martes, 31 de marzo de 2009

Con otro color (y 3)


43 Con especial dedicación a Aires de crisol - sin que el jefe se entere-, sale a luz...











Con otro color (y 3)
.../...Viene de "Con otro color (2)"

Fiel a su semáforo no lo abandonaba nunca en circunstancias normales, parecía como si le hubiesen atado a aquellas columna de por vida, pero dejándose llevar por su generosidad, accedió a cambiar de lugar por hacerle un favor a un compañero. Y en ese nuevo emplazamiento, en una de las pasadas de los deportivos conducidos por sus hermanos, clavó sus ojos en una de las elegantes señoritas que solían acompañarlos y se quedó clavado en el asfalto. El vehículo se detiene un poco más adelante y aquella señorita vuelve la cara y mira por un instante a Michel. El vehículo arranca y Michel abre su robusta boca para lanzar un alarido que se confunde con el infernal ruido de la calle. Comienza a correr tirando por los aires el montoncito de soplanapias que con tanto esmero llevaba en la palma de la mano; vuela su gorra en la carrera, sortea unos cuantos coches y gana la acera sin perder de vista aquel deportivo que se alejaba cada vez más y más. Es un milagro que no tumbe a nadie en sus zancadas, pero su objetivo termina por difuminarse entre la maraña urbana y Michel acaba arrodillado en el suelo jadeando sin consuelo.
A sus amigos les cuenta lo sucedido, pero ninguno se atreve a hablar. Saben las condiciones en la que están, los favores que deben y la inseguridad de sus movimientos, así que será él solo quien tenga que sacar conclusiones. Ya no hay nadie al otro lado del hilo telefónico, nadie responde a sus llamadas al continente africano.
No le interesa el semáforo donde le dijeron que tenía que trabajar, ni tampoco ningún otro; se vuelve indisciplinado, nadie cree lo que cuenta de la chica del deportivo. No recauda dinero, no tiene con qué pagar el alquiler, la comida o los chicles con sabor a fresa que de vez en cuando se compraba en el kiosco de la esquina. Vaga todo el día, a veces no regresa de noche a su casa, se habitúa a sumarse a la cola del comedor gratuito y se hace amigo de un banco de la Avenida, al que raras veces abandona y donde le van pasando los días sin que acierte a saber qué hace allí. Su cabeza rapada es ahora una maraña de tirabuzones negros que empiezan a confundirse con la barba como esas hiedras que están a su lado y que se atreven a lanzar sus pequeñas raíces en los raídos pantalones de Michel. Cada vez son más las horas que pasa pegado al banco, tendido de costado, con las rodillas flexionadas sobre su pecho, en plena calle, a la luz de miles de ciudadanos que pasan junto a él. Comienza a confundirse con el color del banco, recubierto todo el conjunto con una capa gris que levanta el incesante tráfico y junto a él, siempre presente, un tetrabrik de vino de mesa con el cartel sobreimpresionado de “oferta del día”.

lunes, 30 de marzo de 2009

La lírica nos invade

42 ¿Qué ha pasado con tus versos heptasílabos, Gon?, pues que ya me he aclarado que por ahí debe ir la línea creativa, creo que es el verso que más me convence, y yo que pensaba que en el verso libre no se tenía en cuenta la métrica, eso pensaba yo también y de hecho si te paras a contar, pocos son lo que lo hacen, pero me han convencido y espero que después del trabajo que me está costando aclararme con este asunto, los resultados sean favorables, de todas maneras, Gon, la poesía ha ido siempre un poco por libre, es como más liberal en sus formas, si, pero lo malo es llegar al lector, para uno mismo puede quedar muy bien, pero como no midas y tengas en cuenta el ritmo y la musicalidad, veo difícil que llegues a ningún sitio, te creo, porque lo dices tú Gon, pero me cuesta asimilar, pues cuando quieras cambiamos los trabajos, ya verás como me entenderás mejor, ¡No,.no!, vamos a dejarlo como está que yo estoy bien como estoy, por cierto Alba ¿aún sigo viendo una foto de más en el pasillo?, y lo que te queda, yo no sé como la han puesto el personal de mantenimiento, pero me da la impresión de que debe ser con un superglue de alta numeración porque no hay manera, y mira que lo he intentado, pues nada o la dejamos o tengo que coger un martillo y un cincel y dejar un hueco en la pared, ¡No!, es lo mismo Alba, mejor es no cambiar nada, que siempre pasará más desapercibido que un desconchón nada más entrar en la casa. Así, son las cosas, Gon, así con las cosas.

viernes, 27 de marzo de 2009

Aumenta el album fotográfico

41Dime Alba, ¿qué ha ocurrido con los seguidores?, ¡No me hables que estoy cabreadísimo! ¿por qué pondrán tan difíciles las cosas?, a lo mejor es que somos muy torpes, Alba, ¡déjate de guasa que no se me ha pasado el sofoco!, pero lo cierto es que tenemos una nueva foto en el pasillo de la casa, y eso es muy importante para nuestros intereses, ¿nuestros intereses?, si, para nuestros intereses literarios, que son los que al fin y a la postre nos importan, porque este nuevo amigo llegado de la Argentina tiene una excelente carta de presentación, ¿y cómo dices que se llama?, aún no lo he dicho Alba, ¡perdona,perdona! Es que estoy todavía metido en los entresijos del escritorio tratando de averiguar como se ha podido colar nuestra foto institucional y lo que es peor, que no hay manera de quitarla, está bien Alba, a lo que iba, este nuevo amigo se llama Pablo Giordano y ya le iremos conociendo poco a poco, además Aires de crisol – que lindo nombre- está esperando que le termines de contar qué le pasará a Michel al que has dejado trabajando en el semáforo, lo sé, lo sé Gon, pero es que llevo unos días algo ajetreados y no paro de un sitio a otro, que si cursillos de formación, que si ensayos en no sé que situaciones, que si el jefe quiere ver resultados, pues si yo te contara mis peleas con los versos heptasílabos, ¡no!, no me lo cuentes Gon, déjame respirar que al fin y al cabo hoy es…¡viernes Alba!, hoy es viernes.

miércoles, 25 de marzo de 2009

Con otro color (2)



40 Menudo lío se ha formado con las reformas de la calle Megustaescribir, allí no hay quien se aclare, así que vamos a centrarnos en la tarea, y hoy nos corresponde colgar la segunda parte de…


Con otro color (2)

Viene de "Con otro color" (1)

Michel se tragaba la teoría cada noche antes de cenar, como si se tratase de un rezo budista imprescindible para poder ingerir los alimentos. Miraba a su amigo con ojos de lechuza y engullía las viandas del plato sin hacer asco ni a lo uno ni a lo otro; entre lo que encontraban de oferta y lo que les regalaban, apañaban unas comidas medio decentes, porque los céntimos había que mirarlos con lupa; no podía faltar el envío semanal, luego había que acudir al locutorio al menos cada diez días para saber si el dinero estaba llegando, si todo seguía igual allá por su país, si había algún problema de salud en su extensa familia, y si podía ahorrar algo para poder hacerles una visita, si es que llegaba ese momento.
El quería haber terminado sus estudios de medicina, y tener un profesión con la que poder labrarse un buen futuro en su querida tierra, pero las guerras próximas, los cambios políticos y el olvido del mundo exterior, hicieron que se quedara sin beca, sin trabajo y sin posibilidad de graduarse, con lo cual entraba en el continente blanco con los bolsillos vacíos y un dominio del inglés que de poco le estaba sirviendo en la rotonda que le había caído en suerte. Eso si, en el fondo ha tenido suerte, de entrar en un momento en el cual todo está perfectamente organizado: horario de trabajo, descanso semanal, vacaciones de verano y no ingerencias competitivas por parte de wistoneros o gitanos de cubito y esponja, desaparecidos todos de la ciudad, como si se los hubiese tragado la tierra.
A Michel no le explicaron demasiadas cosas, y él tenía mucha hambre como para entrar en detalles, por eso apenas se fija en sus hermanos de piel, que de vez en cuando pasan por el semáforo a lomos de lujosos deportivos, ensortijados, con chupas de cuero y elegantes señoritas en el asiento del copiloto; además el cielo de Sevilla tiene un azul tan intenso, que es difícil imaginarse esta ciudad en otro lugar del mundo.
Pasaron otros diez meses y otros y otros y Michel seguía en el semáforo mostrando su perfecta dentadura a todo el que quisiera pararse con él un instante, pero sus ojos ya no eran los mismos; en ellos se adivinaba que algo no marchaba bien en el interior de aquel cuerpo bonachón, que se había granjeado la amistad de tantos y tantos automovilistas. Michel ya no estaba seguro de donde estaba mandando su dinero, tampoco llegaba el momento de volver a ver a su familia, casi no sabía nada de sus hijos y empezaba a notar que sus amigos le ocultaban algo, era como si quisieran hacerle algún planteamiento importante, pero nadie se atrevía a dar el paso, nadie le hablaba claro: ni en su idioma natal, ni en inglés, ni en el idioma español, que cada vez entendía mejor.
Hasta que un día…
.../...continúa en "Con otro color (y3)"

martes, 24 de marzo de 2009

La calle Megustaescribir

39El amigo Delfos nos hizo una visita ayer y nos contaba su sorpresa por el cambio que ha experimentado el inmueble de la calle Megustaescribir, supongo, Gon que tu incursión en el grupo de poetas habrá tenido algo que ver en eso ¿no?, tampoco es para exponerlo así, Alba, con nosotros están teniendo un trato especial por nuestras aportaciones en la etapa anterior y además nos piden ayuda para que el nuevo proyecto tome forma de una vez y la gente participe más y esas cosas, pero nada más, ¿nada más?, pues si, nada más porque yo me quiero centrar en hacer del grupo de poesía un lugar donde nos trasmitamos lo que llevamos dentro a través de los versos que vayamos leyendo, y que la gente hable y se comunique ¿no es cierto?, claro Alba, para eso se abren esos foros, además espero ver tu aportación, tranquilo Gon, tranquilo que ya me vale con atender las exigencias del jefe, que sin ir más lejos ayer me hizo trabajar en un nuevo envío –en esta ocasión a Letralia-, ¿y eso que es?, pues una página de allén de los mares donde se puede participar y tú ya sabes que donde se pueda entrar, allá está D. José poniendo una plica, pues nada Alba ya veremos si no terminamos cruzando el océano y todo, no lo creo Gon, hoy en día esas cosas ya no son necesarias, lo sé, Alba, lo decía por hacer una gracia, que nunca está de más, Gon, nunca está de más.

lunes, 23 de marzo de 2009

Tenemos nueva fachada

38 Querida Aires, nuestro jefe es severo, que aunque rima con negrero, no es lo mismo ¿verdad Gon?, tienes razón Alba, la rima es perfecta, ¡Gon!, me refiero al fondo, no a la forma, ¡Ah, el fondo!, si, en el fondo es buena gente, lo que pasa es que va mucho a lo suyo, ¡Está bien, Gon! Mejor será que lo dejemos, que alegría da recibir noticias de nuestra amigo Lilia, siempre tan gentil en sus comentarios, aunque nos gustaría que se prodigase más con sus escritos porque es un placer leerla, ¿verdad Gon?, tienes razón Alba, aún recuerdo aquel quijote que se nos perdió en el otro inmueble y que tan bien encaminado iba, es cierto, tenía su punto de gracia y además nos introducía muy bien en el mundo de la poesía, pero las mudanzas es lo que tienen, que se pierden muchos personajes por el camino, puestos en ese plan ¿cuántos habremos perdido nosotros en lo últimos meses?, ni se sabe, Gon, ni se sabe, pero ¡que le vamos a hacer! Sería su destino, de nada nos vale lamentarnos, por cierto, me he dado cuenta que en Megustaescribir se ha formado un grupo para tratar del mundo de la poesía ¿te has apuntado ya Gon?, me han apuntado Alba, que no es lo mismo, pero a ti te gusta ese mundo ¿no?, si claro que me gusta, pero un poquito más relajado, eso de andar de casa en casa ya no me gusta tanto, pero aquello va a ser el no va más, ¡qué cambios!, fachada nueva, ventanitas de colores, gente asomada y promesas, muchas promesas, y mucho trabajo, Alba, mucho trabajo. ¡Calla, calla, que llega el jefe!, pues hala, al teclado, ahí estamos Gon, ahí estamos.

jueves, 19 de marzo de 2009

Con otro color (1)


37 El jefe se ha puesto de mal humor porque dice que charlamos demasiado, pero D. José ¿habrá que atender a las visitas, no?, ¡Alba, lo primero es lo primero!, está bien como usted diga D. José.
Así que ahí va…

Con otro color(1)

Tiene unos labios que destacan sobremanera dentro de su cara de niño. Pero Michel mide uno ochenta y es padre de dos criaturas, que no ve desde hace diez meses. En lo alto de la bicicleta parece el pato Donald africano, con esas dos enormes bolsas del cortinglés, que le hacen tambalear el manillar y de las que sobresale los montoncitos de papel soplanapias que ha encontrado de oferta en la tienda de todo a sesenta céntimos. Se pasa el día pegado al semáforo de la rotonda, esperando que paren los coches para pedir a los automovilistas que le compren su oferta; las tres palabras que le enseñaron a decir en español, son las imprescindibles para que la mayoría de la gente le diga que no, pero él insiste y pone cara de alegría y no cesa de chapurrear buena suerte, como punto final a cada una de sus plegarias, lo mismo le da que le miren con cara de asco, con desprecio, con sonrisas, o que no lo miren. Es hermoso desear buena suerte a todo el mundo, esté o no colaborando a ganarse ese sustento, que cada semana ha de enviar puntualmente a su familia, para que puedan sobrevivir, allá en ese punto del mapa ligeramente escorado hacia el Sur, una vez salvado el cabo Trafalgar. Se pasa tanto tiempo pegado al semáforo, que está deseando llegar al piso, que comparte con otros colegas venidos antes que él, para echarse a dormir como un lirón, cosa que le entusiasma. Uno de ellos es su amigo que le trajo a España, le animó a dar el gran salto y le instruye sobre todo lo que debe hacer o decir en esta tierra, en la que espera poder sacar lo suficiente para paliar la pobreza de su familia, por eso Michel no se mueve de su puesto junto a la rotonda, y apenas conoce otro camino que el que le conduce al piso donde habita y a la zona comercial donde encuentra la oferta del día.
A veces son periódicos, otras abanicos, lo que a él le dan para que lo ofrezca en su puesto de trabajo, él lo muestra, a excepción de los soplanapias que a esos les tiene cogido el punto.
Llegó a España con tanta precariedad de papeles, que no se atreve a hacer otra cosa que no esté previamente calculada. Sabe que fracasar es dejar a su familia sin la posibilidad de salir de su país, para incorporarse a este otro continente donde todo parece tan distinto.
Michel viste bien, no va desaliñado y usa zapatos cómodos, no es que esté de compras por las tiendas de moda, lo que tiene son donativos de oenegés que él sabe rentabilizar y cuidar. La imagen es importante a la hora de conseguir el euro de los automovilistas – eso también se lo ha dicho su amigo –, y los buenos modos todavía es más importante aún. Da igual que éste no quiera colaborar, detrás hay otro y otro y otro más, un semáforo es una fuente continua de automóviles, furgonetas, camiones y no se cuantos vehículos más, potencialmente disponibles, y un mal gesto, una mala cara o un improperio, aunque sea en su lengua vernácula, puede dar lugar a que ten de lado, te pases toda la mañana pasmado de frío, y no saques ni para pagar los pañuelos, por muy de ofertas que estén.
“El cliente es muy exigente y en estas condiciones más; ten en cuenta que ellos no vienen a ti, eres tú quien se acerca a ellos”.