domingo, 16 de agosto de 2026

Maniquí en blanco y negro (2)

 



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De vez en cuando nota como le mira el muchacho de la chaqueta roja, puede que sospeche algo, también percibe que abren el escaparate por dentro, pero no puede saber qué hacen, le falta un espejo de referencia. “Los de seguridad andarán como locos”. De reojo se fija en su compañero de la izquierda y ve que luce un bigote postizo que se le ha levantado por un extremo, “mal asunto si alguien de dentro se da cuenta”. Un puesto portátil de palomitas de maíz se ha situado a diez pasos de él, cristal de por medio, por lo que tiene que realizar un supremo esfuerzo de concentración para no perder el equilibrio. Las palomitas son su debilidad, “sobre todo que a nadie se le ocurra comprarse un cartucho y ponerse a comer mirándome a la cara, no lo resistiría”. Tendría que cerrar los ojos, con el riesgo de ser descubierto. La única ventaja es que el olor del maíz no lo percibe, que ya es algo. Sólo huele a ropa sin estrenar y a plástico recalentado; y ninguna de las dos cosas son demasiado apetecibles de momento. Tampoco tiene mucha confianza en sus compañeros, no tiene ni idea cuando fue la última vez que los atendieron.

Aprovecha un vacío visual y cambia de postura. Ahora consigue sentarse en un taburete, ofreciendo su perfil bueno a la gente de la calle y el otro al interior de la pecera, lo cual le permite controlar la apertura interior. Frente a él dos compañeras y a su espalda deja en ángulo muerto al resto de los integrantes del turno de tarde. Es ahora cuando se da cuenta del color de piel tan poco apropiado que presenta su figura. Sus compañeras parecen auténticas musas africanas con prendas occidentales de tonos claros y veraniegos, en cambio él es una efigie de harina, revestido en negro, “¿quién sabe?, cosas más excéntricas se ven cada día en las pasarelas de moda y esto no es más que un escaparte destinado a gente de la calle”. El contraste no debe quedar mal puesto que nadie se ha extrañado. Tiene ligeras sospechas de un taxista que lo ha mirado varias veces desde que cambió de postura, “lo mismo se ha dado cuenta del movimiento y da el chivatazo, con un poco de suerte se le sube alguien al vehículo y tiene que irse, de lo contrario es capaz de descubrirlo”. Sigue el reto.

Por la posición del sol han debido pasar más de tres horas. Aún es pronto para marcarse la estrategia de fuga, muy pronto para pensar en tirar la toalla y demasiado pronto para perder la concentración, así que del escaparate para fuera está la clave de su éxito. Allí fuera está la máquina devoradora de minutos, el implacable poder del paso del tiempo; ahí dentro nadie mueve una pestaña, es como si acabase de entrar ahora mismo, apenas dos escenas abstraídas del mundo real. Quiere llevar la cuenta del número de personas que se han parado frente a él, le servirá para no distraerse y cometer un fallo. En la calle es capaz de obtener la cuenta de los donativos que depositan los transeúntes en una de sus actuaciones. Céntimo arriba o céntimo abajo, casi nunca se equivoca, pero ahí dentro la cosa es muy distinta, parece como si faltase el aire, de buena gana se quitaría la camisa, esos focos ya la están ganando terreno, da le sensación de que los tiene cada vez más cerca, “¿qué hora será?, da igual, la prueba tiene que seguir”. Es capaz de aguantar la sed, el hambre, la presión de ser descubierto, la posible detención, la comisaría de policía y la multa que no puede pagar. Ya está dentro, que era lo difícil y ha pasado el tiempo necesario para que nada se precipite. Ahora sólo es cuestión de esperar.

 

miércoles, 12 de agosto de 2026

La casa deshabitada. Capítulo XVII

 Nunca pienso en los lectores cuando escribo, no me preocupa incomodarlos, simplemente escribo, es algo intuitivo.
Chuck Palahniuk

 Fragmento de la entrevista para el semanario “La mesa puesta”, del mes de Junio del año 2000.

P.- Usted nació rodeada de libros, según ha manifestado en otras ocasiones, ¿ahí nació su primer amor?
R.- Sin duda. Mi primer amor hacia los libros, puesto que eran parte de mis juguetes y mi primer amor —platónico, claro está—hacia esos héroes capaces de hacer felices a toda dama que se pusiese en su camino. Me fascinaba la Literatura juvenil.
P.- Luego llegó el colegio, ¿cambió en algo su relación amorosa?
R.- Con relación a los libros podemos decir que se hicieron más distantes, tal vez porque las exigencias del colegio, donde me eduqué, me restaban tiempo para disfrutar con ellos, cómo a mí me gustaba.
P.- ¿Y en relación a lo demás?
R.- Digamos que los héroes de la letra impresa comenzaron a hacerse de carne y hueso. Me enamoré, me desenamoré, me dejé seducir, me dejé besar, hasta que me di cuenta que yo misma podía construir mis historias, y eso si que fue un flechazo. No sólo era capaz de imitar lo que leía, sino que al mismo tiempo disfrutaba con ello. Un lujo para mi recién estrenada pubertad.
P.- Sin embargo de esas primeras historias poco o nada ha trascendido.
R.- Si se refiere a las propias de la juventud, no lo han hecho porque aquí donde me ve, soy de naturaleza tímida y he procurado en todo momento no mezclar mi vida privada con la profesional. Ahora bien, en el plano estrictamente literario, sí puedo decirle que a pesar de mis ganas de dar a conocer lo que escribía, no me decidí a hacerlo hasta comprobar que merecía la pena, y para entonces ya había cambiado de estilo.
P.- Entonces surgieron aquellos “Cuentos infantiles” que alcanzaron notoria fama. Bien merecida, todo sea dicho, no nos equivoquemos, pero pasaron muchos años ¿no cree?
R.- Los que consideré necesarios para sacar a la luz, sin ningún prejuicio, mi trabajo.
P.- ¿Fue un amor enquistado que tardó en explosionar?
R.- Fue el encuentro con una situación nueva para mí, y el fruto de un intenso amor. El nacimiento de mi hija cambió mi vida de tal manera, que ahora sí tenía de verdad el corazón dividido en varias parcelas amorosas.
P.- Su marido, sus libros, su hija…Aunque no pudo evitar pasar por el valle del desenamoramiento, según usted misma ha confesado en alguna ocasión.
R.- Así es. A pesar de lo que mucha gente pueda pensar, sufro y padezco cómo cualquiera, nada me es ajeno, por eso me enamoro y por eso puedo dejar de hacerlo, estoy en la misma ruleta que todos los demás.
P.- Y eso se nota después en sus novelas.
R.- Mi impresión es que es muy difícil evitarlo. Una siempre trata de alejarse de sus personajes, pero en cierta medida termina enamorándose de ellos y les coloca ciertos estigmas que le son propios.
P.- Otra vez el amor. Va, viene…
R.- Nunca me agobié por ello. Mis libros estaban ahí, mi hija también. La vida igual te coloca al lado de alguien que te separa.
P.- Y usted se separó.
R.- Nunca lo entendí así. Digamos que distintos intereses hicieron que cesásemos en la convivencia que habíamos tenido mi marido y yo. El cariño que nos profesamos lo aconsejó.

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sábado, 8 de agosto de 2026

Fue tu mirada verdeoliva

 


Fue tu mirada verdeoliva
imán que subyugó multitudes,
que doblegó mi férreo torso.
Luciérnagas de noche sin estrellas,
de saco de dormir pegado al suelo.
A través de ella llegué
a adentrarme
en los secretos de la colmena,
de una rosca sin fin.
Ante ella me siento
tan de este mundo
que quiero beber a sorbo lento,
creer en el día de la ardilla
y leer en el iris
tu diario de a bordo.
Entre lámparas siempre ocultas
encontré el neón de tus ojos,
lo tengo frente a mí, se disipa,
brilla con toda intensidad.
Lo veo
vagando por entre muros de vergüenza.
Verdeoliva
como la tarde que dibuja en el horizonte
la figura de una dama
saltando entre algodones,
mano abierta, tul de seda,
extiendo la mía,
alargo al límite la tercera falange
y vuelvo a tus ojos.
                                                     

 

miércoles, 29 de julio de 2026

Sinopsis de La vida secreta de un jubilata

 


La palabra “jubilación” proviene del latín «jubilare» que significa gritar de alegría

El júbilo por encontrarse con la posibilidad de hacer cuanto  desea lejos de las obligaciones laborales, le lleva a Gregorio García González a sentirse tan libre que se lanza a contar lo que le place a base de pluma y papel. Su dos íntimos amigos le sirven de perfectos escuderos para darle ánimos. Su familia hace el resto. El mundo se abre ante la desbocada imaginación de una persona con inquietudes efervescentes  y con una carga de ideas en su interior que le afloran, ahora que puede disponer del tiempo a su antojo.
Hasta aquí es lo que aporta Gregorio. Lo demás corre por tu cuenta, lector, porque es a ti a quien va dirigido este libro.

J.R.Infante

domingo, 26 de julio de 2026

Un artista del hambre


 

La parada obligatoria está hoy dedicada a: 

UN ARTISTA DEL HAMBRE Y OTROS RELATOS.- Franz Kafka.

Al leer  “La metamorfosis”, me hice una idea  generalizada de lo que pudo significar la aparición de un personaje de este tipo en los tiempos en que vivió Kafka.- Es su obra más conocida. Sin embargo me ha sorprendido gratamente ese artista del hambre, tan de actualidad hoy en día por lo de moda de las huelgas de hambre. O ese trapecista que hacía toda su vida en lo alto del trapecio, como aquella ecologista norteamericana que se instaló en lo alto de un árbol para evitar que lo talasen. Son ese tipo de historias que a todos nos gustaría contar, pues no cabe duda que dejan al lector como vulgarmente se dice: “con las patas colgando”. Luego aparecen otra serie de relatos, para mi gusto más intrascendentes que culminan con ese “Once hijos” que no parece propio del autor de La metamorfosis.

NOCHES BLANCAS.- Fiódor m. Dostoievski

Era una noche prodigiosa...Así comienza este magnífico relato de Dostoievski que puede y debe leerse de un tirón para saborearlo mejor. Es un maravilla en todos lo sentidos: lo fácil que resulta su lectura, lo bien coordinadas que están todas las acciones y la gran lección de amor que transmite el escrito. Para mi gusto un auténtico poema en prosa. Reconforta encontrarse con relatos como éste en un mundo rodeado de tantas y tantas noticias desagradables, puesto que ayer como hoy afortunadamente seguimos contando con momentos que nos hacen creer en la vida, a veces es tan sólo un instante, otras unos días y otras...unas cuantas noches blancas. Buenísima lectura.

DOCE CUENTOS PEREGRINOS.- Gabriel García Márquez.

Leídos más rápido de lo que pensaba  —tal vez por la premura de devolver el libro a la biblioteca —, me han reconfortado bastante estos relatos de García Márquez. Casi todos ellos transmiten la idea de un escritor sudamericano que se encuentra en Europa. Sus constantes idas y venidas de un lugar para otro le han proporcionado material para configurar estas historias a caballo entre los dos continentes. Cuenta que los reescribió todos al mismo tiempo – algo que me ha llamado la atención -. Gente que anda por aquí y que les ocurren cosas, como al todo el mundo, pero que dejan bien claro cual es su lugar de origen su patria chica. Me gusta la forma de relatar de este autor y de todos me quedo con ese “Avión de la bella durmiente”, donde se ve cómo son los escritores a la hora de fijarse en detalles. Buena lectura.

 

viernes, 24 de julio de 2026

Unión indisoluble

 


La radio dejó de sonar por un fallo mecánico y el escayolista quedó pegado a la placa del techo.

martes, 14 de julio de 2026

Los truenos

 


Los truenos anunciaban la tormenta,
nubes negras precedían la noche.
Eran tiempos en que poseer  coche
quedaba acotado a gente opulenta. 

Por eso el bravo segador se enfrenta,
sin que nadie le haga ningún reproche
a los rayos que por  la medianoche
marcan el camino a su yegua absenta.

Lleva a la grupa un fascinado infante,
arropado en capote protector
que rezuma un momento apasionante 

muy lejos de la jerga altisonante
que proclama su padre, detector
de temible contingencia apremiante.