lunes, 24 de octubre de 2011

Leer en la pantalla

271 Por fin llegaron las lluvias, Gon, y por fin pude disfrutar de una jornada campestre como dios manda, Alba, para que veas que todo llega, tienes razón Alba, lo que no se es si esta lluvia le vendrá bien a la sequía de clientes que tenemos en las otras casas, ¡qué quieres que te diga, Gon!, los líos se pagan y la gente se cansa de llamar a la puerta y no poder entrar, menos mal que por aquí estamos tranquilos ¿no te parece?, ya lo creo Alba, pero no cantes victoria que estando D. José de por medio nunca se sabe ¿terminaste de leer Lolita?, lo terminé Gon y aún me sobrecoge su recuerdo, Nabokov no se cortó un pelo en su relato, tienes razón Alba, ¿puedo preguntarte una cosa personal Gon?, sí claro, ¿por qué me estás dando tantas veces la razón esta mañana?, ¡me cago…cuidado que eres!, ¡Ja,ja,ja…no me he podido reprimir, lo siento compañero!, ahora en serio: ¿es cierto lo que se dice que el jefe te ha encargado la lectura de una novela en la pantalla?, es cierto, ¡jolines Gon! ¿y como lo llevas?, pues mira, si quieres que te diga la verdad, ¡si quiero!, ¡¡otra vez!!, ¡No, Gon, lo siento!, no quiero cortarte, no te lo tomes así, de verdad, dime como es eso de seguir una novela a través de la pantalla del ordenador, ¡déjate de cachondeo, Alba!, estás hoy como el tiempo, lo cierto es que era bastante escéptico al respecto pero una vez iniciada la lectura, lo veo cómodo, es en pdf y te permite desplazarte, buscar páginas, frases, en fin Alba, lo propio en estos casos, la semana que viene ya entraremos en su análisis ¿te parece?, tienes..¡joé!, vaya mañana que llevo, ¡de acuerdo Alba, en eso quedamos!, pues vaya usted con dios amigo, vaya usted con dios.

viernes, 21 de octubre de 2011

Al principio fue Platón

 
269 Con permiso de D. José y el beneplácito de Gon, tengo el gusto de dedicaros, queridas Ananda y Stella, el siguiente poema, ¡que lo disfrutéis!…
                                                          

 

 

 

 

Al principio fue Platón.

Sembré de libros mi pupitre

-nació la poesía-

y el mar de tus cabellos

me convirtió en Neptuno.

Tus ojos, mis labios, tu mirar,

mis suspiros, tu palabra, mi entusiasmo,

tu ausencia, mi figura, tu corazón,

mi primavera.

Llegaron los de lengua ligera:

muslos prietos que al tocarlos

te endurecen la vida. Labios

sonrosados, cuerpos gráciles

de miel tras escaparates de lujo.

Amigos;

se conjugan verbos. Se rompen barajas

la afilada tijera amontona

metros de film.

Me abraso la blanca carne

y no puedo alcanzar el ascua.

                    Un día queda el reloj

sin arena. Se transparentan

sus cristales.

Una nube llueve besos

y enfermo de por vida.

Los dedos se multiplican,

encuentro el nexo de unión

y amo—respiro sin diferencias.

Alguien, a mis espaldas,

repuso los granos de arena

¿amor? Si ¿Y los besos?

¿Y mis ansias de fundirme

contigo?.

¡Ay mis versos becquerianos!

¿Qué hago ahora tan solo?

El monte se volvió pared

y me da vértigo, si escalo.


Calor. Dicen que somos muchos, que la vida se alarga y que nos multiplicamos. ¿Es eso digno de tener en cuenta para justificar la guerra?. Como duelen, las aún consecuencias del hongo nuclear. Hay un perro que cada noche me acompaña mientras medito y una codorniz que emite par pa lá. Y en el subsuelo de este barrio—Las Golondrinas-, ningún obrero encontraría una rima inconclusa. Pasear, de ida o de vuelta ¿qué mas da?, pero siempre pasear.


lunes, 17 de octubre de 2011

Lecturas y escrituras


268 Aquí estamos de nuevo, Gon, como todos los lunes Alba, somos más fiables que el Ave y por lo que veo el jefe ha dado un pasito para atrás, ¿a qué te refieres Gon?, que otra vez estamos donde estábamos, con nuestro portal como dios manda, ¡ah, si!, es que eso del laberinto era un lío, menos mal que Ananda y Trini se lo han tomado con resignación, y por cierto, Alba, parece que les ha gustado tu poema, y yo que me alegro, más vale que sea así Gon, porque con la otra casa no sé que va a pasar, ¿te refieres a Megustaes…?, ni me lo nombres, me da sarpullido ese portalito, yo no se a que está esperando D. José para sacar a la gente de allí, espérate no vaya a tener que ir yo a sofocar el fuego, no lo creo Gon, mejor que hablemos de otra cosa ¿cómo te va con “Alondra y Termita”, me está gustando, desconocía a su autora, Anne Phillips, y lo cierto es que me tiene enganchado, yo también estoy disfrutando con Lolita, otro gran libro, sin duda, Alba, lo que pasa es que es más conocido por el cine y esa cosas, lo uno no quita lo otro ¿qué te parece el arranque de la tertulia?, tenemos ganas, Alba, que es lo importante, otra cosa es lo que podamos conseguir, ya sabes como funciona esto, es cuestión de mucha voluntad, y de piedra de toque para tus relatos, ya lo creo Alba, de hecho ya he dejado uno para su análisis, y para que el jefe no se enfade, hablando del ruin de Roma, ¡ofú, las nueve y veinte! ¡hasta luego Gon!

lunes, 10 de octubre de 2011

Que no se pierda esa flor


267 Aunque siguen los problemas por Megustaescribir, que no acaba de entrar el otoño y que no se ve la luz del túnel en la crisis nuestra de cada día, Gon, yo traigo mi aportación lírica, como debe ser Alba, espero que ninguna de nuestras amistades se pierda en el laberinto en el que nos ha metido D. José…

                           




     QUE NO SE PIERDA ESA FLOR                  
               
Que no se pierda esa flor,
que no llegue nunca el estío.

Dios, como me tiembla el cuerpo
y se me enrojecen los ojos.
                  Me comería a besos su
piel,
y sorbería uno a uno sus
gráciles dientecillos.

Que no se pierda esa flor,
que no llegue nunca el estío.

Siete primaveras, Dios de los cielos,
siete GRITOS quiero dar
           conteniéndome furioso.
¡Oh bella blancura! ¡Oh marchita amapola!
Conservarte quisiera, amor mío,
en cristalera eterizada.

Que no se pierda esa flor,
que no llegue nunca el estío.

Fui torpe quitapolvo
que ahogó en lágrimas
tu lechada prominencia.
Un apunte
un mínimo apunte fugaz
y en papel semiarrugado
trazaste virginales letras que
han obstruido mi garganta.

Que no se pierda esa flor,
que no llegue nunca el estío.

Díos, Díos y Díos,
no apartes jamás la gota
que hace posible el arcoiris.
Que el calor de esa almohada
permanezca siempre incólume
aunque nieven tormentas de años.
Que tu nombre sea el frescor
y yo la hoja
reseca que cada mañana
te mira.

Que no se pierda esa flor.
que no llegue nunca el estío.

¡Oh grandioso bigotudo,
rey con siglos a cuestas!.
El corazón tengo atravesado
por una ventusa margarita que
arrancó agua salada de mis
acristaladas pupilas.
            Si tesoros hay en
el mundo, ninguno
ostenta la grandeza
de la mente filantrópica
de esa luz de primavera.

Que no se pierda esa flor,
que nunca llegue el estío.

lunes, 3 de octubre de 2011

Ya estamos tod@s

266 ¿Qué pasa por Megustaescribir, Gon?, no lo tengo muy claro Alba, desde que me vine de allí vienen ocurriendo cosas raras hasta desembocar en esta clausura total qué ya veremos en qué queda, la crisis que puede con todo, debe ser eso Alba, aunque me da a mí que en este caso tiene más que ver con los hados informáticos que con otra cosa, dices hados en lugar de hadas porque en masculino parece que tienen más mala leche ¿no?, digo hados, y déjate de segundas, por decir cualquier cosa, lo cierto es que a ver que va a pasar ahora con todo el trabajo que teníamos por allí, ¡ah!, eso ya es cosa de D. José, que dicho sea de paso ha tenido esta semana dos referencias muy claras de nuestras ilustres visitantes, ¡no me digas!, abre las orejas Gon: tanto Trini como Belkis le animan con sus problemillas otoñales y cargan las culpas a los cambios de estación, en parte tienen razón Alba, a mí me gusta la caída de las hojas y esas cosas, pero me deja un mal cuerpo ese calorcillo que no acaba de irse, que te confías con la ropa ligera, con los aires acondicionados, el del membrillo, eso dicen Alba, ¿te acuerdas de aquella película que retrataba la construcción de un cuadro?, el sol del membrillo, creo que sí, que bonito ¿verdad?, qué bien resultaron aquellas imágenes del pintor sentado cada día a la misma hora para conseguir lo que quería de forma evolutiva, así es el arte Gon, oye otra cosa, Stella también estuvo por aquí, ¡no me digas, no la he visto!, es que tuvo problemas de identificación, pero la veo muy mejorada, ¡ah, bueno!, eso es lo importante que siga ahí, que no decaiga la nómina de poetas, ¿y de Ananda sabes algo?, un pajarito me ha dicho que está llamando a la puerta, pero por lo visto no le va bien con el portero automático, ¡joder!, ¡Gon!, ¡uy, perdona Alba!, es que me da rabia tantos inconvenientes, encima que somos pocos por lo menos que estemos bien avenidos, no es cosa nuestra, ¡jolines qué tarde!, ¡Vámonos!

 

lunes, 26 de septiembre de 2011

Otoño

265 Gon, ¿no has visto al jefe por ahí?, ni lo he visto ni ganas tengo, es que me preocupa su estado, ¿qué le pasa?, le pasa Gon –según me cuentan- que no duerme bien, tiene problemillas con Nerea, ¿está enferma?, ¡no, no es eso!, líos familiares, ¡ah!, a mí eso no me importa, siempre que no repercuta sobre nosotros, ahí está el peligro Gon ¿no lo entiendes?, como le duela una muela D. José, repercutirá en sus humildes empleados, no te quepa duda, yo a lo mío, allá él con su problemas, tampoco es eso Gon, no seas así, por muy jefe que sea, nos vemos todos los días y eso quieras o no influye…¿en qué Alba?, está bien Gon, ya veo que hoy no estás para mucho romanticismos, así que a lo material ¿terminaste tu lectura?, así es, pude con Balzac ¿y tú?, pues yo también pude con Homero y su Odisea, que dicho sea de paso me ha gustado mucho, ¿más que la Ilíada?, más que la Ilíada Gon, tal vez porque estaba en prosa y era mucho más comprensible, hablando de otra cosa ¿viste a Miuris el otro día?, si que la vi y aunque ella piense que aún estamos de vacaciones, hace ya tanto que ni me acuerdo, también dice que le gusta el otoño y que estamos de vendimia, ya sabes que de vez en cuando nos tomamos unas uvitas con ella, lo sé, lo sé Alba, ¿y a Trini?, también hablé con ella y me dio la impresión de que le ha gustado mucho tu sinfonía, es que ella es muy romántica, y muy sutil en su poesía, en fin Gon que aquí estamos otra vez, de lunes y con ganas que es lo importante, ¿te acuerdas de Kundera?, claro Alba ¿por qué lo dices?, porque ayer visioné la película “La increíble levedad del ser”, ¿en el cine?, no, en mi casa, cuando quieras te la paso, es fantástica, te recojo el guante, ¡hala!, pues ya es hora de cortar, no sea que llegue D.José, hasta luego Alba, hasta luego Gon.

lunes, 19 de septiembre de 2011

Sinfonía en pí mayor (y 3)


264 Ya lo sabes, Gon, a Trini le gusta más el libro papel que leer en la pantalla, hay gustos para todo Alba, yo apuesto por los e-book, está bien no volvamos a lo mismo ¿terminamos con la sinfonía?, así es Alba, tercera y última entrega de este relato, pues nada Gon, que nos aproveche…

SINFONÍA EN PÍ MAYOR
Lees: “Gran ave zancuda blanca y rosa; parte anterior de las alas rojas y parte posterior negra; cuello muy largo; patas rosas; pico corto, grueso y curvado hacia abajo, rosa con punta negra; los jóvenes son pardo-grisáceos sin rosa: sexo iguales”. ¿Comprendes ahora por qué se les llama Phoenicopterus ruber? Me miras como quien duda de creerse lo que escucha; beso tus labios rosas y acaricio tu nuca. Ahora pareces más convencida. “Los colores más increíbles que iban del amarillo más tenue a un naranja intenso del rosado y del rojo hasta el verde, constituían un espectáculo que nunca me quería perder. Y cuando a ese cielo lleno de colores lo cruzaba una bandada de flamencos rosados, el espectáculo era casi sobrenatural”.  Leías en un libro sobre la Patagonia, mientras que yo me quedo extasiado, al cruzarse en el visor de mis prismáticos una de las aves más esquivas y a la vez más impresionante, que se puedan ver por estos lugares. Por aquí le llaman el gallo azul, pero todos los aficionados sabemos que se trata del calamón común: luce su característico plumaje azul purpúreo que según va desplazándose de un lugar a otro, se ve en mejores o peores condiciones, pero que daba la luz que hoy tenemos, se convierte en un éxtasis su contemplación. Procuro que lo veas lo más rápido posible antes que se pierda por la masa de espadañas por las que se mueve, o en su defecto que aguantes todo lo que puedas con los prismáticos tratando, de hacer un minucioso barrido por toda la zona cubierta de vegetales. Lo distingues, quedas sumida en su contemplación y mientras describes lo que ves, me pierdo en contemplar cada facción de tu cara, en ese temblor nervioso de tu mano izquierda que me gusta imaginar es debido a mi presencia. Busco tu cuerpo en medio de este mar de verdor y músicas melodiosas, no puedo resistir la tentación de saborear tus besos y entregarme a tus deseos, a esas ansias que brotan de todos tus poros. Pasan los minutos, la soledad es cada vez más palpable aunque no podemos sustraernos a la tentación de mirar de vez en cuando por encima de los hombros, para ver si se divisa algún vehículo en la lejanía. Ese inmenso azul que nos invade, ocupa todo el espacio, y nos sentimos valientes rodeados de multitud de aves entregadas a sus distintos quehaceres, sin preocuparse demasiado por la ocupación de esos dos seres que se encuentran en el interior del coche. Ellas están acostumbradas a que de vez en cuando alguien se pare a contemplarlas,  guardan las distancias y las formas, y confían en la buena voluntad de los bípedos que merodean por estos caminos. Sudamos a pesar de tener abiertas las ventanas delanteras del coche. Más allá un ratonero prueba a vencer la resistencia del aire, y trata de mantenerse como si fuera una cometa. Zigzaguea, se deja caer con las garras abiertas pero no vemos si ha sacado algo del agua o ha fracasado en su intento. Acostumbrado a verle en terrenos más boscosos, me sorprende y confunde, pero para algo han sido dotadas las aves de esas prodigiosas alas, para poder desplazarse con facilidad y parecer a veces que son capaces de estar en dos sitios al mismo tiempo. El sol inicia ya su vertiginoso descenso, y pronto se podrá ver en la lejanía toda una extensa franja coloreada, mientras que las nubes más cercanas dibujan formas que semejan animales salvajes, buques fantasmas o ilusorias ciudades algodonosas. Va disminuyendo el ímpetu vital de la mayoría de los habituales de la zona, al tiempo que las sombras recobran su efímero dominio. Pongo de nuevo en marcha el motor del coche, y emprendemos el retorno por pistas llenas de agujeros, que parecen no acabarse nunca y que nos hacen dudar si en algún momento volveremos a pisar el asfalto, o nos habremos metido en un laberinto de canales, que nos mantendrá ocupados durante toda la noche. Viene a mi mente la estridencia del canto del triguero y la increíble capacidad de vuelo del cernícalo. Por un instante me gustaría que nos convirtiésemos en alguno de ellos, para sortear la montaña de residuos plásticos que nos corta el camino y contar con los últimos rayos de sol – esos que nada más que ven las aves – para llegar a nuestra dormidera. Miro tus ojos llenos de dulzura, y respiro profundo el sabor a marisma que destila tu piel.