jueves, 3 de marzo de 2016

De dos en dos


Participan de nuestra tertulia literaria Casa de las Sirenas personas como el consagrado poeta Onofre Rojano, del que me permito trasmitirles este poema de su libro  Las heridas del agua publicado por Edílica en 2013.



Creer, llegar a pensar erróneamente
que vivir era tan solo, acumular instantes,
jubilosos cohetes y relámpagos
por los rincones de la sangre ardida con pasión,
 o acunar el miedo como un toro indefenso.

Vivir es el continuo desasosiego propio
de no poder volver atrás la vida,
regresar al útero materno o al origen,
de no saber a dónde ir, dónde tirar la náusea
que le sobra a la lengua
o hacia dónde acudir con tus interrogantes.

Pero tal vez sea peor el silencio latente,
la soledad del tiempo sobre nuestras
cabezas taladradas de alados alfileres.

Mas el dolor penetra en nuestros abismos
como el rocío virgen que supura la noche.
Y vivir no importe tanto como tender canciones
sobre las cicatrices.

Pronto hemos perdido la tersura en los hombros,
la piel ardiente, el brillo en la retina,
los cabellos y los dientes que contenían fulgores
de acueducto,
y han surgido arrugas como zanjas oscuras,
donde antes se alzaban las albercas.

Sin embargo la juventud perdura,
cantan las aves en las enramadas fértiles,
y la belleza existe,
se pasea en los escaparates andantes
de hombres y muchachas que se cruzan conmigo.

Y yo, hacia donde camino, continuo...
hacia que lugar regreso cada tarde con las
alas desiertas,
la tristeza entre la savia como un buey
de prestada limosna.
Hacia dónde yo, la vida que aletea por vías
que se esconden en mis huecos perdidos,
ignorado del mundo.

Reflexiono nos obstante con el sol apagado
en la nuca:
pero cuánto he vivido sin apenar notarlo.

Al escritor Alejandro Cotta, le gusta más la narrativa. Valga como ejemplo de su manera de hacer, este relato del libro en fase de publicación Situaciones difíciles.

CITA CON INMA.

Son las seis de la tarde, Mauricio sale del trabajo pensando obsesivamente en su encuentro con Inma dentro de poco. Han quedado en el Mesón del Marinero, junto a la casa de ella, a las ocho. Tiene el tiempo suficiente, vive cerca.
Llega a su casa y se ducha –tiene que ser una ducha rápida, se advierte para si- , luego se cambia de ropa y sale. Ha cogido un poco más de dinero por si surge algún imprevisto, quién sabe, algún capricho.
Está exultante y la tarde le resulta más luminosa, como si el sol se estuviera demorando para señalarle el camino a casa de ella.
Ha llegado al Mesón, son las ocho menos diez y ella no está, pero es temprano. En la barra pide una tónica. A estas horas no sabe nunca qué tomar.
La mirada de Inma se había cruzado de pronto con la suya y ella la mantuvo. Conocía a Inma  hacía tres años, desde que fue contratada en la empresa, pero nunca había pensado en ella más que como compañera de trabajo. Estaba más allá de lo posible, sobre todo de lo previsible. Sin embargo han quedado hoy a las ocho.
 Saborea la bebida deleitándose. Toma pequeños sorbos para dilatar el tiempo.  Pero al final son las ocho. En el fondo del vaso quedan la rodaja de limón y un cubito redondeado de hielo. Una nueva oportunidad, apura el  líquido que todavía queda en el vaso, con toda la parsimonia de que es capaz. Las ocho y diez. Pero aún hay algo de hielo. Más tarde, ya sin hielo, sin paliativos, asume que no ha venido. Pero continúa en el bar. Siente un pellizco en el estómago. No es  posible.
 –¿Habíamos quedado a las ocho o las ocho y media? –Se dice casi con un susurro.

Y eso es todo amigos. Que les aproveche.

6 comentarios:

  1. Muy completa y entretenida tu entrada, amigo J.R. Me ha encantado este de dos en dos.

    Un beso.

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    1. Grcias, amiga Maria. En este caso me valgo de los amigos para transmitir sentimientos.- Besos

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  2. Muy buena la poesía de Onofre Rojano, del cual no tenía conocimiento. La narrativa de Alejandro Cotta me ha dejado sumida en la duda y en un mar de querer saber a que hora quedaron en realidad Mauricio e Inma.

    Un abrazo J. R.

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    1. Hola Conchi, me alegra verte por aquí. El poema enamora, claro que si y en cuanto al relato, mi sensación es que le pueden más al protagonista las ganas de ver a la amada que la noción del tiempo.- Un abrazo

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  3. Un gusto leer a Onofre :)
    La tercera estrofa me ha gustado especialmente.
    Y buen relato el de Alejandro.

    Abrazo grande!!!

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    1. Gracias, Vero, por tu visita. Me alegra que te haya gustado.- Besos

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