Quiso ser como la voz
del arriero
que anima sin pausa a
su dócil mula,
pero se tornó bronco y
pendenciero
y en Vuelta Falsa se
alejó de bula.
En la orilla hermana
hubo un talle fiero
que encandiló su mente
y especula.
Mina Fronteriza ofreció
el vaciero.
Corrió la sangre por
toda la dula.
Ni celtas, ni romanos,
ni Santa Ana
pudieron con la fuerza
de un amor
que en la coraza que lo
protegía
desestimó, considerando
vana,
la preclara ayuda que
sin pudor
el humilde Andévalo le
ofrecía.
Grande, amigo.
ResponderEliminarEl Andévalo siempre da buena gente. Bien lo sé.
Abrazo!!!
Gracias, Vero. Un abrazo
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