domingo, 12 de abril de 2026

El aliso

 


ALISO Alnus glutinosa

El aliso es un árbol esbelto que llega a medir 25 m, de corteza gris y escamosa y que a menudo tiene la copa cónica, como las coníferas. Así nos lo recuerda el novelista ‘Clarín’ en Doña Berta: «Al extremo NO. del prado pasa un arroyo orlado de altos álamos, abedules y cónicos humeros de hoja oscura...». Las hojas son caducas, simples, alternas, redondeadas, oblongas e incluso acorazonadas, de 4-14 cm, de contorno algo irregular y sinuado, con el margen finamente serrado o dentado y generalmente con el ápice escotado y no en punta. Las flores masculinas se disponen en largos pedúnculos colgantes denominados amentos que albergan el polen. Y no queda aquí el parecido con las coníferas, pues las flores femeninas forman al madurar unas estructuras semejantes a pequeñas piñas que contienen las semillas.

Esta especie vive asociada a los cursos de agua formando bosques galería llamados alisedas y cohabita con sauces, álamos, olmos y fresnos. Soporta bien la poda, pero sufre mucho si los cauces se quedan secos, sobre todo si sus raíces quedan al aire aunque el nivel freático sea superficial.

Habita en la mayor parte de Europa, Asia y noroeste de África. En la Península Ibérica es una especie común y la encontramos más abundante al occidente. Escasea o desaparece en las regiones más secas, hacia el este y sureste, y está ausente en Baleares.

La madera recién cortada es amarillenta, pero se torna rojiza al cabo del tiempo. No se considera de buena calidad, pero como es fácil de tornear con ella se elaboran pequeñas piezas como cubiertos, mangos, lápices, cuencos, zuecos, cajas, juguetes, patas de muebles, etc.

Este árbol tiene también un gran interés como planta ornamental, recuperadora de taludes y cauces, que además mejora el suelo por la fijación del nitrógeno que hacen sus raíces.

Por su interés, reproduzco a continuación la descripción que hace el escritor y periodista Víctor de la Serna sobre los alisos cántabros de la Liébana, en Nuevo viaje de España. La ruta de los foramontanos: «El rey de estos paisajes es el aliso, ese elegante árbol de las riberas, que al crecer en las orillas de los ríos profundos de Liébana busca sol y se alza hasta portes inverosímiles. El aliso tiene una madera blanca y dócil, continua, como un trozo de marfil blanco. Se endurece con el tiempo y es incorruptible con el agua. Tiene unas hojas oscuras brillantísimas, como barnizadas. La baya que desprende, al caer al río, sirve de alimento a los salmones en su época de crecimiento, hasta que ya, de “pintos”, marchan al mar a recorrer la ignota aventura de su desarrollo. (Nadie ha pescado un salmón en el mar…). El aliso, cuando se le hiere, sangra como una criatura. Con su corteza, por dentro de un rojo parduzco, los aldeanos tiñen sus abarcas y sus bastones, donde han tallado misteriosos dibujos que reproducen, de modo inquietante, motivos prehistóricos».

El aliso en la provincia de Málaga se localiza en el entorno de las Sierras del Aljibe y valle del Río Genal, donde se dan las condiciones ambientales óptimas y necesarias para su supervivencia, tal como una alta humedad ambiental y climática junto a sustratos preferentemente ácidos derivados de areniscas/esquistos y con saturación hídrica permanente. 

 

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