jueves, 25 de febrero de 2016

Casacripta


El Grupo poético Barro, y en su nombre Onofre Rojano ha tenido a bien cederme el fondo editorial, a fin de que distribuya de la mejor manera posible esos libros que se van quedando arrinconados por el paso del tiempo, que no por su valor poético.
Puesto  a la tarea, tropiezo con Casacripta de Rosa Díaz, libro que obtuvo el VI Premio de la colección Vasija del mencionado grupo, allá por el lejano 1984.Este libro corresponde al número 25 de la colección. Lo traigo a esta ventana para conocimiento general, tanto del libro en si, como de la situación de muchos ejemplares que no alcanzan la meta deseada por unos u otros motivos. Sobre la autora y su dilatada obra hay muchas referencias en intenet, a poco que le pidamos ayuda a nuestro inseparable Google.
El libro está dividido en tres partes. La primera se llama Cripta y de ella les dejo este poema:

Por un silencio mágico
donde los remos turbios
de sus pasos discurren.

Durero se ha venido;
las manos se me duermen
de luz en los sillones
que recogen
su terciopleo tibio, 
como de rosas...
y este momento tiene
mil rosas masticadas.

De la segunda parte Paseo en solitario de nona a víspera, escojo este otro:

Tengo la soledad como regalo,
no como vicio,
no como derrota.

Y de la tercera parte Patio de Albaida, el que sigue:

La joven vestida de rosa
                                         ha cogido la barca.
la joven, que iba toda
                                         de satén rosa
y veinte flores de Marzo
                                         sobre el pelo
ha cogido la barca.
                                         Ahora,
el agua es una lágrima
                                         que ondula
ese hueco del óbolo
                                         río abajo;
o es el sueño, o quizás
                                         el olvido
o la evanescencia
                                         total.
la joven vestida de rosa
                                         se ha fundido a la barca.

Eso es todo, amigos. Que les aproveche.

 

jueves, 18 de febrero de 2016

Media docena de ideas


UNO Mi querida tierra —Huelva— ha sido noticia estos días por la investigación sobre cazadores y veterinarios que se dedicaban a mutilar perros, así por las buenas. Lamentable. Esto es lo que ha trascendido, pero da miedo darse una vuelta por los alrededores de los pueblos —no solo de Huelva— y comprobar las barbaridades que la especie humana comete contra los canes.

DOS La garcilla bueyera (Bubulcus ibis) me ha llamado siempre la atención por dejar en los campos de labrantío esa estampa blanca sobre la tierra recién herida en busca de una buena parte de su sustento diario. Antes eran las yuntas y hoy es el tractor el que lleva a su cola esa nube de garcetas que se afanan en participar en las labores del campo.


TRES Aunque aún es pronto, comenzaré a hablar sobre ello: el 16 de marzo presentaremos en La Casa de las Sirenas de Sevilla el poemario Pelo mandarinas para ti de Alvaro Villa André, autor del que si a ustedes les apetece, pueden empezar a degustar sus formas en el blog Las crónicas de ava.




CUATRO Ayer amanecimos en Sevilla con una boina negra sobre nuestras cabezas. Qué echo tan insólito, aquí que somos tan dados a los sombreros de ala ancha. ¿Será envidia a la ciudadanía madrileña?



CINCO Mientras tanto en la Plaza de España, si, la del insigne Aníbal González, se lleva a cabo una demostración teórica de la afición que hay a los toros, ese arte de clavar estoques en el morrillo del bicho, de la fiera. De esta manera el punto UNO, de esta paranoia mía queda hasta justificado. Lo que hay que ver.




Y SEIS Tal día como hoy, de 1836, nació en Sevilla Gustavo Adolfo Bécquer, así que quien mejor que él para despedir con versos estos breves apuntes que este jueves se me vinieron a la mente.
Como en un libro abierto
leo de tus pupilas en el fondo;
¿a qué fingir el labio
risas que se desmienten con los ojos?

¡Llora! No te avergüences
de confesar que me quisiste un poco.
¡Llora! Nadie nos mira.
Ya ves; yo soy un hombre... ¡y también lloro!

jueves, 11 de febrero de 2016

Caballo blanco


Caballo blanco majestuoso, asombras
la predispuesta mente juvenil
con tu histórica leyenda. Viril,
atento, escucha el relato; le nombras

solemne perpetuador. Y las sombras
de un anochecer con estrellas mil
testifican el diálogo. Infantil,
el padre quiere convencer. Alfombras

de paja usan de cama –ideal-,
cubriéndose del galope incansable
con gruesas mantas de trapo. Y por fin,

tras amarga noche trascendental
se hizo la luz. Resultó ser domable,
forma de viento tenía el rocín.

jueves, 4 de febrero de 2016

Un avemaría y dos pensamientos sucios


Dentro del portal de Internet Tus Relatos estamos participando en una sana competición, en la que aporté este texto respondiendo al título de Un avemaría y dos pensamientos sucios. Pasó el reto y estoy en la siguiente ronda. Se trata de una adaptación de un relato que publiqué en su día en este blog, en marzo de 2009. Lo dejo a vuestra consideración, al tiempo que os animo a visitar el sitio mencionado.


Tiene unos labios que destacan sobremanera dentro de su cara de niño. Pero Michel mide uno ochenta y es padre de dos criaturas, que no ve desde hace diez meses. En lo alto de la bicicleta parece el pato Donald africano, con esas dos enormes bolsas del cortinglés, que le hacen tambalear el  manillar y de las que sobresale los montoncitos de papel soplanapias que ha encontrado de oferta en la tienda de todo a sesenta céntimos. Se pasa el día pegado al semáforo de la rotonda, esperando que paren los coches para pedir a los automovilistas que le compren su oferta; las tres palabras que le enseñaron a decir en español, son las imprescindibles para que la mayoría de la gente le diga que no, pero él insiste y pone cara de alegría y no cesa de chapurrear buena suerte, como punto final a cada una de sus plegarias, lo mismo le da que le miren con cara de asco, con desprecio, con sonrisas, o que no lo miren. Es hermoso desear buena suerte a todo el mundo, esté o no colaborando a ganarse ese sustento, que cada semana ha de enviar puntualmente a su familia, para que puedan sobrevivir, allá en ese punto del mapa ligeramente escorado hacia el Sur. Se pasa tanto tiempo pegado al semáforo, que está deseando llegar al piso, que comparte con otros colegas venidos antes que él, para echarse a dormir como un lirón, cosa que le entusiasma. Uno de ellos es su amigo que le trajo a España, le animó a dar el gran salto y le instruye sobre todo lo que debe hacer o decir en esta tierra, en la que espera poder sacar lo suficiente para paliar la pobreza de su familia, por eso Michel no se mueve de su puesto junto a la rotonda, y apenas conoce otro camino que el que le conduce al piso donde habita y a la zona comercial donde encuentra la oferta del día.
Llegó a España con tanta precariedad de papeles, que no se atreve a hacer otra cosa que no esté previamente calculada. Sabe que fracasar es dejar a su familia sin la posibilidad de salir de su país, para incorporarse a este otro continente donde todo parece tan distinto. Como un buen día le dijeron que rezase tres avemarías cada vez que llegara a completar diez euros de venta, él lo hace. Se lo aprendió de memoria y lo hace.
Michel viste bien, no va desaliñado y usa zapatos cómodos, no es que esté de compras por las tiendas de moda, lo que tiene son donativos de oenegés que él sabe rentabilizar y cuidar. La imagen es importante a la hora de conseguir el euro de los automovilistas – eso también se lo ha dicho su amigo –, y los buenos modos todavía es más importante aún. Da igual que éste no quiera colaborar, detrás hay otro y otro y otro más, un semáforo es una fuente continua de automóviles, furgonetas, camiones y no se cuantos vehículos más, potencialmente disponibles, y un mal gesto, una mala cara o un improperio, aunque sea en su lengua vernácula, puede dar lugar a que ten de lado, te pases toda la mañana pasmado de frío, y no saques ni para pagar los pañuelos, por muy de ofertas que estén.
Se tragaba la teoría cada noche antes de cenar, como si se tratase de un rezo budista imprescindible para poder ingerir los alimentos. Miraba a su amigo con ojos de lechuza y engullía las viandas del plato sin hacer asco ni a lo uno ni a lo otro; entre lo que encontraban de oferta y lo que les regalaban, apañaban unas comidas medio decentes, porque los céntimos había que mirarlos con lupa; no podía faltar el envío semanal, luego había que acudir al locutorio al menos cada diez días para saber si el dinero estaba llegando, si todo seguía igual allá por su país, si había algún problema de salud en su extensa familia, y si podía ahorrar algo para poder hacerles una visita.
El quería haber terminado sus estudios, y tener un profesión, pero las guerras próximas, los cambios políticos y el olvido del mundo exterior, hicieron que se quedara sin beca, sin trabajo y sin posibilidad de graduarse, con lo cual entraba en el continente blanco con los bolsillos vacíos y un dominio del inglés que de poco le estaba sirviendo en la rotonda que le había caído en suerte. Eso si, en el fondo ha tenido suerte, de entrar en un momento en el cual todo está perfectamente organizado: horario de trabajo, descanso semanal, vacaciones de verano y no injerencias competitivas por parte de otros colectivos, desaparecidos todos de la ciudad, como si se los hubiese tragado la tierra.
No le explicaron demasiadas cosas, y él tenía mucha hambre como para entrar en detalles, por eso apenas se fija en sus hermanos de piel, que de vez en cuando pasan por el semáforo a lomos de lujosos deportivos, ensortijados, con chupas de cuero y elegantes señoritas en el asiento del copiloto; además el cielo de Sevilla tiene un azul tan intenso, que es difícil imaginarse esta ciudad en otro lugar del mundo.
Pasaron otros diez meses y otros y otros y Michel seguía en el semáforo mostrando su perfecta dentadura a todo el que quisiera pararse con él un instante, pero sus ojos ya no eran los mismos; en ellos se adivinaba que algo no marchaba bien en el interior de aquel cuerpo bonachón. Ya no estaba seguro de donde estaba mandando su dinero, tampoco llegaba el momento de volver a ver a su familia, casi no sabía nada de sus hijos y notaba que sus amigos le ocultaban algo, era como si quisieran hacerle algún planteamiento importante, pero nadie se atrevía a dar el paso, nadie le hablaba claro: ni en su idioma natal, ni en inglés, ni en  el idioma español, que cada vez entendía mejor.
Hasta que un día...
Fiel a su semáforo no lo abandonaba nunca en circunstancias normales, parecía como si le hubiesen atado a aquella columna, pero dejándose llevar por su generosidad, accedió a cambiar de lugar por hacerle un favor a un compañero. Y en ese nuevo emplazamiento, en una de las pasadas de los deportivos conducidos por sus hermanos, clavó sus ojos en una de las elegantes señoritas que solían acompañarlos y se quedó pegado al asfalto. El vehículo se detiene un poco más adelante y aquella señorita vuelve la cara y lo mira por un instante. El vehículo arranca y Michel abre su robusta boca para lanzar un alarido que se confunde con el infernal ruido de la calle. Comienza a correr tirando por los aires el montoncito de soplanapias que con tanto esmero llevaba en la palma de la mano; vuela su gorra en la carrera, sortea unos cuantos coches y gana la acera sin perder de vista aquel deportivo que se alejaba cada vez más y más. Es un milagro que no tumbe a nadie en sus zancadas, pero su objetivo termina por difuminarse entre la maraña urbana y acaba arrodillado en el suelo jadeando sin consuelo.
A sus amigos les cuenta lo sucedido, pero ninguno se atreve a hablar. Saben las condiciones en la que están y la inseguridad de sus movimientos, así que será él solo quien tenga que sacar conclusiones. Ya no hay nadie al otro lado del hilo telefónico, nadie responde a sus llamadas al continente africano.
Su mente es una olla en ebullición "maldita sea esa negra y ojalá se muriesen quienes me trajeron hasta aquí".
No le interesa el semáforo donde le dijeron que tenía que trabajar, ni tampoco ningún otro; se vuelve indisciplinado, nadie cree lo que cuenta de la chica del deportivo. No recauda dinero, no tiene con qué pagar el alquiler, la comida o los chicles con sabor a fresa que  compraba en el kiosco de la esquina. Vaga todo el día, a veces no regresa de noche a su casa, se habitúa a sumarse a la cola del comedor gratuito y se hace amigo de un banco de la Avenida, al que raras veces abandona y donde le van pasando los días sin que acierte a saber qué hace allí. Su cabeza rapada es ahora una maraña de tirabuzones negros que empiezan a confundirse con la barba como esas hiedras que están a su lado y que se atreven a lanzar sus pequeñas raíces en los raídos pantalones de Michel. Cada vez son más las horas que pasa pegado al banco, tendido de costado, con las rodillas flexionadas sobre su pecho, en plena calle, a la luz de miles de ciudadanos que pasan junto a él. Comienza a confundirse con el color del asiento, recubierto todo el conjunto con una capa gris que levanta el incesante tráfico y junto a él, siempre presente, un tetrabrik de vino de mesa con el cartel sobreimpresionado de “oferta del día”.

jueves, 28 de enero de 2016

Noches de carnaval


La obra de Federico García Lorca no deja de estar presente en cualquiera de las manifestaciones artísticas al alcance de nuestro intelecto. La recién estrenada película Lanovia —inspirada en Bodas de sangre—, es todo un prodigio del bien hacer, por su belleza plástica, por la gran interpretación de sus personajes y por la música que envuelve al espectador. Salí convencido de la sala, a pesar de lo reticente que soy con las adaptaciones de obras de los grandes autores.


Dos libros me han tenido ocupado en las últimas semanas: Señorita de Juan Eslava Galán y Adioses y bienvenidas de Mario Benedetti. La novela del jiennense está dentro de la línea que el escritor mantiene de contar historias encuadradas en el marco histórico elegido. En esta ocasión se trata de la posguerra española, dónde entremezcla a una muchacha sevillana con dos oficiales de la aviación, uno de origen ruso y otro de origen alemán. Gustará más o gustará menos, pero su profesionalidad es impecable.
El caso de Benedetti es distinto, ya que es la primera vez que me encuentro con su poesía, y la verdad es que me ha dejado encandilado. “¿ por qué las guerras solamente estallan / si hay una religión que las bendice?”, nos canta en su poema Universo, y uno se queda con las patitas colgando, casi sin aliento.

¿Y porqué no hablar del tiempo? Resulta que estamos teniendo unas temperaturas, aquí en nuestra península, más altas de lo normal —¿cambio climático?—. Las fresas de Huelva has cuadruplicado su producción y ahora el mercado no puede acaparar tanta fresa, por lo que los precios bajan más de la cuenta. Suelo acordarme en estos casos de la hambruna que se sufre por tantos y tantos sitios. Claro que la ley del mercado es inflexible: se seguirá tirando alimentos.


Por último les refiero el placer que me produce encontrarme con alguien que en la prensa diaria escribe sobre aves. Se trata de César-Javier Palacios que en su artículo Del azul al negro nos cuenta que se ha descubierto una nueva especie de ave en Canarias. Un pinzón de un intenso color azul. Los sesudos científicos lo han desmarcado de otra especie que revolotea por Tenerife. Y ahora viene lo peor: quedan pocos. Así que su futuro es más bien negro —como nos dice el autor del artículo aparecido el viernes 15 de Enero en 20minutos. Me acuerdo de nuestro pinzón, al que he visto juguetear conmigo entre las ramas de las encinas mientras entonaba su inconfundible canto, y me pregunto ¿porqué lo llaman vulgar, si es un placer para los sentidos? Cosa de científicos.



Pos Data: Como aficionado a los Carnavales de Cádiz estoy disfrutando de lo lindo gracias a los avances de Internet que permiten desde preliminares engancharse al sano vicio del goce para el espectáculo. Así que visto lo visto, el que no se consuela es porque no quiere. El jueves que viene, más.

jueves, 21 de enero de 2016

Cueva de la Golfa

A finales del año 1999, nos reunimos en este lugar un grupo de senderistas que...
Con la llegada de los demás componentes del grupo, partimos desde el cortijo Floranes para buscar esa cueva de la que hablaban los papeles. Lo primero que hacemos es meternos en un barranco del que al rato tenemos que salir porque las dificultades para progresar por él, eran cada vez mayores. Tropezamos con un sendero, muy apañado, que no lleva al mirador del Valle del Bodurria, barranco que ya conocíamos del día anterior; luego de recrearnos en él y hacernos las fotos de rigor, emprendemos la marcha buscando el cortijo de Bastidas. Las panorámicas son cada vez más bellas, avanzamos por un frondoso bosque de pinos y la temperatura es óptima para el ejercicio que realizábamos. Vamos descendiendo a marchas forzadas y todo el mundo se acuerda de la vuelta. Al llegar a un barranco, nos quedamos sin sendero, pero el sentido orientativo y las ganas de aventura nos devuelven al camino y a una zona con una fuente donde en verano se debe estar, de muerte. Nuestro experto en plantas se esfuerza por explicarnos la diferencia entre la sabina y el enebro y cómo dependiendo de la altitud los árboles tienden a protegerse de una manera o de otra.
Huertas abandonadas y una rivera frondosa pero con escasez de agua nos llevan hasta el cortijo y el área de acampada de Bastidas. Se aprecian reformas importantes e incluso una capilla en construcción; el lugar está tranquilo, soleado y con buenas vistas, entre otras las del Rapa, monte al que subimos el día anterior; continuamos nuestro caminar hasta el área de acampada, luego de algunos titubeos. Aquí nos detenemos poco, porque al detectar presencia humana, decidimos avanzar hasta los pies de la Cuevade la Golfa donde repostamos energía.
Subí en solitario para ver las cabrerizas en la que estaba convertida la susodicha cueva y sin encontrar nada interesante, retornamos al cortijo Floranes ascendiendo el arroyo Bodurria. Aquí tropezamos con una dificultad de primer orden y hemos de trepar entre pinos y rocas sueltas con todo nuestro aliento, hasta el conocido mirador. Alguna componente del grupo no se cree lo que ha sido capaz de hacer, y ya de forma relajada tomamos el sendero que nos conduce hasta la casa, no sin antes perder el camino y dividirnos en dos grupos antes de llegar a los pies de la chimenea.
Mesa comunitaria, buenas viandas y buena dormida; ingredientes suficientes para hacer de este lugar, uno más de los inolvidables en nuestro amplio catálogo de sitios con encanto.

jueves, 14 de enero de 2016

Último repaso del año


Para terminar con el repaso a 2015 y mis aportaciones al mundo bloguero, les hablo de los microrelatos que he puesto en antena para su uso y disfrute:
La maleta: Este micro que ya tiene un largo recorrido —por algo es una maleta—, tuvo el honor de figurar como relato del mes en la comunidad Tus Relatos, a la que poco a poco voy nutriendo de mis trabajos. Pertenece a una serie que denomino A pié de calle. Aún no vio la letra impresa, pero todo se andará.
Gervasio: Cierra la aludida serie, en lo que a micros se refiere, y me lo inspiró un personaje que llegó un buen día a la puerta del colegio con su furgoneta flotante a recoger a sus hijos.
Jóvenes: Cada día pasaba por junto a ellos, casi les pisaba los pies, pero estaban en otra galaxia,  no me cabe duda.
Un congreso de altura: Pertenece a la serie Breviario para las tardes de lluvia. Es el resultado de la experiencia acumulada por la dedicación al mundo de las letras.
Encuentro: Segunda aportación de la misma serie, que tuvo una buena acogida en el extinto portal Palabra sobre Palabra y que surgió de una conversación que llegó a mis oídos.
En el ámbito poético, propuse los siguientes poemas:
Y mientras tanto: Del poemario inédito Un lugar donde Rula. La poesía en la que el amor anda de por medio, requiere de pocas notas adicionales.
Tú que todo loiluminas: De mi querido Requiem por un poemario, en recuerdo de unos textos que desaparecieron sin más.
Será el fragor delarroyo: Del poemario inédito Reloj de arena.
Te confieso: Del poemario Un lugar donde Rula.
Y el cine también tuvo su pequeño espacio:
El capital humano (Paolo Virzi)
Mandarinas /Zaza Urushadze
Los limoneros / Eran Riklis
Y eso es todo amigos, ahora a disfrutar del 2016