jueves, 21 de febrero de 2019

Seguimos volando


                                                     Imágenes tomadas de la red



Chorlitejo chico
Lo conocí en las orillas de un pantano correteando como chiquillo tras una pelota, con su vocecilla estridente poniendo en alerta a toda la familia. Con paciencia y prismáticos se terminan descubriendo sus facciones: patas amarillentas, anillo, ocular, franja alar blanca. En vuelo despliega todo un alarde de dominio del medio.
                                        



Águila perdicera
Se de su existencia porque en el campo andaluz es difícil que no hay un cazador que no la conozca, por aquello de la competencia. No he tenido aún la suerte de verla siquiera en vuelo. Dice la guía que cala sobre su presa como un halcón.
                                              


Buitre negro
Impresiona verlo en el cielo, con esa facilidad de vuelo sin motor, dejándose llevar. Lo he conocido en una colonia estable, anidando sobre encinas, gracias a un programa de recuperación que se llevó en su día por las sierras de Huelva. Puede confundirse con el común, pero fijándose bien predomina el negro por todas partes, teniendo además costumbres más solitarias que su pariente, el leonado.

                                              



Buitrón
Esta avecilla, de apenas  10 gramos de peso, es fácil de localizar en vuelo, por su característico zigzagueo y su voz aguda y raspante. En el suelo o posada nunca llegué a saber de él. Para iniciarse en ornitología viene muy bien tenerla por compañera.
                                              

jueves, 14 de febrero de 2019

Mi tierra



Hoy he caminado bajo los signos evidentes de la llegada de la primavera. Por mi tierra, por las calles de guijarros y paredes de cal. Cada lugar por el que iba pasando me traía a la mente cómo llegue a conocerlo en otro momento, me veía correteando por uno y otro espacio como si el tiempo se me fuese a acabar. Allí está la estructura esquelética del edificio dónde el zapatero remendón daba cuenta de todo cuanto zapato se le llevase, con aquella silla  pegada al suelo, como si el hombre no tuviese miembros inferiores. Las casas han ido cambiando con el paso del tiempo, pero yo las sigo viendo como las viví, cuándo por algún que otro momento entré en ellas: a comprar, a dar un recado, a preguntar por un amigo, a ver una película en el televisor que no había en mi casa. La luz de la mañana es la misma, los lugares son los mismos, algunas personas parecen no haber cambiado, pero mi mente me lleva a verlo todo como en una serie de secuencias, en la que el espacio, la gente y las costumbres van evolucionando sin dar tregua al segundero, cómo cuando era niño: todo lo hacía corriendo, parecía un cervatillo que nada más nacer ha de ponerse en pié por si aparece el león y hay que salir huyendo.
El cabrero me saca todo mi parentesco, en una charla improvisada en medio del campo, aclaramos cuál fue la quinta de cada uno, y al final yo continúo disfrutando de la sinfonía avícola que inunda mis sentidos y él se coloca unos minúsculos auriculares en los oídos, tal vez más que aburrido de no oír más que los sonidos de la Naturaleza. Y sigo caminando. Mis pasos me llevan hasta la explanada en la que jugábamos al fútbol antes de que se terminara formando un equipo con campo propio, antes de que los postes con redes no fuesen más que dos peñascos y los goles sólo se cantaban en función de la altura del cancerbero. Hay margaritas y luce de verde allá por donde miro, se oye en cencerro de las ovejas y el agua por el arroyo, aunque bien es verdad que hace tanto que no llueve, que ya veremos que va a pasar con los gurumelos.  A la vuelta a casa procuro descansar, ya que en eso también se nota el cambio, si antes ignoraba el sentido de esta palabra, ahora me resulta imprescindible su comprensión. Y es que no en balde, la vida del jubilata tiene estas cosas.

jueves, 7 de febrero de 2019

Un ave con recursos




El pinzón se enfrentó a la dificultad física de horadar un fruto desconocido. No hay problema. Metió la cabeza debajo del ala y extrajo el “Manual darwiniano para el cambio de pico”.

miércoles, 30 de enero de 2019

Yuval Noah



SAPIENS

Afrontar un libro de cerca de quinientas páginas me ha costado lo suyo, pero lo he terminado disfrutando porque parece que me ha llegado en un momento justo. De animales a dioses es el subtítulo, y lo cierto es que una de las muchas reflexiones a las que lleva el libro es esa: como hemos ido evolucionando de ser meros animales, ocupados nada más que en cubrir las necesidades básicas hasta convertirnos en auténticos dioses, capaces de decidir sobre el bien el mal, la vida, la muerte y el porvenir de todo bicho viviente que pulula a nuestro alrededor. O al menos eso creemos, que somos dioses, pero ya digo el libro da para mucho. A mi me ha proporcionado una idea global de quiénes somos y de dónde venimos; el ¿a dónde vamos?, supongo que estará en el volumen 21 lecciones para el siglo XXI, del mismo autor.  Echando una ojeada a la línea temporal de la historia, que aparece en las primeras páginas, se queda uno de piedra con las cifras que ahí se barajan: 13.500 millones de años para la aparición de la materia y la energía; 4.500 para la formación del planeta Tierra; 6 millones de años para la última abuela común de humanos y chimpancés; 70.000 años para la revolución cognitiva, la aparición del lenguaje ficticio; 12.000 años para la revolución agrícola; 500 años para la revolución científica; 200 años para la revolución industrial. El presente todos lo conocemos y el futuro ¿Homo sapiens es sustituido por superhumanos? El autor da muestras de un conocimiento profundo de todos los elementos que toca, tanto a nivel histórico como científico y lo cuenta todo en un lenguaje asequible a cualquier persona medianamente formada, con clarificadores ejemplos sacados de la vida actual. Así lo mismo nos introduce en "Un día en la vida de Adán y Eva", como nos habla de "El mayor fraude de la historia", como nos introduce en "El olor del dinero" o la "Ley de la religión", "El credo capitalista", para concluir con "El final de Homo sapiens".Así que  la cifra , ya que estamos en ello, de sus más de 12.000 lectores, que dice que tiene, está justificada.

  21 LECCIONES PARA EL SIGLO XXI

Luego de leer la primera entrega de esta trilogía y saltarme la segunda, no me quedaba más remedio que afrontar esta lectura. Me ha ilusionado el contenido de estas lecciones, que el profesor Noah imparte a través de la letra impresa. Tiene una valentía tremenda, dada su edad, para meterle mano a asuntos tan actuales y presentarlos como "lecciones", ni más menos, con todo lo que eso implica. Escribe de manera muy clarividente y con una preparación impresionante, y eso se nota a la hora de que otras personas traten de entender su forma de pensar. Este libro, al igual que el anterior, lo he disfrutado y espero que me sirva de cabecera para mis posteriores aportaciones al mundo de la literatura. A pesar de los pesares, encuentro positivismo en sus reflexiones y le da mucha importancia a la meditación.
Sobre el trabajo -p.e- nos indica que "cuando te hagas mayor, puede que no tengas un empleo". Justifica y da soluciones a este problema, que no es poco. Y así va desgranando todas sus aportaciones a la libertad, igualdad, comunidad, civilización, nacionalismos, religión, inmigración, terrorismo, guerra. humildad, Dios, laicismo, ignorancia, justicia, posverdad, ciencia ficción, educación, significado y meditación. Toda una enciclopedia de la vida.

jueves, 24 de enero de 2019

Va de presentaciones



Ha comenzado el año con buenas perspectivas, de cara a la presencia en el ámbito local a la presentación de libros. Les cuento:
A poco de terminar diciembre ya habíamos tenido en Camas la presentación de Non Omnis Moriar, opera prima de Rocío Angulo Dorado, una mujer que con tan sólo 16 añitos se atreve a lanzarse al mundo de las publicaciones, con lo que eso significa y con lo complicado que resulta sacar adelante cualquier edición. En este caso lo hace bajo el auspicio de Benilede Ediciones. Desde aquí le deseo a Rocío toda la suerte que necesite para que su temprana aportación al mercado de las letras no pase desapercibido. "Esto no no es una historia en si. Es un conjunto de historias que he vivido a lo largo de mi corta vida y que, como a cualquier otro ser humano, me han hecho llorar, me han hecho reír, me han hecho soñar, pero sobretodo, me han hecho sentir."

                                             

 Calentito, calentito, de anoche mismo llega a mis manos Cien mil gotas de lluvia, libro de relatos de Lourdes Páez Morales y Tomás Sánchez Rubio, un libro de Read Book Editorial. Aún no lo he leído entero, pero por lo que escuché en su presentación promete y mucho. "Cuando leo textos de personas que conozco, cuya voz me es familiar y cuyos gestos puedo adivinar, es como si cerca de mi oído tuviera a esa persona susurrándome sus palabras", dice en la contraportada Pilar Alcalá, que fue quién hizo las presentaciones en la tarde de ayer.


Y por último, les presento a Tempo, un poemario de Isabel Rezmo, de la mano de la Editorial Nazarí, un libro que si que he leído y que desde luego no deja indiferente. Como toda poesía que se precie, a que tomarla a sorbos lentos, dejando que se instale su sabor en el paladar para una buena degustación porque "Tempo es un poemario en el que Isabel Rezmo escruta las cavernas de su espíritu. Indaga respuestas, formula cuestiones, disuelve evidencias, critica el dolor de la vida en el silencio íntimo y en el atronador mundo que nos rodea", en palabras de Antonio Portillo, poeta.
Así que aquí les dejo este trío de ases para que disfruten con su lectura.  

                                        

jueves, 17 de enero de 2019

La cuenta de Enero




Mi particular cuenta de Enero comienza con la vuelta a las tareas tertulianas y con un par de libros metidos ya entre pecho y espalda: El bello ojo de la tuerta de Aurora Delgado y La dama de la furgoneta de Alan Bennet; así que comienzo por dónde lo dejé, si es que en algún momento dejé la lectura.
Alejandro Cotta y su libro de relatos Situaciones difíciles espera tras el visillo a que se disipen las nieblas invernales para que podamos llevar a cabo la presentación que se merece. Hecho que tendrá lugar en la Casa de Las Sirenas de Sevilla. Mi amigo y compañero de letras Tomás Sánchez Rubio me avisa de la pronta presentación de su libro de relatos Cien mil gotas de lluvia; libro que comparte con Lourdes Páez Morales, el 23 de Enero en el Ateneo de Sevilla; esta vez espero estar presente, amigo. Entrados en Febrero, el día 1, aguardo a Isabel Rezmo con su Tempo; de nuevo en la Casa de las Sirenas, y a finales de Febrero será este humilde creador de historias variopintas quien viajará hasta Puebla de Montalbán para ser acogido por la escritora Almudena María Puebla y presentar por tierra toledanas Una parada obligatoria, libro de relatos. Y más adelante, ya en el mes de Marzo me espera mi adorada tierra: Paymogo; allí he de presentar Breviario para tardes de lluvia, esos micros que tantas alegrías me están dando.
Y en esta especie de vuelta al mundo "literario" en noventa días, está en el horizonte, Úbeda, con los preparativos del VI Encuentro, del que cuento las horas por lo bien que lo paso por allí con mis ilustres colegas de pluma y papel. Termino los detalles del poemario Del corazón y otros paisajes, del que pronto, muy pronto comenzaré a hablar. Y no descuido al poeta OnofreRojano, ni a mi buena amiga Nora Baez, que requieren de mi atención particularizada. Y antes de que acabe el mes... los Carnavales de Cádiz, mi gran pasión televisiva... Jesús, José, como viene la cuenta.

jueves, 10 de enero de 2019

Ruta El Hondón





RUTA EL HONDÓN
29/11/97 En memoria de Antonio Polo
Por segunda vez repito una salida con este singular grupo para llevar a cabo una aventura de barro y vallas. El grupo lo conforman 14 personas  y empleamos 4 vehículos. En la carretera de Ubrique a Benaocaz, allí donde la ruta se hace más pedregosa y sinuosa, se inicia un sendero que nos acerca en primer lugar a una gruta sin demasiada profundidad, y que no aparenta tener importancia. En medio de algunos algarrobos y mucha agua nos vamos dejando caer hasta el llamado "Río Pajaritos". Aquí comienza una pequeña odisea con alguna metedura de pata en sus cristalinas aguas, hasta que nos vamos abriendo paso para contemplar unos saltos de agua producidos por la abundancia del líquido elemento y los desniveles que aquí se producen. El lugar desprende humedad por los cuatro costados, los árboles presentan una buena manta de musgo y las setas aunque poco abundantes, también las hay. Con más o menos dificultad vamos descendiendo hasta un hermoso valle desde el que se contempla La Silla. El tal paraje parece denominarse "El Hondón", y en una mañana de sol presenta un aspecto de postal navideña. De frente tenemos el Salto del Cabrero, y más o menos a sus pies, nuestro siguiente objetivo: el nacimiento del río Tavizna.
Llega hasta sus entrañas conlleva saltar dos alambradas, por la desdichada manía de ponerle las cosas difíciles a los senderistas; una parcela sin candado haría las cosas mucho más fáciles. En este punto de produce la pérdida de dos elementos del grupo inicial, a los que volveríamos a ver al término de la jornada. El nacimiento en si es uno de esos lugares a los que hay que llegar en el momento preciso y a la hora justa, y no cabe duda de que habíamos dado con tales coincidencias. El personal se dedicó los primeros instantes a tratar de meterse casi dentro de la montaña, por allí por donde surgía el agua con toda su fuerza. Entre cabra y nutria podría denominarse a los ejemplares que deambulaban por entre las piedras. Hombres y mujeres fueron encontrando acomodo, saciando su sed, su hambre y hasta  su sueño en algunos casos. El ronroneo del agua hacía el resto, mientras se departió por un largo periodo de tiempo.
De nuevo salto de vallas ⸺en esta ocasión con bronca incluida por los lugareños⸺, para seguir pegados a la orilla del río, continuar su discurrir, cruzar por un coqueto puente romano o árabe, y ya con la humedad de la tarde pisándonos los talones, iniciar el ascenso al castillo de Aznamara. Barro, ganado ovino y una buena subida a lo que debió ser un buen punto de observación en épocas pretéritas. Puerto del Boyar, San Cristóbal, Torreón, La Silla y la aldea de Tavizna; todo a vista de pájaro, para retornar a un camino transitado y de nuevo salto de vallas. Cuando llegamos al punto final de recorrido, caen las primeras sombras de la noche.