del ser”, ¿en el cine?, no, en mi casa, cuando quieras te la paso, es fantástica,
te recojo el guante, ¡hala!, pues ya es hora de cortar, no sea que llegue D.José,
hasta luego Alba, hasta luego Gon.
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lunes, 26 de septiembre de 2011
lunes, 19 de septiembre de 2011
Sinfonía en pí mayor (y 3)
264 Ya lo sabes, Gon, a Trini le gusta más el libro papel
que leer en la pantalla, hay gustos para todo Alba, yo apuesto por los e-book,
está bien no volvamos a lo mismo ¿terminamos con la sinfonía?, así es Alba,
tercera y última entrega de este relato, pues nada Gon, que nos aproveche…
SINFONÍA EN PÍ MAYOR
Lees: “Gran ave zancuda blanca y rosa; parte anterior de las
alas rojas y parte posterior negra; cuello muy largo; patas rosas; pico corto,
grueso y curvado hacia abajo, rosa con punta negra; los jóvenes son
pardo-grisáceos sin rosa: sexo iguales”. ¿Comprendes ahora por qué se les llama
Phoenicopterus ruber? Me miras como
quien duda de creerse lo que escucha; beso tus labios rosas y acaricio tu nuca.
Ahora pareces más convencida. “Los colores más increíbles que iban del amarillo
más tenue a un naranja intenso del rosado y del rojo hasta el verde,
constituían un espectáculo que nunca me quería perder. Y cuando a ese cielo
lleno de colores lo cruzaba una bandada de flamencos rosados, el espectáculo
era casi sobrenatural”. Leías en un
libro sobre la Patagonia,
mientras que yo me quedo extasiado, al cruzarse en el visor de mis prismáticos
una de las aves más esquivas y a la vez más impresionante, que se puedan ver
por estos lugares. Por aquí le llaman el gallo azul, pero todos los aficionados
sabemos que se trata del calamón común: luce su característico plumaje azul
purpúreo que según va desplazándose de un lugar a otro, se ve en mejores o
peores condiciones, pero que daba la luz que hoy tenemos, se convierte en un
éxtasis su contemplación. Procuro que lo veas lo más rápido posible antes que
se pierda por la masa de espadañas por las que se mueve, o en su defecto que
aguantes todo lo que puedas con los prismáticos tratando, de hacer un minucioso
barrido por toda la zona cubierta de vegetales. Lo distingues, quedas sumida en
su contemplación y mientras describes lo que ves, me pierdo en contemplar cada
facción de tu cara, en ese temblor nervioso de tu mano izquierda que me gusta
imaginar es debido a mi presencia. Busco tu cuerpo en medio de este mar de
verdor y músicas melodiosas, no puedo resistir la tentación de saborear tus
besos y entregarme a tus deseos, a esas ansias que brotan de todos tus poros.
Pasan los minutos, la soledad es cada vez más palpable aunque no podemos
sustraernos a la tentación de mirar de vez en cuando por encima de los hombros,
para ver si se divisa algún vehículo en la lejanía. Ese inmenso azul que nos
invade, ocupa todo el espacio, y nos sentimos valientes rodeados de multitud de
aves entregadas a sus distintos quehaceres, sin preocuparse demasiado por la
ocupación de esos dos seres que se encuentran en el interior del coche. Ellas
están acostumbradas a que de vez en cuando alguien se pare a
contemplarlas, guardan las distancias y
las formas, y confían en la buena voluntad de los bípedos que merodean por
estos caminos. Sudamos a pesar de tener abiertas las ventanas delanteras del
coche. Más allá un ratonero prueba a vencer la resistencia del aire, y trata de
mantenerse como si fuera una cometa. Zigzaguea, se deja caer con las garras
abiertas pero no vemos si ha sacado algo del agua o ha fracasado en su intento.
Acostumbrado a verle en terrenos más boscosos, me sorprende y confunde, pero
para algo han sido dotadas las aves de esas prodigiosas alas, para poder
desplazarse con facilidad y parecer a veces que son capaces de estar en dos
sitios al mismo tiempo. El sol inicia ya su vertiginoso descenso, y pronto se
podrá ver en la lejanía toda una extensa franja coloreada, mientras que las
nubes más cercanas dibujan formas que semejan animales salvajes, buques
fantasmas o ilusorias ciudades algodonosas. Va disminuyendo el ímpetu vital de
la mayoría de los habituales de la zona, al tiempo que las sombras recobran su
efímero dominio. Pongo de nuevo en marcha el motor del coche, y emprendemos el
retorno por pistas llenas de agujeros, que parecen no acabarse nunca y que nos
hacen dudar si en algún momento volveremos a pisar el asfalto, o nos habremos
metido en un laberinto de canales, que nos mantendrá ocupados durante toda la
noche. Viene a mi mente la estridencia del canto del triguero y la increíble
capacidad de vuelo del cernícalo. Por un instante me gustaría que nos
convirtiésemos en alguno de ellos, para sortear la montaña de residuos
plásticos que nos corta el camino y contar con los últimos rayos de sol – esos
que nada más que ven las aves – para llegar a nuestra dormidera. Miro tus ojos
llenos de dulzura, y respiro profundo el sabor a marisma que destila tu piel.
lunes, 12 de septiembre de 2011
Sobre libros
263 ¡Hola Gon, buenos días! ¿Qué tal el fin de semana?, sin
nada de particular Alba, me he limitado a descansar que falta me hacía, es una
opción, claro que es una opción ¿y la tuya cuál ha sido?, aunque no te lo
parezca, amigo Gon, estuve repasando el asunto de la biblioteca, ¡¡trabajando!!,
bueno es otra opción ¿no te parece?, si pero…,sin peros Gon, estuve repasando
nuestra biblioteca y para que lo sepas, sobrepasamos ya los novecientos libros,
que se dice pronto, ¿tantos?, así es Gon, gracias a la generosidad de nuestros
amigos, y a que se está perdiendo el culto al libro de papel, bueno, bueno,
Gon, eso ya es más discutible, lo del libro electrónico y las lecturas por
interné está bien, pero las librerías siguen adelante, en el fondo nos sigue
gustando a todos los manoseos al papel, es tu opinión Alba, muy respetable pero
que no comporto, el papel tiene los días contados, entonces ¿por qué no te
rebelas?, ¿contra quién?, contra el jefe?, yo soy un currante, Alba, no te
confundas y tendré en mis manos todos los libros que sea menester, pero una
cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa, ¡Gon!, de acuerdo, te lo traduzco:
laboro con los libros porque me dan de comer, pero eso no quita para que me
decante por las nuevas tecnologías y la desaparición física del soporte papel,
yo creo que te equivocas Gon, pero el tiempo lo dirá, claro que lo dirá, otra
cosa es que lo veamos, está bien dejamos el tema y hablemos del 11, ¿te
refieres al sorteo del cupón?, ¡qué cosas tienes Gon!, me refiero a los diez años
que han pasado, que aún no nos conocíamos, pero que terrible fue todo, ¡y qué
malas consecuencias ha tenido!, y lo que te rondaré morena…,¡¡Gon!!, qué
quieres Alba no estoy de buen ver esta mañana, ya veo que no, ¡vámonos a la
cafetería!
lunes, 5 de septiembre de 2011
La vida sigue
262 Ananda se va de vacaciones, Gon, la echaremos de meno,
ambos sabemos que es un valor seguro, así es Alba pero no te olvides de Trini,
ni de Belkis, no me olvido compañero, sé que estuvieron por aquí y sacaron
buenas conclusiones de tu canto a la Naturaleza, a las aves Alba, y por extensión a la Naturaleza, ¿qué sería
de ella sin la presencia del mundo aviar, no me tires de la lengua Alba que aún
me acuerdo del trabajo que nos costó sacar adelante las aventuras de Loren y Pardal,
pero fue bonito Gon, y trabajoso, es nuestro oficio ¿recuerdas?, claro que lo
recuerdo Alba y también recuerdo que ya está por aquí D. José con el látigo en
la mano, pues yo aún no he terminado con Homero, ese es tu problema, yo terminé
ayer de leerme a Kundera y su insoportable levedad, y ya has presentado el
informe, aún no, ¿y te ha gustado?, claro que si, Alba, una cosa no está reñida
con la otra, me ha gustado todo ,ya veremos que me cuentas tú de esa Ilíada,
mejor hablamos de otra cosa Gon, ¡vale, vale!, hablemos de cine ¿fuiste a ver a
Woody?, fui a verlo y me encantó, ¿por París?, por todo Gon, me llega al alma
su forma de transmitir, ¡ya!, ya sé que te dejas llevar pero ¿no se te hace
cansino?, pues no porque esa fotografía, esa música, esa trama tan bien
llevada, ¡ya!, parece que no acaba de dar con su “alter ego”, es difícil pero
ya verás como terminará dando con un digno sucesor, eso se llama tener fe, eso
se llama, Gon, creer en los genios, si te pones en ese plan, mejor lo dejamos,
si porque además he visto la silueta del jefe que se aproxima hacia nosotros,
socorro, adiós, Gon, adiós.
lunes, 29 de agosto de 2011
Sinfonía en pí mayor (2)
261 Ananda y Trini pasaron por aquí y coinciden en la ardua tarea esa de leer a los clásicos, ya lo sé Alba, pero ya sabes quien manda aquí, claro que lo sé Gon ¿qué nos traes hoy?, la segunda parte de aquella sinfonía que empecé antes de tus vacaciones, ¡ah!, pues pongámosla
SINFONÍA EN PÍ MAYOR (2)
SINFONÍA EN PÍ MAYOR (2)
Abandono los prismáticos y todo mi interés por el mundo exterior, y me centro en las dos lunas de tus ojos, que al poco de retarlos desafiantes, te hacen exclamar un ¡ay! y buscar cobijo en mi pecho. Pasan unos minutos en los que todo se detiene, en los que no parece existir más mundo que el que ocupan nuestros cuerpos ensamblados en ardorosos besos. Apenas hay palabras, son sólo susurros, silabas sueltas que se deslizan por la comisura de los labios, y ascienden candorosos buscando el tímpano ajeno. Al mirar el cielo descubro sobre el fondo azul el rostro blanquecino dejado por esos aviones, que de forma continuada atraviesan en pocos minutos toda la bóveda celestial. ¿Dónde irán? ¿De dónde vendrán? Siempre me he preguntado por la existencia de estas silenciosas máquinas, que ocupan ese lugar de privilegiado observatorio. A mí que tanto me gusta observar, fijarme en cualquier detalle y quedarme con la idea de traspasarlo luego al blanco folio. Dicen que son entrenamientos militares, formas de engrosar horas de vuelo para pilotos, que necesitan tener un currículo decente, por si llegado el momento hay que ponerse el mono de faena de forma seria. ¿Tiene sentido alguna guerra? ¿Sería posible la convivencia sin la persuasión constante de estas máquinas de matar? ¿Por qué tendremos que estar vigilándonos continuamente los unos a los otros? Todas estas preguntas y algunas más me las hago aprovechando que has conseguido relajarte, cerrar los ojos y dejar que tu cuerpo disfrute de unos minutos de descanso. Luego dirás que has tenido un sueño muy tonto, que no sabes porque aparecen esas personas y a cuento de qué estaban presentes, pero ya sabes: al lenguaje de los sueños nunca le hemos prestado demasiada atención. Abres los ojos, justo en el momento que pasan junto a tu ventana una colorista concentración de aves de pequeño porte, que cuchichean entre sí. Forma parte de esa amplia familia que debido a sus particularidades cantoras, sufren el acoso de aquellas personas que no se conforman con verlos revolotear o escucharlos cerca de sus casas, prefieren tenerlos enjaulados para que alegren los días oscuros, a costa de privarles de la parte esencial de cualquier ave: su libertad. Los fringílidos son acosados en todos los ámbitos, tanto en pueblos como en ciudades donde llegan a esa especie de zoco donde todo vale con tal de comerciar. Observarlos en el campo vale cien veces más que una sola de las notas musicales que emitan entre rejas. Como llegan, como ondulan el aire, con que delicadeza se posan sobre los cardos y otras plantas silvestres para extraerles las semillas. Algunos tienen la cara colorada, posiblemente por la vergüenza que les supone estar en el centro de atención del hombre, que no hace más que ingeniar cual es la mejor forma de capturarlos. En un naranjo – uno de sus árboles favoritos –, pude observar en una ocasión, con que dulzura alimentaban los progenitores a unas crías cuyo nido había sido desplazado al interior de una jaula. Si conseguían salir adelante, jamás tendrían la oportunidad de experimentar con la ingravidez de los cuerpos. Yo si tengo esa oportunidad, el que estés aquí y ahora a mi lado, acompañándome sensorialmente, me hace sentir lo mismo que ese pequeño carduelis, que nos reta en un alarde de virtudes. Me abandono en la estrechez del habitáculo, cierro los ojos y dejo que tus manos se posen sobre mi piel. Ahora se nota mejor que nunca el exceso de calor que proporciona ese sol invernal, por lo que tenemos que optar por buscar la brisa bajando uno de los cristales de la puerta. Lejanos pero de fácil identificación una colonia de flamencos zapatean incansables en busca de comida. Te leo: “Con sus largas patas rosadas y su desmesurado cuello semejan extrañas aves trasplantadas de una laguna africana. De repente, el bando se alarma y comienza a elevar pausadamente el vuelo, rasando el agua; una llamarada rojiza alegra el azul del cielo y se deja escuchar una fuente algarabía”. Parecen peregrinos que se desplazan en busca de ese lugar donde vivir en paz, sin que nadie les moleste. Su organización es tal que tienen hasta guarderías para que los pollos estén a salvo de esos depredadores, que acechan el momento oportuno de atacar. En estas aguas quizás sea el hombre el mayor de sus enemigos, con actuaciones que destruyen sus lugares de cría y alimentación. Mientras miramos sus elegantes figuras, te cuento todo esto y tú asientes con la mirada, con esa fe que tienes en mis conocimientos: sabes que me apasiona el mundo de las aves, pero lo que no sé si llegas a captar, es la importancia de tu presencia en este marco idílico en el que el sol se refleja en la lámina acuosa, dando la impresión de que nos encontramos en medio de la mar océana. Poco esfuerzo hay que hacer para imaginar como serían estos parajes en épocas pasadas, cuánto de cierto tienen las afirmaciones, de que aquí llegaban las olas, como ahora lo hacen en las lejanas playas del coto. A veces tengo la impresión que me parieron en una era desde la que se divisaba el mar: cómo se ensancha mi caja toráxica cuando me encuentro en situaciones como éstas.
.../...Continúa en Sinfonía en Pi Mayor (y 3)
.../...Continúa en Sinfonía en Pi Mayor (y 3)
lunes, 22 de agosto de 2011
Historias de la edad de oro
260 Bueno Gon, por fin estamos en una semana normal, ya iba siendo hora Alba, que esto se estaba poniendo de un aburrido que atufa, ya ves: tus amigas Ananda y Xristinah te han visitado, ¿a mí?, ¡vale!, nos han visitado, nos han contado como les va la vida y como verás aún hay gente que no han descansado este verano, ¿a mí me lo vas a decir, Alba¿ ¿a mí?, que estoy que araño, pues cálmate porque aún hay que esperar la llegada de D. José, ese si que vive bien, pero depende de nosotros, no lo olvides Gon, sin nosotros le costaría trabajo tirar del carro, ¡anda, vamos!, en fin, veo que no estás con disposiciones de lunes, te lo plantearé de otra manera ¿terminaste con el tiempo perdido?, te refieres a Proust, así es, terminé con la primera entrega y me he quedado tambaleando con tanta aristocracia, se ve que no te ha convencido mucho, es muy pesado, ¡ya!, pero importante para lo que es la literatura propiamente dicha, tendré que madurarlo, ¿y tú como vas con Dante?, pues mira Gon, aunque se trata de otra lectura de esas que tienen más acotaciones que palabras del original, no me está resultando pesado, es que la poesía ayuda, no te voy a decir que no, sobre todo si la traducción es buena y están actualizados sus términos, ahí me llevas ventaja, lo importante, amigo Gon es que cuando llegue el jefe tengamos la tarea terminada para que no le demos motivo, a mí no me hagas planteamientos extraños que aún no he descansado, ¡vale, vale!, no volvamos a lo mismo, sabes anoche estuve en el cine de verano y luego de soportar unas temperaturas asfixiantes durante la semana, resulta que por poco me quedo pajarito, ¡qué frío pasé!, me tuve que meter en la cama con el pijama de alta montaña, ¿y qué vistes?, una película que te recomiendo si no la has visto: “Historias de la edad de oro”, sobre los últimos años de la dictadura de Ceaucescu, si quieres pasar un rato desternillante, consíguela de donde sea, ya veremos ¿oye, habrá que ponerse a trabajar, no?, tienes razón Gon, que nos dejamos llevar y como no está quien tenía que estar, en fin…hasta luego.
miércoles, 17 de agosto de 2011
Son vacaciones
259 ¡Hola Gon! ¡Cuánto tiempo!, un mes Alba, todo un mes con sus treinta días laborables y festivos, ¿cómo te ha ido, dónde has estado?, te veo morenito, será de los cabreos, Alba porque lo que es la playa la pisé porque pasaba por allí, ¿no me digas?, te digo, además de quedarme de guardia –como bien sabes-, cada vez que he intentado relajarme en el campo o en la playa algo ha pasado para no estar del todo tranquilo, cuánto lo siento, ¿y a ti, qué tal?. ¡ah!, yo me lo he pasado en grande, con temperaturas de taparse por las noches, verde y más verde y conociendo espacios y lugares en los que nunca estuve, así es la vida colega, yo aquí –sin D. José, eso sí-, pero más aburrido que una ostra, sin apenas comunicación porque me he dedicado a labores domésticas, pendiente de cualquier visita y…¡nada!, es lo propio Gon, estamos en época vacacional, la gente sale, se olvida de lo habitual, cambia de sitio, en fin, ya sabes, lo que sé es que me he pasado un mes que para mí se queda, está bien, Gon, piensa en positivo, ¿en positivo?, pues sí, el año que viene tú te irás y yo me quedaré aquí, ¡el año que viene!, o sea, dentro de trescientos sesenta y cinco días, hasta entonces no me tocará a mí el verano, bueno, tampoco te pongas así, ya sabes que hasta Octubre no acaba la temporada, claro Alba, eso siempre es un alivio, ya veremos si el jefe piensa lo mismo y no me hace coger mis vacaciones en Navidad, que tampoco está mal Gon, pero queda mucho Alba, más me queda a mí, eso tú encima quéjate, anda no me hables más y vamos al trabajo, como quieras Gon, vamos al trabajo, con cierta pereza, pero vamos al trabajo…
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