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El tejo, de porte contenido pero aura poderosa, es
uno de los árboles más antiguos y enigmáticos de Europa. De hoja perenne y
crecimiento lento, este conífero puede superar los 15 metros de altura y vivir
más de dos mil años. Su tronco retorcido, corteza rojiza y follaje denso lo
hacen inconfundible en los rincones umbrosos de bosques atlánticos y
cantábricos. A pesar de su toxicidad, el tejo ha sido venerado por culturas
antiguas como símbolo de eternidad, sabiduría y conexión
con el más allá.
El tejo contiene un alcaloide llamado taxina, extremadamente tóxico para humanos y la mayoría de los animales. Sin embargo, de sus hojas se extrae también el paclitaxel, principio activo esencial en el tratamiento de ciertos tipos de cáncer, como el de mama o el de ovario. Así, este árbol milenario guarda en su interior un veneno que, transformado por la ciencia, se convierte en remedio que salva vidas.
Para los pueblos celtas, el tejo era el árbol de la muerte y la resurrección. Se plantaba junto a necrópolis y ermitas, y se creía que sus raíces conectaban el mundo de los vivos con el de los espíritus. En muchos lugares del norte de España todavía se conservan ejemplares monumentales junto a iglesias románicas, donde la tradición señala que los antiguos druidas realizaban rituales de paso y protección. Algunos relatos cuentan que quien dormía bajo un tejo podía recibir visiones o mensajes del otro mundo.
La longevidad extrema del tejo ha permitido datar algunos ejemplares como verdaderos testigos de la historia. El tejo de Bermiego (Asturias) o el de Barondillo (Madrid) superan los mil años y son considerados árboles singulares en el patrimonio natural de España. Aunque su madera es muy apreciada por su elasticidad y resistencia —utilizada antaño en la fabricación de arcos—, su explotación se ha visto limitada por su escasez y valor simbólico. Hoy en día, se le protege como especie clave en la conservación de bosques relictos. En Castilla y León destacan por su valor ecológico y paisajístico la Tejeda de Tosande (Palencia) y la Tejeda de El Tejedelo (Zamora), dos de los bosques de tejos más notables del sur de Europa.
En pleno Parque Natural de las Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas, en Jaén, está el que muchos consideran el tejo más viejo y monumental de España. Crece en el Valle de los Tejos Milenarios, un paraje sombrío y húmedo que mantiene intacto su aire primitivo.
La Ruta de los Tejos Milenarios empieza a pocos pasos del nacimiento del Guadalquivir. Son apenas 2,7 kilómetros de recorrido circular, con un desnivel moderado que no exige demasiado.
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