jueves, 24 de mayo de 2018

Yo le pregunto al camino





Polvorientos parajes, transitada
senda ⸺calor incipiente⸺, confiésame
tú que lo sabes, ¿por qué hueles a pésame?
Sobre tu faz caprichosa, marcada

queda la huella  ⸺cándida, resignada⸺
de ruedas, alpargatas, cascos. Bésame
amargamente la sien, gime y césame
como cantor; más dime antes que nada:

¿dónde marchó el alegre campesino?
¿dónde la abubilla guardó su trino?
Respóndeme senda cuál será el sino

de esta aridez ondulada. Concede
licencia a mi entendimiento; él no puede
comprender y ha de saber qué sucede.

jueves, 17 de mayo de 2018

Grulla común





El mejor recuerdo que tengo de las grullas es con ocasión de una visita por las dehesas del Valle de los Pedroches, en la provincia de Córdoba. Al atardecer y agazapados para no ser visto, era todo un espectáculo verlas llegar en formación, con su característico vuelo en "uve" y graznando, como para ponerse de acuerdo a ver a quién le tocaba el mejor lugar para pasar la noche. 

 Impresiona sentirlas tan cerca de la cabeza con su enorme envergadura hasta posarse en el suelo donde inician un caminar garboso, con el cuello siempre alerta porque nunca se sabe qué peligros puedan andar acechando. Pero están bien organizadas, el grupo da confianza y por eso consiguen descansar hasta las primeras luces del alba, dónde se inicia una nueva jornada.


  Por estos parajes acuden en invierno, en los primeros meses del año. Llegan, sacan sus crías y luego a regresar a sus lugares de veraneo, que todo el mundo tiene derecho a un cambio de aires. Poseen una cabeza muy vistosa, un cuello largo y una capacidad de vuelo asombrosa. Entre encinas, saboreando el atardecer, en comunión con el resto de integrantes de la fauna del lugar, qué gran momento para disfrutarlo con los amigos. 

 
Me llama la atención el nombre como se la conoce en vasco: "Kurrillo"; al final va a resultar que tampoco hay tantas diferencias entre vascos y andaluces. Lo que es la vida.

jueves, 10 de mayo de 2018

De paseo por la Feria



La Feria del libro de Sevilla me está deparando, como todos los años, momentos para que las ganas de seguir escribiendo siga en auge. Sin llegar a destacar por nada en especial -tal vez recuerde otras anteriores que me llamaron más la atención-, si es verdad que presenta una variedad de actos que abarca todas las edades, y eso es bastante positivo. La iniciativa llevada en un colegio de educación secundaria, donde se puede asistir a un aula de creación literaria es digno de admiración; escuchar a esos alumnos leer sus propios escritos, que luego ven reflejado en un libro, es animarlos a que no lo dejen. No es tan importante la calidad de lo conseguido como el hábito de ponerse a hacerlo, luego se aprende con constancia a depurar la técnica.
Por otra parte estar delante de la persona que ha escrito un libro, sea del género que sea, nos hace sentirnos más animados a imitarla, si en nuestra cabeza se encuentra ubicada la sana intención de intentarlo. Al fin y al cabo no es más que alguien como nosotros, puede que con más preparación, pero que oyendo los motivos por los que escribe, son los mismos por los que podría hacerlo el común de los mortales, solo que hay que ponerse. La gente joven nos hacen ver sus nuevas inquietudes y sus modelos de escritura y aquellos que se mantienen en una línea clásica nos muestran su experiencia, puesto que todo es necesario y nada es despreciable.
Esa amalgama de estilos y de maneras de hacer y decir es lo que más me seduce de la Feria del libro. Luego estaré más o menos de acuerdo con unos o con otros, pero todos me enseñan algo, y como sigo siendo una esponja, disfruto. Oír los argumentos y las exposiciones me engrandece. Como bien es sabido la vida está llena claroscuros y por tanto es conveniente saborear de un lado y de otro, para luego después sacar uno sus propias conclusiones. Como al final de todo el proceso lo que encontramos es un libro, bienvenida sean las ferias de este tipo y que no decaiga el ánimo lector de quienes transitan estos días por la Plaza Nueva de Sevilla.

jueves, 3 de mayo de 2018

De torre a torre



Desde la Sierra de Aracena mientras la tormenta descarga el aguacero y deja pasar al arcoiris nos desplazamos rio abajo hasta llegar a Sevilla donde la Torre se refleja a la caída de la tarde, antes de hacerle una visita al poeta siemprevivo que tanto y tan bien cantara las glorias de esta ciudad. 














 Mientras tanto en el Aljarafe el campo de girasol nos regala la vista de unas imágenes repetibles, pero que hay que estar allí para gozarlas. 





Sin llegar a la borrachera nos embriagamos de luz y haciéndole caso al consejo de anátidas buscamos otros lugares donde la expansión acuosa se perciba de otra manera. 




 Y, cómo no, ese lugar es la costa, que entre Cádiz y Málaga nos regala puestas de Sol increíbles.



jueves, 26 de abril de 2018

Progresión regresiva



De pequeño, en mi pueblo, hacíamos cola en la fuente para llenar el cántaro de agua. Luego llegaron los embalses y el agua brotó en el fregadero como por arte de magia. Ahora vivo en la ciudad y contemplo con asombro mi vuelta a la niñez.

jueves, 19 de abril de 2018

Mustélida



Publicado en 1979 en la Colección Vasija, del grupo Barro.
MUSTÉLIDA en nutria en un río, es ave en vuelo perseguido, es vela en alta mar, es libertad serena, es lucha sin rencor, es batalla sin sangre del hermano, es pueblo, es sueño, es esperanza, es rabia y es amor, es seno y trenza, es mujer y reposo... Eres tú mismo persiguiendo ilusiones que se escapan, huyendo delante de tus ojos cuando leas.
Pedro Arnaiz Tejada

Mustélida fue cuando pequeña un árbol,
porque creció desnuda de cuerpo en primavera.
Mustélida es como un surco de espumas.
¡Oh! reprimida fuerza de galerna su boca.

Estrella que iniciaba su ruta en las galaxias
para poder un día bombardear el hambre
y poner parabrisas al llanto de su pueblo,
abocado hacia el mar inmenso de la tierra.

Porque la tierra seca guarda un mar en su vientre,
una balsa infinita de sudores y llantos,
que perdieron el filo de las negras raíces,
y entonces subterráneos, sostienen pueblos muertos.

Por eso ella lo busca,
confundida en la rosa.
Estrellando en la nube relámpagos de lluvia.
Queriendo abrir el libro de sus manos vacías,
para que todos lean la furia de sus uñas,
el tacto de sus dedos, el calor de su carne.

Por eso ella lo busca
y lo encuentra en la brisa,
y lo describe a gritos, escribiendo en paredes;
y lo demuestra en medio
de la fuerza del orden.
Apedreando vidrios,
picando la verdad con los dientes,
lo mismo que una bomba de mano,
rápidamente al aire.

Mustélida social.
Diana de mis flechas.
Arco de mis silencios.
Vencejo de mis haces.

Trepadora de árbol
donde anidan los sueños.
Peine de arar besanas.
Red de pescar instantes

...................................................

Disparada al amor como un suspiro
que, atravesando besos y caricias,
hace la vena río navegable.

jueves, 12 de abril de 2018

Sentirse arropado


Sentirse arropado a la hora de presentar un libro es una de las grandes satisfacciones que se puede llevar el escritor, independiente de lo que más tarde le espere al propio libro.



Los amigos, la familia, los compañeros de letras, los conocidos, el despistado que se cuela en el salón porque le gusta estar un rato sentado escuchando lo que allí se diga.



 En fin, toda esa maraña humana es lo que conforma la representación que ante si tiene el autor.



Hay casos y casos, claro está, pero en el mío al que no acude un periodista ni por equivocación, no está presente ningún oteador del mundo editorial ni siquiera por tomarse un refresco al finalizar el acto, ni se me ha dado aún la posibilidad de que algún desconocido me pregunte por qué escribo o a dónde quiero llegar, me sirve de gran consuelo contemplar a esas caras tan circunspectas a las que miro con gratitud y serenidad porque en el fondo y , a pesar de algunos nervios iniciales, lo único que me juego es que todos el mundo salga satisfecho del rato que hemos pasado juntos.



Una gran tarde, la vivida el pasado lunes, con ocasión de la puesta de largo de Breviario para tardes de lluvia, de las que animan a seguir en el tajo, a no abandonar lo que tanto amo, cual es sentarme en la mesa de mi escritorio y comenzar a contar historias más o menos noveladas de aquello que me rodea.



El formato es lo de menos, a veces surgirán en forma de poemas, otras de relatos, otras de micros e incluso hasta de novelas.






 Pero es lo de menos, ya digo, lo interesante es estar con la pluma siempre dispuesta para rellenar la hoja en blanco.