jueves, 19 de septiembre de 2019

Doce estampas arrieras



En el verano del 2010 llevé a cabo una experiencia nueva en mi andadura senderista. Me uní a la gente del Camino de Santiago de Sevilla y pernoctamos en Fuenterroble de Salvatierra. Realizamos el camino de Santiago partiendo desde Orense. Eso si, aquello fue un camino arriero, y es el que quiero reflejar en estas doce instantáneas.


                                      Albergue de peregrinos de Fuenterroble de Salvatierra

 

                                     Puente Milennium sobre el río Miño a su paso por Orense



                                                                 Camino de Cea



                                              Monasterio de Oseira en Orense

                                 
                                        Descanso en el Pabellón Polideportivo de Lalín



                                               Recibimiento musical en Lalín


                                                          Camino de Bandeira

                                                    Ayudante y compañero de viaje


                                               Buena vid por los campos de cultivo



                                                           
                                                             Próximos al río Ulla


                                     
                                     Última etapa: con nocturnidad y sin alevosía



Plaza del Obradoiro en Santiago de Compostela

lunes, 16 de septiembre de 2019

Exceso de celo



El empleado de la tienda de disfraces luce una cicatriz en su rostro a consecuencia de la última vez que le dijo a un cliente: ¿le parece mi cara una careta?, pruebe a quitármela.

sábado, 14 de septiembre de 2019

Final de trayecto



Ese tren que pasa junto a nuestra casa, que es fiel con sus horarios, parece que nos está pidiendo que hay que cogerlo, que no está ahí porque sí. Alejandra, divorciada y con un hijo conoce a Matías que se encontraba en su misma situación comercial. Todo marcha a la mis maravillas hasta que llega el momento de poner el pie en el estribo y coger el tren. Ahí dudan; pero como la vida es así, esta situación hace que le den paso a dos inesperados personajes: Augusto y Nieves, sus hijos; y a partir de ahí comienza un nuevo viaje, un inesperado viaje cuyo final está por ver. Parece que a ellos les ha llegado el momento de la reflexión, les ha llegado la hora de hacer Una parada obligatoria.

jueves, 12 de septiembre de 2019

Poetas en Úbeda: Juan Ramón Jiménez Simón



Es maestro, pedagogo y doctor en Ciencias Sociales. Es autor de publicaciones científicas sobre educación, discapacidad, exclusión social, caos, complejidad y formación laboral. Su primera obra poética es "Las que son en tu daño" (2016), confirmando si idilio y su amor por la palabra. En 2017 publica su segundo poemario: "A medianoche, el verbo (en las alturas y en la tierra)", en la estela de las inocencias y miradas de un niño. Es miembro de la Asociación de Escritores y Artistas Españoles, de la Asociación Colegial de Escritores de España.

Agonía y soplo

Fluyendo el agua
como la mordida de un río de vidrio,
cae el soplo desgarrador
de las simetrías abandonadas,
el enarbolado furor
de las costuras en gotas,
un soplo más húmedo...

que el llanto sin nombre,
un clásico aspaviento
que se espesa
en la boca despejada,
gatas rabiosas,
cerros y medias,
en los gritos célibes
del placer cruento.

Y entonces el aire,
una ausencia con la mano,
un plegarse de espigas
y salivas dispersas
hasta amargar el sollozo
sacudido de los besos.

Sorda ambrosía,... lo escucho, y disimulo.


Sonata del vacío

Si me respiráis en dónde oigo
debo decir "Silencio".
Del aire cuya noche es pura ausencia,
que oyendo se evapora;
no sé las ondas que los ojos pierden,
la lágrima atrás seca, o mi boca balbuciendo.
¿Por qué una muerte se oye para no oír más?

De dónde soy tengo que tocar con ecos rotos,
con labios amargos,
danzas a menudo podridas
y con mi acongojada voz.

No son vientos que se pronuncian
ni la pestaña que navega en la mar,
sino gargantas solitarias,
y lo que se deshoja de las manos:
desnudo de risas y golondrinas
cuanto nos encierra sus besos.

He aquí solitario y blanco,
cuanto nos acontece en los dulces deseos del adiós
por donde se muere la espalda y el tiempo.
Pero no bailemos más allá del olvido,
si el hábito sordo de un viejo te quiero
hace onda la sed que deseo, amo.

martes, 10 de septiembre de 2019

Capítulo 24


 Informe oficial del Ministerio de Agricultura de España desde el 1 de Enero al 1 de Septiembre de    2019: 9.100 Incendios forestales con un total de 73.000 has calcinadas
                                                                 
                                                         CAPÍTULO 24 
                                        de la novela Cuando los bosques mueren.

En Macegoso la Guardia Civil sigue con las investigaciones.
—¿A usted no le parece sospechoso que este incendio, que se apagó ayer, presente hoy no uno, sino tres rebrotes?
—Tienes razón Santiago ¿tú piensas que hay una mano negra detrás de todo esto?
—Más que negra, mi brigada, al menos tiznada, tratándose de rebrotes ¡ja,ja,ja!
—No sé como te quedan ganas de guasa, Santiago, con el problema que supone enfrentarse a estas situaciones.
— ¡Qué le vamos a hacer, mi brigada!, si no fuera así ¿usted cree que le quedarían a uno ganas de seguir en esta lucha?
—Tienes razón, tú a lo tuyo y no me eches demasiada cuenta, al fin y al cabo eres el especialista.
—Además fíjese en otra cosa, mi brigada, no solamente aparecen varios rebrotes sino que  estos lo hacen en dirección contraria al viento.
- Lo cual quiere decir que no se han podido producir accidentalmente.
- O al menos es poco probable, más bien nos parece indicar que alguien se ha aprovechado de las circunstancias para hacer que se amplíe el perímetro del fuego.
- Yo tenía que haber estudiado tanto como tú Santiago antes de pedir este destino.
- No se puede estar en todo, mi brigada, pero para eso estamos los seprona.
- Tienes razón, ¡hala! Sigue con lo tuyo que te estoy entreteniendo.

lunes, 9 de septiembre de 2019

A impulsos del corazón IV




Vivimos en un mar inmenso
que rompe en grises amaneceres
y termina tornasolando el horizonte,
nuestras horas están sumidas
en cambios bruscos de marea,
por eso ayer te dije
                             que tu mente debe fijar el timón
en el arco iris,
en el viento que eleva la cometa,
en el minuto que iluminó tu cara,
mañana de nuevo amanecerá gris
y tendremos la misma ventana abierta
cuando encendamos el ordenador.
                                                   A mí
 me ayudaron las ninfas del bosque
las driades
y cada vez que el mar se encrespa
apareces tú,
oigo tu respirar, respiro tu mirada
                                                   saboreo tu voz,
envío el minuto a su rincón,
a veces me convierto
en capitán de navío pisoteando biodramina
y me dejo envolver en el roce
de tu carne contra mi carne.
No hay adoquín en el mundo
que pueda rasgar el cristal
que rodea
mi urna secreta.