jueves, 17 de octubre de 2019

Quise volar contigo




Dentro de este trepidante mundo donde nos movemos, a veces no nos damos cuenta que tenemos junto a nosotros a otros seres que sin tener nuestro mismo sistema de comunicación, tienen otro, que a poco que nos esforcemos, podemos llegar a entenderlo.
Lorenzo Vázquez fue un joven naturalista que desde la humildad de la pequeña población donde vivía, fue capaz de llegar tan lejos que llegó a sentirse como el más feliz de los habitantes de la Tierra. Y todo porque en su camino se cruzó Pardal, un intrépido gorrión, con un punto de mira algo más alto que el de sus congéneres, que no le importó vencer algunas trabas por tal de demostrar que es posible la convivencia, aún en situaciones comprometidas.
Lorenzo Vázquez —Loren—, entendió e hizo ver que esos minúsculos alados que a diario tenemos a nuestro alrededor, resulta que son seres vivos, a los que hay que darle su sitio en la Naturaleza, a los que es una delicia contemplar, querer y disfrutar de ellos, dejando a un lado la materialidad del ser humano, que tan sólo ve en estos seres la forma de poder explotarlos.
A Loren le gustaría que cuando el lector llegase a las últimas páginas de sus escritos, éste hubiese ganado tanto en sensibilidad y sentido común, que cambiase de actitud respecto a las aves, que se animasen a su estudio y tal vez a preguntarse si de verdad son tantas las diferencias que no separan de ellas.

Ellos no lo sabían, pero en sus cerebros, había un punto de encuentro como para que más tarde o temprano, terminasen compartiendo su tiempo. El muchacho era consciente de que:
-          La mejor forma de acercarse a las aves era a través de su conocimiento, por eso quería ser ornitólogo, porque teniéndolas cerca las podía estudiar mejor.
-          Sabe por otras personas lo difícil que es sacar adelante a un gorrión y se enfrenta al reto de hacerlo.
-          Piensa que puede llegar a comunicarse con las aves, igual que con otros animales más cercanos al hombre y el gorrión es de las aves más cercanas al hombre.
Y el pequeño gorrión:
-  Llevaba en sus genes el conocimiento de que cerca del hombre hay comida (uno de sus tres principios básicos), pero también hay peligro.
-  Quiere romper barreras y demostrar a sus congéneres e integrantes de otras familias de su hábitat, que se puede vivir con el hombre o al menos con algunos hombres.
-   De esta manera se puede romper la distancia que separa ambas especies y el cotidiano vivir de las aves sería más placentero, al tener un peligro menos.

Pero ¿será cierto que las aves se parecen a los humanos?
Nada mejor que meterse dentro de una confortable taza donde tiene lugar la rotura del cascarón, o ver lo cuesta llevar comida para una prole, sorteando miles de peligros. Porque a veces no somos conscientes de que las aves, nacen, crecen, se reproducen y mueren; tienen vida social y familiar e incluso tienen problemas de vivienda por múltiples causas: deforestación, destrucción de hábitas, ruidos, presencia de depredadores naturales.
No obstante existe una distancia entre el pensamiento humano y el sentir de las aves, así como una distancia entre el comportamiento humano y el comportamiento de las aves, que se refleja sobre todo en los distintos conflictos,  a lo que unos y otros, se tienen que enfrentar. Loren, para defender sus ideas tiene que enfrentarse a personas muy próximas a él, si bien es cierto que hay otras que lo apoyan y Pardal, además de superar ese contacto tan directo con el hombre, vive casi como propios los distintos conflictos en los que se ven inmiscuidos otros emplumados que se mueven por un entorno cercano.

Por entre las páginas de este libro iremos abriendo y cerrando puertas con nombres propios:
-          Valleslargos, pequeña población en la que Loren tiene ocasión de convivir tanto con los humanos, como con las aves.
-          La Cerca, espacio original de Pardal y donde otra especie, la de los alcaudones, se mueve y nos cuenta como es su mundo.
-          Huerto Guerrerillo, o lo que es lo mismo, lugar de encuentro entre dos especies de distintas familias, a los que la vida les tiene reservada una singular peripecia.
-          Barranco Hondo, donde se mueve un grupo contrario a la integración del pájaro y el hombre, liderado por un reaccionario jilguero que pasa por ser un prófugo de las páginas de la propia obra de Loren.
-          El Pantano, donde la convivencia no es lo que debería ser para la buena marcha de la comunidad aviar y que obliga a Pardal a intervenir.
-          Los cielos, porque si para algo surgieron las plumas —entre otras cosas—, era para poder confundirse con las nubes.

Seis espacios, por los que tanto Loren como Pardal se mueven con total soltura y en los que tienen amigos comunes con muchas historias que contar y donde la distancia entre la vida y la muerte es tan corta, que a veces basta una pequeño descuido para cruzar la frontera entre la una y la otra.




miércoles, 16 de octubre de 2019

El kiosco




Se cuenta que en aquella urbe donde el sol brillaba con radiaciones de azahar y un día la poblaron los moros, sucedió una mañana que al ser depositados los paquetes de periódicos en el lateral del kiosco de la calle Feria, se produjo un hecho histórico que paso a relatar:
Por un fallo en el sistema de embalaje habían llegado calentitos y sin atadura ninguna, por lo que en el intervalo hasta la llegada del kiosquero, se produjo un tráfico inusual de ideas que terminaron por convertir las distintas corrientes de opinión, en un río de tinta a cada cual más calamitosa. Los artículos estaban llenos de tachaduras, faltaban palabras que habían sido sustituidas por iconos o siglas que no venían a cuento, y no había una sola firma a la que no se le hubiese añadido alguna coletilla malintencionada, o no se le hubiese recordado su pasado rojo, verde o amarillo, según los casos. Las editoriales quedaron reducidas a espacios vacíos de contenido o con letreros del tipo: “Cerrado por defunción” “Se vende” “Ni contigo ni sin ti”. Las esquelas mortuorias fueron vilmente manipuladas, habiéndose cambiado el nombre de los finados por reconocidos personajes públicos...Desde ese día, los periódicos en ese kiosco se depositan sin atar y se les da sus minutos de reposo para que el éxito de ventas siga subiendo.

sábado, 5 de octubre de 2019

Eucalipto de la Pizana


                                               Árboles y arboledas singulares de Andalucía

Singularidad:
Varios son los motivos que hacen singular al árbol aquí descrito. El primero es la magnífica talla, ya que se eleva hasta los 40 metros de altura. Lo segundo es el perímetr o troncal que alcanza en la base casi 10 metr os y a 1,30 del suelo la cir cunferencia asciende a más de 6 metr os. Otro aspecto llamativo es el haberse convertido en el r efugio y criadero de 23 parejas de cigüeñas (Cicconia cicconia) y sus pollos. Estas se encuentran distribuidas a lo largo del árbol, construyendo los nidos en los puntos de ramificaciones principales.
Entorno:
El Eucalipto de La Pizana está emplazado próximo a un cortijo en una zona de cultivos herbáceos en secano. A 350 metros haciael oeste se encuentra el cauce del río Guadiamar. Más allá se observan las antiguas minas de Aznalcóllar. Debajo del eucalipto existe otro de menor porte.
LOCALIZACIÓN
Paraje: La Pizana
Término municipal: Gerena
Espacio Natural Protegido: No
PROPIEDAD
Privada
CARACTERÍSTICAS MORFOLÓGICAS
Altura total: 40,00 m
Altura del fuste:4,00 m
Perímetro (a 1,30 m):6,53 m
Perímetro en la base:9,67 m
Diámetro de copa:
dirección N-S: 26,00m
dirección E-W: 25,00 m
Proyección de la copa:510,51 m2

jueves, 3 de octubre de 2019

Tiempo de tertulias




Llegó otoño y con el las esperadas tertulias literarias. A fuerza de ser pesado insisto en ello, porque con el paso del tiempo he descubierto que es la mejor manera de mantenerse enganchado a ese mundo tan especial, como es el de la lectura y la escritura. Las circunstancias me han llevado, a esta alturas de mi vida, a dedicarle la mayor parte de mi tiempo a estas dos facetas, y como da la casualidad de que en ese terreno me encuentro como pez en el agua, aquí estoy un año más, con ganas de ser el eterno aprendiz de todo. La literatura norteamericana ocupa el encuentro mensual que dirige José Carlos Carmona, y está siendo con el paso del tiempo una magnífica oportunidad de conocer a esos autores, que parecen estar un puntito por delante de la literatura en nuestra lengua. Eso y la aportación de la gente que allí acude, hace que trate de no perderme ninguna sesión. En segundo lugar cito al club de lectura Alféizar, de Camas, que tantas satisfacciones me está produciendo, en el poco tiempo que llevo por allí. Un grupo magnífico, una implicación extraordinaria y una consideración hacia mi persona de la siempre les estaré agradecido. Lugar de aprendizaje en todos los sentidos. Y por último, cito a la tertulia que yo mismo dirijo, en la Casa de las Sirenas de Sevilla, con la particularidad de ser algo más anárquica, pero llena de encanto; nos mantenemos al tanto de la actualidad y , aunque somos pocos, solemos ser fieles a la cita quincenal. Vivencias en conjunto que hacen más rica nuestras vidas y eso siempre es digno de agradecer, a las circunstancias y a las personas que conformamos uno u otro grupo.

martes, 1 de octubre de 2019

Siempre encuentro




Siempre encuentro en mi memoria
—a veces nada busco—
sabor a café azucarado
en una mañana soleada de invierno.
Son las diecimedia en punto,
hora de alimentar el alma
viendo la desnudez de la calle
reflejada en el jaspe de tu mirada.
Es el momento grácil,
                                 la fuente oculta entre el tráfico
donde saboreo el agua más fresca
que manar pueda río alguno.
Tu presencia, tu palabra,
el gesto mecánico del camarero
y el amorfo escudo de mi camisa
dan vueltas en torno al mundo
hasta que llegan otras diecimedia.
Calendario de vida intensa
—me fue marcada en el Olimpo—
que no tiene tardes ni noches
                                            que aspira con fuerza el aire
rastreando el perfume de tu piel.
Tal vez en alguna hora del día
se hayan cruzado en el éter
aromas y deseos
y nos hayamos visto los dos
sentados frente a frente, en el bar.
Tañer de solitaria campana
que llama puntual a la oración
mientras un caballo relincha
desprendiendo luz entre sus cascos.

jueves, 26 de septiembre de 2019

Sierra Mágina II




                                                      Domingo 7 de diciembre de 1997
Previo a la salida oficial me doy una vuelta por Bedmar, localizo el Ayuntamiento y las ruinas del castillo, desde el cual me hago cargo de la situación geográfica en la que nos encontramos: Sierra Mágina se deja ver en todo su esplendor cubierta de nieve, mientras que a mi espalda una enorme pared perteneciente a la "Serrezuela" parece proteger al pueblo de los vientos del Norte.
La ruta del día pasa por una inspección al castillo, y una marcha en coche hasta las proximidades del campamento montañero "Mágina-97". Desde allí, con un sol que se agradece, comenzamos a ascender buscando la nieve, y un lugar donde poder disfrutar deslizándose con un impermeable: los niños, M. Galey y el perro disfrutan con este ejercicio mientras que los demás lo hacemos con el paisaje. A partir de aquí inicio una aventura en solitario, por medio de un bosque de pinos que conforme se asciende se va convirtiendo en más dura por la abundancia de nieve. Dejo el bosquete y me adentro en una zona de matorral y carrascas, dónde sin sendero definido y con la nieve por la rodilla en muchos tramos, continuo el camino, aunque la abundancia de nieve me impide llegar a la cumbre. No obstante disfruto de lo lindo pisando y luchando con aquella manta de blancura. Sentía que me mojaba la parte baja de los pantalones, pero no me importaba; inicié la bajada de una forma bastante cómoda, deslizándome y guardando el equilibrio como buenamente podía. Dentro del bosquete me detuve un instante para disfrutar del silencio y de la grandeza de lo que me rodeaba. Me reuní con los demás en el valle para comer; nos acercamos al campamento y de nuevo me encontré solo ante un sendero que prometía bastante, ya que llevaba hasta el mismo pico Mágina (2167 mts): Se inicia el camino en una pista en parte helada y poco a poco se alcanza un sendero totalmente helado, rodeado de nieve y en una zona bastante fría. Como todo era subida no había problema de enfriamiento; me encontraba a la gente que volvía y me informaba de mi situación. A mi alrededor un bosque; de vez en cuando un claro me permitía llevar la vista hasta Bedmar o hasta la zona que pateé por la mañana. Hielo en el suelo crujiente, blanco, y como nunca hasta hoy había pisado. Me detuve para comerme una naranja, gravar unas imágenes y regresar por el mismo camino, al final del cual me esperaban el resto de la trupe. Al igual que el día anterior me quedé con la sensación de volver a repetir una visita a estos parajes. Hay que saborearlas más despacio.
Por la noche en la casa, escuchamos una historia para dormir, en la voz de A. del Pino, antes de irnos a la cama.