miércoles, 28 de agosto de 2013

Del relato al micro


356 Bueno, Gon, se acabó lo que se daba ¿dispuesto a trabajar?, yo siempre estoy dispuesto, Alba, ¿qué te parece el giro que le ha dado el jefe a los relatos?, supongo que te referirá a la incursión de los micros, así es, de momento me parece bien, ya me contarás tú que también vas a colaborar, de hecho ya colgué lo del móvil, y por cierto parece que le ha gustado mucho a Araminta, según me dijo, ella es que es así de efusiva, ¡ya!, a M. José Collado y Jôao también les ha gustado, eso parece, Gon, así que con todo esto te he decir que lo has hecho muy bien, Alba, para no ser tu campo, te has portado muy bien, te noto algo pelotilla, ¡que no, leche, que es verdad!, no te sulfures, vamos a lo serio: ¿qué te pareció Alexis Zorba de Kazantzakiz?, una lectura más que recomendada, y tú terminaste con Marsé, ¿Caligrafía de los sueños?, si, claro, Alba ¿a qué me voy a referir si no?, me ha parecido una obra muy en la línea del autor, con su Barcelona de su alma, pero… ¡ah! ¿pero tiene  peros?... ¡déjame terminar, impaciente!, ¡vale, vale!, lo que te quería decir es que tiene un giro final sorprendente, ¡ah!, te tengo que felicitar también por tu último éxito en PsP, ya ves, Gon, donde menos se espera salta la liebre, ¿no tenías confianza en tu poema?, no es eso, Gon, es que en esto de la poesía nunca se acierta, pero ya ves, al final son los lectores quienes ponen las cosas en su sitio, ¿subidón para D. José?, ¡uf!, ahora está que sale, entre eso y la nieta, mira por allí veo a María con una sonrisa de oreja a oreja, seguro que es por tu micro, Alba, ya la veo ¿quién es el que está a su lado?, J. Valle, ¡ah, leñe es que espaldas no lo conocía!, bueno, Gon, vámonos que viene el jefe, aunque trae una cara como de grandes noticias…ya veremos.

martes, 20 de agosto de 2013

Hombre pegado a movil

355 ¡Hombre, Gon! ¿Tú por aquí?, creíamos que te habías perdido, déjate de cachondeo, Alba, que esto es muy serio, ya veo que no estás para mucho, así es, dime las novedades, pues que ya somos dos más: se nos ha unido: Jôao Costa y María José Collado, que más, pues que José Valle y María se solidarizan con nuestro calor, ¡qué bien!, y que al jefe le se ha ocurrido la genial idea de introducir los micros, ¿y cuál es el primero?, uno mío, ¡menos mal!, se llama:

HOMBRE PEGADO A MOVIL
Se levantó por la mañana y notó algo extraño en la oreja; como aún no estaba bien despierto, no tuvo fuerzas para mirarse al espejo, así que encaminó sus pasos a la cocina, preparó la cafetera y mientras templaba la leche en el microondas, se acordó que tenía que llamarla. Puso la cafetera y preparó la tostadora, descolgó el teléfono pero no se acordaba del número: necesitaba el móvil para mirar en la agenda; el microondas emitió un pitido, volvió a darle, colocó la rebanada de pan, se fue al salón a buscar el móvil, olía a café recién hervido; no aparecía el móvil, se fue a la salita y desfondó el sofá; la tostadora lanzó las rebanadas de pan en la encimera, en la cocina olía a café requemado, volvió al dormitorio y buscó entre las sábanas y el edredón; se le estaba pasando el hambre. Se fue a la ducha y escuchó un fuerte chasquido como de explosión, abrió el grifo pero reaccionó rápido y corrió a la cocina: cortó directamente el térmico del cuadro eléctrico, cerró el grifo de la ducha y volvió a meterse en la cama tapándose la cabeza con un cojín; en ese momento sonó el móvil, se activó el reconocimiento de voz y allí estaba ella. Por fin sus músculos encontraron laxitud. 
 

martes, 13 de agosto de 2013

Mes de Agosto


355 El mes de Agosto en esta Sevilla de mis amores es lo más parecido que hay al Sahara, ¡qué calor, dios, qué calor!, y mientras tanto Gon sigue sin aparecer, cuando se pierde es que se pierde de verdad, ¿dónde se habrá metido que no coge ni el teléfono? En fin, a lo que vamos, la ventaja que tiene el enclaustramiento involuntario es que se lee más y por tanto da tiempo para ponerse al día en algunas lecturas, pongo por caso: “La batalla en el desierto” de José Emilio Pacheco, lectura recomendada de todas todas, encantador libro que se lee de una pasada y “La manzana en la oscuridad” de Clarice Lispector, ¡qué decir!, una maravilla de lectura, he de reconocer que en esta ocasión D. José ha acertado con la tarea encomendada; éste último se lo tengo que recomendar a Gon, si es que vuelve por aquí, porque para sus aventuras narrativas le puede venir de lujo, aunque todo sea dicho, en lo alto de la mesa le espera: “Vida y hechos de Alexis Zorba” de Kazantzaki y “Caligrafía de los sueños” de Marsé, así que no se yo si le dará tiempo a tanta lectura. Mientras tanto, la Escribana sigue despendolada y Araminta disfruta con las evoluciones de mis aportaciones poéticas, cosa que en el terreno personal me es satisfactorio; hay que hacer referencia también a la aparición por esta casa de Fernando di Filippo, un autor argentino que pasó, dejó su huella pero no pude charlar con él, le tendré que preguntar al jefe a ver qué me cuenta. En PsP no hay grandes novedades, como la mitad de la cuadrilla está de vacaciones, el listado de aportaciones literarias avanza lentamente, pero bueno parece que no está demasiado mal la cosa, digamos que nos mantenemos; de la otras casas, mejor ni hablamos. ¡Ah!, casi se me olvidaba, si no vieron “Hannah Arendt”, no se la pierdan, aunque tengan que conseguirla a través de interné u otro medio similares. Lo dicho, ¡ojú, que calor!

sábado, 27 de julio de 2013

Doscientas cuartillas



353 Tanto pensar en los Pirineos y ya se acabaron; por aquí me he encontrado notas de Araminta, María, Trini y José Valle, a los que abrazo, y por supuesto infinidad de notitas de Gon, que ya iré descifrando. Les dejo con este poema:









DOSCIENTAS CUARTILLAS
Doscientas cuartillas emborronadas
soportan el paso del tiempo
y nadie pregunta por ellas.
La barba lánguida se entrecruza
con brillantes jornadas de éxito.
Abajo quedaron todos aturdidos, inconexos,
estirándoseles los brazos hasta tapar las rodillas.
En el cerebro se ilumina una luciérnaga
y Peter Pam me raptó valeroso para mostrarme
las nubes.
Las serpientes encadenadas que corroían mis huesos
fueron trasplantadas al álbum o conservadas en
alcohol rebajado con agua.
No escuchaba.
De tanto recoger basura, se me taponaron
los oídos y la música de Beethoven no llegaba
a mis entrañas. Tuve miedo.
Como si hubiese ingerido vino mohoso, de
viñedo maloliente, la tráquea fue asaltada
por magma recién forjado.
Surgió el anacoreta y la tinta formó el río.
Ellos siguen esperando entusiasmados
pero la estrechez de la alcoba y el reloj de
agujas torcidas han ganado la posición y
el gigante negro de pies enormes rueda por el
suelo.
Doscientas cuartillas más se añaden
entusiastas
como si fuese la primera vez,
como si el camino andado,
no significase nada.
No significase nada,
NADA.

martes, 16 de julio de 2013

Verano del 13

352 Aquí me han dejado con todo el trabajo del mundo encima de la mesa y la verdad es que no sé a qué atender primero; veamos: Alba se va para los Pirineos, D. José descansa entretenido con su nieta y se acumulan los correos que no puedo atender, así que veremos como salen estos días.
Stella, no puede verte porque me pillaste en otra sección, pero me alegra mucho saber que andas por aquí y en cuanto a José Romano y José Valle, desde su lejana Argentina y Cuba, se ve que no pierden puntada; gracias en lo que me toca por la lectura de "La monja" y les prometo a los dos que en cuanto me haga un hueco, entraré en sus blogs y nos pondremos al día, ¡por estas!
¡Ah!, casi me olvido: ya vi la foto que dejaron Edwin y Evelyn, ambos procedente de PsP, esa gran casa que tantas satisfacciones no está dando. Y hablaremos más despacio.
Y para tí, un abrazo, Trini, ya te veré.
Por hoy es todo, otro día será más.

martes, 9 de julio de 2013

La monja (y 3)


351 Se nota que estamos en época vacacional, ¿por qué lo dices Alba?, percibo cierta apatía, eso es que tú estas con los cables cruzados, ¡a lo que vamos!, ¿tienes ya el desenlace de la monja?, lo tengo, pues cuélgalo ¿a qué esperas?, ¡ya voy, ya voy!, con la prisas… ¿hablaste con Trini?, si, ya le dije que los pirulitos y México, que yo sepa no guardan relación, pero… ¿quién sabe?, ¡ah bueno!..


LA MONJA (Y 3)
.../...Viene de La monja (2)
Ya sabía que pista seguir…y la siguió. Y le llevó a darse cuenta que aquella religiosa formaba parte del personal de servicio, por su forma de desenvolverse, por los sitios donde entraba y salía y porque sólo se la veía durante determinadas horas. Ni quería preguntar más por ella para no levantar sospechas; a partir de ese momento todo estaba en sus manos, dependía de él mismo, tenía que pasar tan desapercibido que nadie podía sospechar la verdadera intención de su presencia en el hospital. Siguió  tras la toga de la monja esperando que ésta le diese la siguiente pista, hasta que terminó por dársela casi en sus  propias narices: en la habitación que le había correspondido ejercer de familiar de préstamo estaba solo, salió a la terraza a fumar y de pronto observó que alguien entraba en la habitación cerrando la puerta. Se agachó, miró por una pequeña fisura de la persiana y…allí estaba. Era ella, la monja.
La religiosa se acercó al enfermo para comprobar que dormía y a continuación se encaramó en una silla para manipular el aparato de televisión que había en la sala, desconectar un cable que le unía al depósito de las monedas que hacían posible su funcionamiento y, para asombro del policía, llevarse casi toda la recaudación manipulando hábilmente el receptáculo de las monedas. Volvió a ponerlo todo como estaba y en pocos minutos se hallaba de nuevo en el pasillo como si de un fantasma se tratase. El hombretón la siguió y al comprobar que se introducía  en el control de las enfermeras, decidió detener sus impulsos y esperar otro momento más adecuado para poner fin a aquella pesadilla. Y no tardó en llegarle la ansiada oportunidad puesto que a la noche siguiente, la monja volvió a las andadas, sólo que en esta ocasión y sin que ella
se diese cuenta era seguida hábilmente por el policía que ya sabía cuales eran todas sus artimañas: esperó que saliera del control de enfermería, se colase en una habitación, cerrase la puerta y le dio tiempo para que preparase sus herramientas de trabajo; se acercó con sigilo a la puerta de la habitación, pegó la oreja y con el más exquisito de los sigilos fue abriendo la hoja hasta distinguir a la religiosa enfrascada en sus quehaceres nocturnos.
Cuando ya lo tenía todo claro, no lo dudó: abrió con energía la puerta y al grito de “¡Alto policía!” dejó a la monja pegada al receptáculo de las monedas. No dejó ni que volviese la cara, se puso a su espalda, le sujetó las manos y en un minuto la tenía reducida, arrodillada en el suelo y con las manos esposadas por las muñecas en su propia espalda. Le pidió que se incorporase para darle la vuelta y poder ver su cara, pero no le dio tiempo de asombrarse ante el rostro masculino de la supuesta monja, porque en ese mismo momento, en la puerta de entrada a la habitación se oyó otra voz, que le resultaba de sobra conocida al policía de amplios pectorales.
—¡Está bien Gutierrez!¡Déjenos a nosotros!
Se trataba del inspector, de su jefe, que ante la cara de susto del hombretón, tuvo que realizar un esfuerzo y esbozar una sonrisa para evitar que el subordinado pudiese saltarse alguna que otra norma y despertar a medio hospital como mínimo. A la mañana siguiente, a las diez en punto, en el despacho del inspector-jefe en la Comisaría de Policía se dieron las explicaciones pertinentes:
“La supuesta monja no era tal, sino un enfermero que disfrazado de esa guisa y aprovechando la broma del resto de sus compañeros, se dedicaba desde hacía tiempo a aligerar de peso la caja de monedas de las televisiones de las salas, hasta que un día, en una de las visitas que el preso fugado realizaba al hospital, lo sorprendió en su celestial dedicación y para evitar males mayores, no le quedó otro remedio que llegar a un acuerdo con él y facilitarle su intento de fuga. El inspector, ante las denuncias de la firma explotadora del negocio de la televisión por pago, se puso a trabajar. Tenía sospechas, pero no había podido probar nada, le faltaba...le faltaba esa persona adecuada, con la motivación suficiente para coger con las manos en la caja al desdichado, que por unos pocos euros se estaba jugando su puesto de trabajo. Conocía a Gutierrez y sabía que no se iba a conformar con el cierre del caso de la fuga del preso, por eso permitió que se le sancionara, para herirle más su orgullo y sobre todo para vigilar al vigilante desde el mismo momento en que se le comunicara la decisión tomada por la Jefatura. Alguien como el hombretón infiltrado y herido por entre las paredes de ese hospital era justo lo que necesitaba para descubrir qué había de cierto en esa monja de la que hablaba el preso y de paso dejar a cada cual en el lugar que le correspondía.”

martes, 2 de julio de 2013

Pirulitos

350 ¿Qué te pareció “La cámara oscura”, Gon?, una magnífica película como las que hacía tiempo que no veía, lástima que se acabó el curso, ya llegará el otoño, Alba, ¡uy, que no te oiga D. José!, ¿por qué?, ya sabes, será su momento, ¡ah, bien!, cuéntame qué es eso de los pirulitos, Alba, una fiesta de orígenes ancestrales a la he tenido la oportunidad de asistir recientemente, ¿y en qué consiste?, pues en bailar, cantar, comer y… ¡Alba, dime algo distinto!, ¡ah, bueno!, lo distinto es la existencia de esa especia de totem que se suele colocar en las calle y en torno al cual se baila… ¡ya, ya!, tendré que verlo el año que viene, pues eso, ¿y qué me dices de las “Memorias de un homicida”?, te digo, Gon, que está muy relacionado con el asunto de los pirulitos, ¡no me digas! ¿y eso por qué?, porque Vaz de Soto es de la tierra de las fiestas en cuestión, ¡acabáramos!, pero dejemos el asunto, Gon, llegaste a ver a Sandra, ¿y esa quién es?, yo que sé, ¿entonces de qué estamos hablando, Alba?, hablamos de la gente que viene, coloca su foto en el pasillo y no da ni los buenos días, no sabrá el idioma, le dará vergüenza hablar o lo habrá dejado para otro día ¡yo que sé, colega!, en fin, Gon, esto es un desastre, me da una rabia, no te enfades, Alba, sin embargo ahí tenemos a J. Valle, J. Romano y Trini, que son como un clavo, ¿qué dices hombre?, me refiero a la puntualidad, no te asustes: Valle y Romano siguen las aventuras de la monja como si les fuera la vida en ello, ¿y Trini?, ¡ah, Trini!, no sólo lo vive sino que además se permite hasta ponerle mote, ¿cómo la llama?, “sor hospital”, ¡ja, ja, ja!, menuda ocurrencia, ¿ya quedará poco, no?, creo que si… en la próxima entrega, ¡ah, bueno!