viernes, 23 de octubre de 2026

Sobraban las palabras

 


Todas las noches igual; no hacía más que echarse en la cama cuando comenzaba el concierto. Si encendía la luz, cesaba el ensayo; apagaba la luz, seguía el concierto; si se levantaba con la luz apagada, al más mínimo tropiezo ya no se oía nada; si volvía a la cama, continuaba la música. Así que una noche, cuando todo comenzó, se deslizó de la cama, sujetó con una mano la minilinterna y con la otra el bote de spray, reptó hasta la fuente de sonido conteniendo la respiración, iluminó el pequeño orificio del que salía aquella voz de barítono y lo abroncó. Terminada su proclama, agitó el frasco de insecticida y apretó el botón con toda energía. Cuando quiso reaccionar, el grillo ya se había ido.

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